"...quizás el grito de un ciudadano puede advertir la presencia de un peligro encubierto o desconocido".

Simón Bolívar, Discurso de Angostura

¿En qué Creía Simón Bolívar?

“Bolívar era sobrio, dormía poco… era, para muchos testigos, hombre sencillo, cordial y sobre todo muy humano, en fin, no fue un hijo de Dios como Jesucristo sino más bien un hombre bien terrenal”
Dr. Franklin Ramón González
(in memoriam)

EL NACIMIENTO, SU NIÑEZ, LA REBELDÍA INFANTIL.

Mucho se ha escrito sobre las distintas facetas en que deslumbró el Libertador Simón Bolívar. Su condición de soldado y conductor de tropas; su visión de estadista; jefe de gobierno; redactor de constituciones; fundador de repúblicas; el hombre; el guerrero; el patriota; el político; el poeta; el amante. Se ha especulado mucho en torno a su figura. Algunos lo han endiosado e idealizado, casi olvidan su condición de ser humano, con sus virtudes y defectos. Otros lo han injuriado al punto de pretender desconocer y destruir su magna obra. Lo cierto es que, ante este grande hombre, no se puede ser indiferente. Bolívar parece no admitir colores grises. Se le admira, ama y respeta o se le odia o condena. Su vida fue un volcán en perenne erupción. Desde niño, el futuro Libertador iba a dar de qué hablar. Escribe Don Rufino Blanco Fombona que, al venir al mundo, una soleada tarde del mes de julio de 1783, numeroso “concurso” (público) se hizo presente en la casa de Don Juan Vicente de Bolívar y Ponte y de Doña Concepción Palacios y Blanco, su esposa que se mostraba jadeante pero hermosa. En la cuna, entre espumas y encajes dormía el infante. El presbítero Don José Félix de Jérez y Aristeguieta se aproxima y le pregunta al padre: ¿qué nombre le ponemos, Juan Vicente? El padre responde con el pecho henchido de emoción: “Simón”, a lo que el cura responde: “Muy bien, vamos a ver si de este chico sale un Simón Macabeo”. Todos aplauden ante la ocurrencia del sacerdote. El niño Simón tiene dos madres en aquel momento: su madre biológica y una bella y joven dama española nacida en Cuba llamada Doña Luisa Mancebo de Miyares, esposa del coronel español Don Fernando de Miyares, Gobernador de Maracaibo. Es esta mujer la que presta sus pechos para amamantar al niño, mientras se esperaba que la negra Hipólita dé a luz para que viniera desde las haciendas de San Mateo, a darle el pecho definitivamente al muchachito. Simón y sus otros tres hermanos daban mucha guerra a la madre, sobre todo Simoncito, a quien se consideraba el más díscolo. El capuchino Andújar, su profesor de religión, moral e historia sagrada, no logra sacar partido de la criatura. La rebeldía de Simón era su fe. El 30 de julio de 1783, a los seis días de nacido fue bautizado en la Catedral de Caracas el niño Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. Las aguas bautismales las recibió de manos del padre y pariente Félix Jerez Aristeguieta Bolívar. El padrino fue su abuelo materno, Feliciano Palacios y Blanco. Sin saberlo, apenas abriendo los ojos al mundo, posiblemente fue esta la primera aproximación del futuro Libertador a una religión específica, la católica. El bautismo era expresión de las creencias religiosas de la familia en la época colonial. La familia Bolívar, mantuanos, mantenían un lugar “con manto” en el banco asignado en la Catedral para sus rezos, por lo cual cancelaban una contribución a la iglesia, lo que se consideraba un privilegio. No era consciente aquel niño de aquella imposición de la fuerza de la costumbre. Inconcebible pensar que, a esa edad, apenas seis días de nacido, el niño tuviera alguna inclinación religiosa. La conquista por parte de las fuerzas imperiales españolas contó con el financiamiento de los reyes católicos y con la bendición del Papa, a cambio, el adoctrinamiento religioso católico era una obligación, llegándose a imponer castigos severos a quienes se opusieran a ello. Conocido es que el linaje de Los Bolívar proviene de España, más concretamente de Vizcaya, en el del país vasco. Allí existe aún una iglesia llamada “Santo Tomás de Bolívar”. Los antepasados de El Libertador son del pueblo de San Andrés de Bolívar, en Alava. En la iglesia de Sodupe puede admirarse, en alto relieve, un Bolívar repujado en cobre, “el magnífico Don Pedro de Bolívar”. Sus orígenes españoles son innegables, la religiosidad, lo místico, lo divino, lo ligado a la naturaleza y al universo van a acompañar a Simón Bolívar a lo largo de su corta existencia física.

