Crímenes contra la soberanía popular

Nuestro conflicto histórico con el capitalismo se desencadena cuando Bolívar asigna la propiedad de los recursos naturales bajo el subsuelo a la República y convierte al pueblo en dueño de ellos, de la renta e ingresos provenientes de su comercialización; donde los privados sólo son agenciadores no propietarios.

Por ello, los delitos de corrupción y contra la Patria no son contra el Estado sino contra el Pueblo constituido en Estado Social: no son sólo de lesa humanidad, previstos en la justicia transnacional y tipificados por la Corte Penal Internacional y no por nuestro ordenamiento jurídico interno, sino que atentan contra la voluntad popular.

Si existen crímenes de lesa Majestad, de lesa patria, también deberían tipificarse los crímenes de lesa soberanía popular o contra el Pueblo Soberano, el que Zamora reivindicó. El Árbol de las Tres Raíces orienta nuestra lucha: de Bolívar su geopolítica de equilibrio y su doctrina de propiedad sobre los recursos naturales, de Simón Rodríguez el rol del pueblo en armas y la Unión Cívico militar y de Zamora el nuevo sujeto político. El pueblo que defiende y ama a su patria es el único soberano.

Aquellos incursos en «crímenes de lesa soberanía popular» deben ser castigados con penas de cárcel ejemplarizantes. Necesario es recordar el Decreto de Guerra a Muerte promulgado por El Libertador, cuando asevera que la justicia exige la conducta, y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infectan y han cubierto de sangre; que su escarmiento sea igual a la enormidad de su perfidia, para lavar de este modo la mancha de nuestra ignominia y mostrar a las naciones del universo que no se ofende impunemente a los hijos de América.

El núcleo fundamental de la Revolución Bolivariana es el sujeto político que se materializó e hizo poder constitucional: La Soberanía Popular… El pueblo y el empoderamiento de su potencia como único soberano que decide. Nuestra propuesta de “crímenes de lesa soberanía popular” recupera lo político real.

¡Leales siempre… Traidores nunca!

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