"...quizás el grito de un ciudadano puede advertir la presencia de un peligro encubierto o desconocido".

Simón Bolívar, Discurso de Angostura

Encuarentenaos

Ser moderno es lo que vale, lo contrario es sinónimo de atraso. Te dicen, qué ciudad tan bella, tan moderna. Me dicen que el término fue acuñado por Baudelaire, en 1848, por tanto algo de magia tiene la palabra. Pero todo eso que llaman la modernidad empezó a quebrarse.

Los tres grandes valores de la modernidad -trabajo, razón, futuro- están cada vez más venidos a menos. Son conceptos que ya no se explican por si solos, ni muestran un horizonte atractivo.

El capitalismo globalizado avanza, con su crisis, y se deja ver. Hay un retroceso en los derechos. De la jornada de ocho horas o menos, ahora se elimina ese límite y se trabaja hasta que el cuerpo aguante, recogiendo limones o en el teletrabajo. Crecen la desigualdad, la pobreza, el desempleo y la exclusión social. El cambio climático es cada vez más una amenaza.

Todo esto se hace más evidente, en tiempos de pospandemia. De un día para otro estábamos en otro mundo, confinados o “encuarentenaos”, con buena parte de la actividad económica parada, con la consiguiente quiebra de aquellas empresas no vinculadas a la venta de alimentos y la salud. La COVID-19 trajo la más grande recesión económica desde 1929.

¿Qué hacemos? Lo que sabemos hacer. Apoyarnos en esa historia de cada uno de nosotros, que nos permite saber de dónde venimos. Esa historia que somos y que nos acompaña desde el barrio, la universidad, el grupo comunitario o político; los amigos con los que nos juntamos.

Con esa base firme, con “ese techo de libros y besos”, seguimos aferrados al amor, la esperanza, a la alternativa del cambio.

En estas horas, las palabras mágicas circulan de casa en casa en Maracaibo: La vacuna sois vos. Depende de nuestra capacidad de transformar la rebeldía en fuerza y espíritu para la vida.

Albert Camus, en La Peste, nos dejó este mensaje: “Los habitantes, finalmente liberados, nunca olvidarán el periodo difícil que los hizo enfrentar lo absurdo de su existencia y la precariedad de su condición humana… Lo que es verdad de todos los males del mundo es también verdad de la peste. Ayuda a los hombres (y mujeres) a elevarse sobre si mismos”.

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