Foto del 2018 y Venezuela 2019

En 2018, la especie de la pérdida de convicción se alborotó con aquello de “ahora, sí se jodieron”.

Los mantuanos ganancieros presagiaron una “inflexión derechista de larga duración e irreversible”, y se comieron su cuento.

Los de la izquierda del desolvido se vacilaron y aún se le vacilan con el ritornelo de “todo no se explica por las acciones del imperio y de la derecha” (borrando de la pizarra “todas las opciones en la mesa”).

Los intelectuales tarifados diseminaron la ficción de un pueblo sin temple histórico, y el fake news “siempre triunfa el capitalismo, lo demás es pura paja”.

Y toda la especie remarcó que el pueblo venezolano había olvidado las heridas y miserias, causadas por AD y Copei, y ahora abandona al chavismo.

“El derrocamiento de Maduro” sería la prueba rigurosa de que no estaban “pelaos”, y que “la economía estúpido nunca se equívoca”.

El veranillo de la foto derivó en un Trump embaucado, la CIA emboscada por los servicios de inteligencia que hasta el 30 de abril desestima y desprecia, y una oposición descalabrada que se jugó en un lance golpista las cartas prometidas que no existían.

La eficacia de la fuerza de las cosas hizo su trabajo, la Venezuela del 2019 remontó y remonta la cuesta, mientras el asedio imperialista más hace sufrir la economía, un pueblo es suficientemente arrecho y chavista. Y, después de todo, las líneas rojas son:

Legítimo reconocimiento, y de ningún modo “algún tipo de reconocimiento”, del gobierno de Nicolás Maduro”.

Constitucionalidad del periodo de gobierno, hasta el 2025.

La idea de nación definida en la Constitución de 1999.

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