LA FORMACIÓN INICIAL DE SIMÓN.

Conocidos son los esfuerzos de los familiares del futuro Libertador por educarlo según las circunstancias y recursos existentes en aquella Caracas colonial de finales del siglo XVIII. Le son contratados maestros particulares y hasta le montan una “academia de matemáticas” para él solo. El padre Andújar, Andrés Bello y fundamentalmente Simón Rodríguez, entre otros, serán sus instructores y maestros iniciales. El mismo Bolívar, en carta que dirige a Francisco de Paula Santander el 20 de mayo de 1825, respondiéndole a Mr. De Mollien, quien lo acusó de ser un ignorante, informa sobre su educación. Así, lo cuenta el Libertador: “No es cierto que mi educación fue muy descuidada, puesto que mi madre y mis tutores hicieron cuanto era posible para que yo aprendiese: me buscaron maestros de primer orden en mi país: Robinson (Simón Rodríguez), que Ud., conoce, fue mi maestro de primeras letras y gramática; de bellas letras y geografía nuestro famoso Bello; se puso una academia de matemáticas solo para mí por el padre Andújar, que estimó mucho el barón de Humboldt. Después me mandaron a Europa a continuar mis matemáticas en la Academia de San Fernando; aprendí los idiomas extranjeros con maestros selectos de Madrid, todo bajo la dirección del sabio marqués de Ustáriz, en cuya casa vivía. Todavía muy niño, quizá sin poder aprender, se me dieron lecciones de esgrima, de baile y de equitación. Ciertamente que no aprendí ni la filosofía de Aristóteles, ni los códigos del crimen (Derecho Penal) y del error, pero puede ser que Mr. Mollien no haya estudiado tanto como yo a Locke, Candillac, Buffon, Dalanbert, Helvetius, Montesquieu, Mably, Fkilangieri, Lalande, Rousseau, Voltaire, Rollin, Berthot y todos los clásicos de la antigüedad, así filosófos, historiadores, oradores y poetas, y todos los clásicos modernos de España, Francia, Italia y gran parte de los ingleses…”. No era ningún “cogido a lazo” Bolívar. Tenía una muy buena educación, un elevado nivel de lecturas de las obras de la más granada intelectualidad de su tiempo, en un nuevo mundo en donde por orden del rey Carlos IV “no conviene que se haga general la ilustración en América” y peor con Fernando VII, heredero de Carlos IV, quien prohibió “la funesta manía de pensar”. No llegó a tener un título académico, (se afirma que fue doctorado en Derecho por la Universidad de San Marcos, en Lima, Perú), posiblemente su educación careció de un método científico. Pero, es absurdo negar el caudal de conocimientos en un hombre que llegó a libertar un continente. Que frecuentó salones, teatros y tertulias en París, que trabó amistad con el Barón de Humboldt y amado Bonpland, que asistió a conferencias y cursos libres en la capital de Francia. No estudió filosofía a fondo, lo reconoce él mismo. Pero fueron vastísimas las lecturas y las reflexiones que sobre ella debió hacer, él, que se llamó asimismo “como el hombre de las dificultades”. De que se preocupó por formarse, quien lo puede dudar. Su genialidad, jefatura y liderazgo estuvieron ligados a su talento y a su preparación en las artes de la guerra, de la política y de los asuntos del Estado. No dudamos en afirmar que una de las pasiones de Bolívar era la lectura. En sus campañas militares, nunca faltaron las mulas cargando los baúles que contenían sus libros. Manuela Sáenz terminó siendo la cuidadora celosa de los mismos. En Paita murió custodiándolos.

