Monos con hojillas

De conformidad con el refranero popular, no existe nada más peligroso que un mono con una hojilla. La capacidad trepadora que poseen los monos, su movilidad y astucia para escapar,  jugar y buscar alimentos, ha dado lugar a este muy citado refrán, cuyo origen es impreciso.

La hiperactividad de los monos  en las selvas tropicales nos lleva a pensar que, una hojilla o cualquier objeto cortante entre sus dedos o en su cola prensil, podría causar estragos considerables a otros animales o al hombre mismo si se le acercan. Se trata de una presunción que pudiera admitir prueba en contrario puesto que nadie los ha visto con una navaja en mano ni ha sido víctima de ello.

Todo hace suponer sin embargo, la aparente validez del refrán. A pesar de tener el cerebro muy desarrollado, los primates, especialmente los monos, han sido protagonistas de desórdenes ocasionados cuando en procura de alimentarse acaban con un guineal, se comen un bachaquero completo, la huevada entera de un nido de aves o cualquier reptil que se les atraviese. Todo ello en un visiblemente y descoordinado movimiento de ir y volver, brincar y sentarse, y andar de rama en rama.

Al imaginarnos una manada de monos capuchinos en los árboles que rodean el Río Santa Ana o en los valles selváticos del Alto Guasare, cada uno de ellos con hojillas o restos aún cortantes de filosos machetes, pensamos en la fuerza destructora que tendrían. Es inoficioso pensarlo, pero hasta ahora, los animales han demostrado que hace un uso más racional, ponderado y proporcional de la fuerza, que seres “humanos” fanáticos del uso extraordinario de la violencia para alcanzar lo que se proponen ambiciosamente.

El arsenal de armas atómicas que tienen los guerreristas norteamericanos los convierten en seres más peligrosos que monos con hojillas en sus manos. Lo demostraron en Hiroshima y Nagasaki, donde no les importó la muerte de más de 300.000 personas cuando quisieron enviar una señal al mundo de su inmenso poderío destructor y esto era lo que importaba, lo demuestran cada vez que quieren poner a prueba sus “hojillas”.

Han sido capaces de crear sistemas ofensivos de gran poder nuclear, suficientes para destruir la humanidad entera. No son presunciones ni conjeturas. Un imperio en ascenso como en 1945 ó en caída libre como en el momento actual, son las circunstancias que los degradan muy por debajo de los juguetones, nerviosos, inofensivos e inocentes monos. Más aún si aquellos están poseídos por la locura.

 

¡ORGULLOSAMENTE MONTUNO!

 

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