Quisiera decirte mi cómplice, pero suena a insulto.
Tú no eres culpable de nada, mi compañero, camarada, noble amigo.
Un día pensaste regresar a tu hogar y apurruñar el tembloroso cuerpo de tu amada y el calor infantil de los hijos.
Tu vida era limpiar el aire de soledades y hacerle compañía a los tuyos, seguir a la naturaleza, andarle adelante al viento con el optimismo de que todo es bueno.
Tu mujer, tus hijos y los militantes de la liga aún te lloran; creyendo después de 44 años en los milagros y todavía nos cuesta creer lo absurdo de admitir, que los sicarios te cerraran la ventana a los 34 años de edad.
Nuestros militantes, ligosos fueron y ligosos serán; y es que todas las familias felices se parecen aquí.
Añoramos el amor y los cariños que cultivamos, sin temores, en la Liga socialista.
Y entonces, ahí estás tú, te encontramos siempre en este largo combate contra el imperio
Militamos con nuestro orgullo ligoso en el PSUV.
Hoy atravesamos etapas difíciles, complejas, a la política no le alcanza la explicación de nuestra situación y no tenemos referencias palpables para comparar.
Varios de nuestros principales cuadros son víctimas del COVID-19.
Estamos frente a gente que no valora la respiración; compartimos fronteras con gobiernos irresponsables; y no nos queda más que vivir en ese extenso límite, no nos podemos mudar.
Estamos dando la batalla al coronavirus con una responsabilidad magistral; empeñados en el respeto a los derechos humanos y dando la bienvenida a nuestros connacionales, que han sido víctimas del mal llamado “sueño capitalista” y hoy regresan derrotados y enfermos.
La protección social del gobierno revolucionario, hasta más no poder.
Si algo nos enseñaste para siempre es ser consecuentes en la acción y hacernos un hombre nuevo.
Tú eres el ejemplo que nos legó el Che Guevara.
Nunca nos hablaste de un socialismo utópico.
Hoy día debemos seguir discutiendo, hasta encontrarnos con el verdadero socialismo, que es el marxista.
El socialismo por el cual luchamos necesita de hombres libres y nuevos como tú.
Hoy contamos con una población joven maravillosa y formada: esperamos que ellas y ellos sean los pioneros de la solidaridad como algo natural.
Los viejitos ligosos, aún tenemos el coraje de luchar por nuestra utopía; tenemos que seguir viviendo con valentía. Sabemos que las ideas del che Guevara y del pensamiento de Jorge son nuestro norte, quiero decir, nuestro sur.
A muchos de tus camaradas les está tocando el tiempo; vamos perdiendo la edad, pero nos sentimos más jóvenes y el entusiasmo a millón para continuar aferrados al compromiso revolucionario que compartimos y que tú nos enseñaste a defender.
Comprendemos que luchar por el socialismo no es sólo guerrear, también es la contienda que practica Nicolás, el vivo ejemplo.
Adiós por la vez última mi camarada, ciertamente el socialismo se conquista peleando.
Aquí no arruga nadie.