No hay atajo sin trabajo

Los caminos en el monte  incluyen muchos atajos por donde se llega más rápido o se esquiva un escollo. Las llamadas vías de penetración o caminos reales se interrumpen o bloquean a cada rato por muchas razones, las cuales obligan a la apertura de nuevas sendas que permitan el acceso a un fundo lejano o, encontrándose cerca, sin embargo no hay como llegar a él o se logra con dificultades.

La caída de un puente, un árbol atravesado en la vía, la crecida de un caño, un barrial que se forma o un charco permanente, son entre otros, obstáculos frecuentes que dificultan un paso.

Camino al Yagual, un viejo algarrobo se desprendió sobre la «trilla» obstaculizando el paso. Mi padre, hacha en manos despejaba el palotal para abrir un nuevo curso y mientras pujaba decía: «No hay atajo sin trabajo».

Tenía razón. Los caminos se establecen en la dirección correcta, buscando la vía más corta y rápida  sin obstáculos y duraderos por mucho tiempo. Abrir uno nuevo responde a enfrentar una circunstancia sobrevenida con prontitud y esfuerzo debidos, es decir, sin perder tiempo y «a punta de hacha y machete».

A las contingencias naturales que obligan a la construcción de un atajo, se agregan las acciones humanas que estorban o impiden el derecho de paso. La colocación de obstáculos, el establecimiento arbitrario de un portón y otras manifestaciones hostiles contra quienes transitan libremente por un camino, obligan a éstos a construir atajos, si no hay poder que haga desistir o someta a un «guarimbero» rural.

Impedir que las delegaciones diplomáticas de países soberanos y miembros de la ONU tengan acceso   a este organismo y sus comisiones, reservándose un derecho de admisión que nadie le otorgó para decidir quien habla o participa y quien no puede hacerlo, constituye un acto hostil, intolerable y provocador, que obliga a las naciones  no sujetas a la política exterior de los Estados Unidos a construir un atajo que conduzca a un escenario libre e independiente donde éstas puedan expresarse, de conformidad con los reglamentos, resoluciones y la propia Carta de las Naciones Unidas.

Las opciones van desde cambiar la sede de la ONU al rediseño total de una organización  mundial que corresponda a un mundo multipolar y no exclusivo. Costará trabajo construir una nueva vía sin arriesgar aún más la delicada paz mundial amenazada por el imperialismo norteamericano, pero cuando se obstruye un camino hay que hacerlo, pronto y con el esfuerzo que sea.

¡ORGULLOSAMENTE MONTUNO!

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