EL JURAMENTO EN EL MONTE SACRO

El 15 de agosto de 1805, desde la cima de una de las colinas que dominan Roma, el Monte Sacro, el caraqueño Simón, un joven viudo de apenas 22 años cumplidos, jura en presencia de su maestro Simón Rodríguez y de su primo Fernando Toro, consagrar su vida a la causa de la independencia de Hispanoamérica. Al jurar dice “Juro delante de Ud., (su maestro), juro por el Dios de mis padres, juro por ellos; juro por mi honor y juro por mi Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que no haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”. Bolívar jura “por el Dios de sus padres” y también por su honor. No se atribute para sí mismo alguna creencia religiosa. En el texto dictado por Simón Rodríguez en 1850 a Manuel Uribe, quien lo publicó en el libro “Homenaje de Colombia al Libertador” en 1884, Bolívar dice que Roma ha dado para todo, “…pero para la emancipación del espíritu, para la extirpación de las preocupaciones, para el enaltecimiento del hombre y para la perfectibilidad definitiva de su razón, bien poco, por no decir nada, resolver el gran problema del hombre en libertad, parece que el asunto ha sido desconocido y que el despejo de esa misteriosa incógnita (ecuación), no ha de verificarse sino en el Nuevo Mundo”. Sabido es que en la masonería se suelen emplear términos matemáticos, de hecho utilizan símbolos como la regla y el compás. Para la época en que Bolívar realiza su Juramento, ya su formación masónica había comenzado en París. No es de extrañan, pues, esa referencia a la “incógnita por resolver” esté relacionada con la masonería.En este Juramento, Bolívar da pistas muy concretas de sus creencias y convicciones políticas, sociológicas, filosóficas, religiosas. En Roma, afirma, todas las grandezas han tenido su tipo y todas las miserias su cuna. El imperio romano desarrolló todas sus ambiciones para convertir a todos los estados de la tierra en arrabales tributarios. Sin embargo, para el enaltecimiento del hombre y para la perfectibilidad de su razón

, bien poco o nada se ha hecho. En esas frases, aquel joven de apenas 22 años de edad demuestra que conocía las ideas de Voltaire, Rousseau, Candillac, Buffon, Dalanbert, Helvetius, Montesquieu, Mably, Fkilangieri, Lalande, Rollin, Berthot, por mencionar algunos de los intelectuales, cuyas obras habían llegado a sus manos y a su portentoso y audaz cerebro. Hablar de la espiritualidad, del hombre, de la razón, es demostración que en aquel muchacho lo grande ya había empezado a germinar. Su pensamiento había tomado camino con las ideas de la ilustración. No respondían a postulados abstractos, sabía Bolívar que las respuestas a las incógnitas, a los problemas concretos de su patria estaban en pensar por sí mismo. Allí radica lo original de su visión teórica que luego van a tomar rumbo definido y definitivo en La Carta de Jamaica, el Manifiesto de Cartagena, El Manifiesto de Carúpano y, sobre todo, en su Discurso de Angostura.

BOLÍVAR MASON

El 2 de junio de 1810, Simón Bolívar y Luis López Méndez, en su condición de comisionados de la Junta de Caracas en Londres, reciben instrucciones precisas de evitar todo contacto con Francisco de Miranda, a quien la Junta consideraba “un traidor a los designios de Fernando VII”. Ellos y también Andrés Bello que fungía de Secretario de la Misión, desobedecieron aquellas órdenes y no solo se encontraron con quien llegaría a ser el Generalísimo, uno de los principales protagonistas de los acontecimientos del 5 de julio de 1811 que concluyeron con la firma del Acta de la Independencia de Venezuela, sino que se alojaron en su casa en la Capital de Inglaterra. Bolívar, que lideraba aquella misión, sostuvo muchos encuentros con Miranda, un polímata de pensamiento universal que había participado en la Revolución Francesa, en las guerras napoleónicas, en la Revolución de los EEUU y que era una referencia política y militar muy estimado y respetado. En esas tertulias, seguramente se habló de la masonería. Bolívar se había iniciado como masón en París a principios del siglo XIX y en 1806 llegó al segundo grado de la masonería en la logia “San Alejandro de Escocia” en Paris, además de tener vínculos con la logia Lautaro, fundada por Miranda, en Cádiz. Conocido es que en esas logias se hablaba de los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que tanto habían influido en la Revolución Francesa, donde intervino Miranda. Se afirma que el futuro Generalísimo inicio su formación masónica en Filadelfia en 1783 (año en que nace Bolívar) y luego extendió su influencia en Europa y América mediante la Logia Lautaro. Miranda fue el organizador y creador de La Gran Reunión Americana, organización de carácter secreta para el estudio y elaboración de planes independentistas en la América Meridional. A diferencia de Bolívar que está bien documentada su vinculación con la masonería, algunos sostienen que Miranda no era masón. Sin embargo, con los años, la postura de Bolívar va a cambiar, al punto que el 8 de noviembre de 1828 emite un Decreto mediante el cual “prohibió todas las sociedades secretas y logias masónicas en la Gran Colombia” al considerarlas focos de conspiración política que amenazaban la estabilidad del Estado Colombiano.

