Macuto

Escrito por Félix Roque Rivero

Allí, al pie de la Cordillera de la Costa, en ese piedemonte salitroso está ese oasis, cesto de flechas puntiagudas. Es que Macuto, palabra indígena traduce amor, canto, poesía y bravura indígena de la más potente. En esa comarca acostumbraban reunirse para planificar sus acciones contra los españoles invasores, Guaicamacuto, Guaicaipuro, Catia, Paramaconi, Naiguata. Eran ellos los líderes en esa comarca bañada por las aguas azules del mar de los Caribes. Macuto es una palabra de origen africano. Ma-cu tu en el Congo y en Angola es el nombre del «escroto» , esa bolsa de piel que cubre los testículos. Para tomar Macuto, es menester tener muchos macutu.

Macuto fue fundada el 24 de agosto de de 1740, pero ya existía desde mucho antes. Allí vivió Don Mateo Gual, padre del prócer y mártir de la independencia Manuel Gual. El 28 de agosto del año 1595, seis naos al mando del corsario Amyas Preston, fondearon sus barcos y tomaron las playas de Macuto. Como lo refiere Don Oviedo y Baños, los corsarios, unos 300 hombres armados, marcharon por la Pica el Pavero, una trocha muy angosta y peligrosa y por allí subieron, ascendieron a la cordillera y luego bajaron y cayeron al valle de San Francisco, conocido luego como Santiago de León de Caracas, donde cometieron todo tipo de desmanes, atropellos y crímenes.

Macuto fue rebelde desde siempre. Allí se refugió el canario Juan Francisco de León, alzado contra el monopolio ejercido por la Compañía Guipuzcoana. La Declaración de Independencia tuvo su impacto en Macuto y José María España vocifero alguna de sus arengas revolucionarias en esa tierra bendita. El Varón Humboldt la llamo en el año 1799 «El punto de aldea de Macuto».

En Macuto nació la luminosidad fragmentaria del color en la mirada profunda del pintor nacional Armando Reverón. El pintor de la luz llegó a Macuto en 1921 y allí, en una parcela de 700 metros, juntando una piedra con otra, amarrando una palmera de coco con una vara de bambú, Reverón edifico con sus manos pintadas de sangre El Castillete que fue su casa y la de su mujer y modelo Juanita y sus muñecas.

Ahora, de nuevo Macuto sufre una incursión ensangrentada. Fasinerosos cuál filibusteros de nuevo cuño, intentaron horadar su playa, cometer desmanes, invadir y romper el sello de la Patria. Pescadores portadores de sus botutos, formaron una red informativa y los corsarios títeres, quedaron allí, probando lo salado del agua marina. Querían hacer algo parecido a lo que en los 1500 habían hecho aquellos bandidos y subir a Caracas a cometer un magnicidio y entregar la patria a sus amos.

Seguramente nadie los vio, pero el espíritu de Guaicamacuto y sus amigos, alumbraron los caminos en la oscura noche, e insuflaron valor a los soldados patriotas y los invasores no pudieron. Macuto fue otra vez inexpugnable.

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