Paja seca / ¡Llegó la ley!

Paja seca

Cuando el pasto adquiere un color beige amarillento y abunda así por todos lados, es porque nos encontramos en la época de sequía. El verano nuestro «se ha metido», siendo muy escasa la lluvia.

La «paja seca» es casi improductiva al haber perdido la casi totalidad de los minerales, carbohidratos y proteínas que abundantemente tuvo cuando se conservaba verde. El ganado la distinguía a lo lejos, buscándola como sustento principal de su nutrición.

Basta mirar a ambos lados de la carretera o del camino para percatarse de cómo la «paja seca» domina el paisaje en los ambientes desforestados y convertidos en potreros. En Perijá, Baralt, Sucre y todo Sur del Lago domina la «paja guinea», en la Machiques-Colón las «braquiarias», por los alrededores de Maracaibo prevalece el «cadillo bobo» y el pasto «bermuda». Todo es «paja seca» cuando deja de llover. Será su muerte, nunca reverdecerá.

La semilla esparcida semanas atrás, traerá de nuevo el pasto verde pero el que se seca no volverá a ser, le espera la candela, la «rastra» del tractor o su caída natural. Lo que antes fue un «pajal» verde habrá cumplido su ciclo de vida.

Los defensores del Capitalismo Imperialista se han convertido en «paja seca». Los «tanques pensantes» que lo defendían se han vuelto inservibles y se dedican hoy a dar consejos de guerra y a justificar la agresión. Se han vuelto improductivos, poniéndose al descubierto ante los ojos del mundo. Defienden el viejo supremacismo y la hegemonía imperial, para ello, confían en los valores que han inculcado en todos los países, confían que un idiota como Donald Trump les haga renacer.

Caerán arrasados por el viento de la paz, serán arrastrados por la acción de los pueblos libres o arderán en su propia candela. Les pasará lo que a la «paja seca», porque nunca retoñarán.

¡Honor a Qassem Soleimani!

 


¡Llegó la ley!

Donde imperaba el desorden, abuso y anarquía; cuando todo el mundo hacía lo que le daba la gana; si casi todos desacataban las normas; y mientras se hacía incierto el destino de cualquier predio agrícola, comercio, residencia o lugar público, los transgresores temblaban, corrían o se ponían «derechitos» al escuchar este grito.

La llegada de la ley era la presencia repentina de la autoridad, investida de poder para poner las cosas en su lugar y corregir una situación que ya desbordaba el curso normal. Las riñas de un botiquín, los escándalos en la calle, el abandono de la faena y hasta el desorden dentro de una casa, comenzaban a mitigarse cuando «llegaba la Ley». Tanto en la tradición rural como urbana se conserva aún el respeto y deber de acatamiento al poder disuasivo y directriz de la autoridad, a pesar de la disminución observada en el tiempo de la capacidad que han tenido las autoridades para «poner el orden».

Ni los abusos a los derechos humanos, la extralimitación de funciones o la represión sufrida por nuestro pueblo en las épocas de «redadas», «desaparecidos», «peinillazos» e imputaciones generalizadas, lograron eliminar la carga esperanzadora y confortante del anuncio de: ¡Llegó la Ley!. El deseo de superar el caos ha sido mayor que el temor a la presencia de quien tiene la responsabilidad de gobernar.

A la Curva de Molina «llegó la Ley». El «estrepitambre» de ranchos y tarantines derribados se escuchaba de lejos. La basura y el desorden urbano parecen disiparse hoy. Paracos, rateros, carteristas y bachaqueros se desplazaron por los callejones adyacentes con su «estrebejero» de maldad, con pocas esperanzas de volver. El viejo Molina parece regresar con su generosidad de hace 60 años.

A las Pulgas «llegó la Ley» hace poco, sin embargo va y viene. Retadores extranjeros y nativos siguen desafiando la autoridad, aumentando precios descaradamente, adulterando productos e imponiendo monedas extranjeras y preparan el retorno del «suciero» y la indiferencia de quienes»vigilan».

A la Asamblea Nacional «llegó la Ley». Estuvo ausente 5 años dedicándose a lo que no debía. Quienes la dirigieron dan vergüenza por desacato a las normas y por vender la Patria.

Espero que «llegue la Ley» a las estaciones de gasolina, a las oficinas de ministerios, gobernaciones y alcaldías, a las líneas de buses y carritos, bancos, supermercados, panaderías, verdureras y abastos, a los juzgados, cuarteles y puntos de control, a las calles, escuelas, liceos y universidades. Que llegue este anuncio esperanzador, eso sí, para quedarse definitivamente.

 

¡ORGULLOSAMENTE MONTUNO!

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