Los masones no poseen un dogma religioso y tampoco una doctrina única; de allí que la masonería no se considera una religión; es más bien una escuela filosófica y de amplio contenido filantrópico. Se rigen por principios filosóficos, éticos, morales, altruistas de carácter universal. Creen en la existencia de un Gran Ser Supremo Creador del Universo. Sostienen la llamada triada universal: Libertad. Igualdad y Fraternidad. Los masones creen que el ser humano está en constante evolución; creen en la inmortalidad del alma. En sus reuniones internas no debaten sobre política partidista ni religión. Para ellos cualquier fuerza creadora importa. En el Discurso de Angostura, tal vez el documento más cuidadosamente elaborado y profundo de Bolívar, muchas claves masónicas son empleadas por aquel tribuno genial. En él es posible apreciar una fuerte carga simbólica y metafórica, propia de la terminología masónica, proveniente de su formación en la logia de París. La referencia a “la moral y las luces”, para los masones tiene que ver con la búsqueda de la verdad y el enfrentamiento a la ignorancia. El Poder Moral que propone tiene que ver con la necesidad de enaltecer la educación y las costumbres ciudadanas, donde imperen las virtudes y se acorralen los vicios, la pereza, el deshonor. Se trata de darle y sacarle brillo a la “piedra bruta”. En ese discurso el Libertador propone un tipo de gobierno “eminentemente justo, eminentemente moral, que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad”. Todas estas claves son empleadas por la masonería. Se trata del desarrollo de una “geometría política”, acometer la incógnita de los grandes problemas que aquejaban a Hispanoamérica y que él había jurado resolver cuando pronunció su juramento en el Monte Sacro.

BOLÍVAR, ¿SPINOZIANO?.

Rafael Clemente Arráiz Luca, sostiene que Bolívar “…era un católico más por la costumbre de su gente que por efluvios de su propia fe y, según O´Leary, escéptico y spinoziano. Muy lejos del rousseaunismo que se le atribuye”. Según Arráiz Lucca, la estadía de casi cuatro años en Europa y los EEUU fue decisiva en la formación política del joven caraqueño. Si en la primera instancia española –refiere este autor- el marqués de Ustáriz puso en sus manos los libros indicados, y lo introdujo en el mundo palaciego de la política y la cortesanía, en esta la relación con Simón Rodríguez, la presencia de Napoleón en todos los rincones de Europa, las ideas liberales y de la ilustración, hicieron de Bolívar otra persona. Llegó de apenas 20 años y regresó a su país con 24 años. Según su edecán y quien estuvo a su lado varios años y luego escribió sus memorias, el irlandés Daniel Florencio o´Leary “La metafísica fue su estudio favorito, pero es de sentirse que la filosofía escéptica hubiese echado tan profundas raíces en su mente. Aprovechó para leer a Helvecio, Holbach, Hume, admiraba a Hobbes a pesar de sus tendencias monárquicas, pero le cautivaron más las opiniones especulativas de Spinoza y en ellas, tal vez, debemos buscar el origen de algunas de sus propias ideas políticas; no obstante, y a pesar de ese escepticismo y de la irreligión consiguiente, creyó siempre necesario conformarse con la religión de sus conciudadanos”.

Otro autor que ha estudiado este tema de las creencias político-filosóficas-religiosas, los reflejos doctrinarios de Simón Bolívar, es el profesor de la Universidad de los Andes, Jorge Dávila. En su libro, premiado por la Fundación para el Desarrollo Cultural del estado Mérida (FUNDECEM), trabaja al detalle lo que él define como “La hipótesis de O´Leary”. Esta hipótesis, el profesor Dávila, ante la falta de informaciones precisas del edecán del Libertador, la resume, interpreta y analiza bajo tres premisas: 1.-Que la expresión “escepticismo” en Bolívar, debe entenderse como un lamento ya que para la época era casual esa expresión: sentirse escéptico y, también, motivado a la traducción del original escrito en inglés. 2.-Que la expresión escepticismo en la filosofía de Spinoza conduce a la “irreligión” y esto es entendible si consideramos que O´Leary era profundamente católico dada su proveniencia irlandesa.3.-Que se desconoce si O´Leary había estudiado a Spinoza y si sus afirmaciones se corresponden con las creencias de Bolívar relacionadas con el filósofo neerlandés, o son más bien, un producto de las reflexiones de O´Leary. El profesor Dávila centra su investigación en saber “si en la filosofía de Spinoza se puedan encontrar los fundamentos de la doctrina política del Libertador”.

¿LAS CREENCIAS RELIGIOSAS DE BOLÍVAR, ERAN SPINOZIANAS?

Como hemos afirmado, en su Discurso de Angostura, Bolívar da algunas claves para intentar descifrar eso que Umberto Eco llama en uno de sus libros donde es coautor “En qué creen los que no creen”. Si Cristo fuera sólo el sujeto de un gran relato, el hecho de que este relato haya podido ser imaginado y deseado por bípedos implumes, que solo saben que no saben, sería igualmente milagroso –afirma Eco- y remata la idea afirmando que este misterio natural y terrenal no dejaría de turbar y ennoblecer el corazón de quien no cree. El Bolívar que Jura en Roma, no parece ser un religioso (católico) practicante cuando sí, un joven impetuoso que, pese a su mantuanismo y fortuna heredada, rompe con los esquemas de la sociedad de su tiempo y anuncia resolver la incógnita de los problemas que aquejan a su patria por culpa de la opresión ejercida por más de trescientos años por el imperio colonial español, en Hispanoamérica. Ese que afirma que la mejor forma de gobierno es aquel que aporta la mayor suma de estabilidad política y de felicidad social, es la manifestación de un estadista que conocía las ideas avanzadas de su tiempo. Aquel hombre que se había encaramado en las ruinas causadas por el terremoto de 1812, en la esquina de San Francisco de su ciudad natal, y que dijo que “si la naturaleza se opone a nuestros designios de ser libres, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca” era un ser poseído por fuerzas espirituales distintas a las de la religiosidad imperante que les acusaba de ser los provocadores de la furia divina por haber desobedecido al Rey Fernando VII. Barut Spinoza, en su “Tratado Teológico-Político” cuando se refiere al Estado, afirma “…el Estado mejor es aquel en que los hombres pasan su vida en la concordia, hablamos refiriéndonos a una vida humana definida…principalmente por la razón, verdadero valor y verdadera vida del espíritu”. Esa definición semeja a la idea bolivariana del mejor sistema de gobierno. Bolívar creía en el destino. En una carta de fecha 29 de octubre de 1825 escribió: “Mi destino ha querido que una vasta porción del mundo haya aprovechado de mis combates para romper las cadenas; éste es mi mérito”. Spinoza en su “Tratado Teológico-Político” dedica líneas importantes al abordaje del tema de la naturaleza. Así, afirma que, todo cuanto un hombre realiza en virtud de las leyes de su naturaleza, lo realiza con pleno derecho natural, y este derecho es medido por el grado de su poder. El Libertador, en carta fechada el 3 de septiembre de 1817 afirmó que aquel que asegura su honor dedicando su vida al servicio de la humanidad…adquiere una vida de inmortalidad al dejar el marco de materia que el hombre recibe de la naturaleza. “Marco de Materia” refiere al cuerpo humano, frase recurrente en la obra de Spinoza. Para Bolívar, la inmortalidad estaba fundada en el accionar del hombre, en sus buenas obras, haciendo eso, el hombre podía marcharse, dejando en la tierra su cuerpo, es decir, el “marco que recibe de la naturaleza”. Para Spinoza, la religión no persigue un conocimiento racional, esto se lo deja a la filosofía, sino que ella procura motivar la obediencia, la caridad, la justicia. De allí que Spinoza separa la fe de la razón, así lo refiere en su “Tratado sobre la Ética”. Bolívar por su parte, también distinguía entre la religión y la filosofía. En carta de fecha 15 de junio de 1823 afirmó: “Todo el mundo sabe que la religión y la filosofía contienen a los hombres, la primera por la pena, la segunda por la esperanza y la persuasión”. Para él se trataba de cosas distintas y en esto coincidía con Spinoza. En cuanto a la ley, Spinoza sostenía que “La falta aparece tan solo con las leyes, siendo falta toda acción que la ley prohíbe que se cumpla, toda acción que la ley no autoriza, todo acto ilegal”. Para Bolívar, “la ley del deber era más poderosa que los sentimientos del corazón”, así lo escribió en carta de fecha 18 de octubre de 1813. Para Spinoza, la existencia no era algo creado por un ser externo, milagroso. Afirmaba que existe una sola substancia infinita, eterna y autosuficiente. Afirmó con énfasis que “ninguna substancia era igual a otra”. Spinoza admitía tres tipos de substancias: una divina enteramente inmaterial, otra dotada por el contrario de materia de la que están hechos los cuerpos y la tercera espiritual, finita, fuente de las almas. Bolívar sostenía que, para mantener la existencia, era menester llevar una vida ejemplar. En la carta de fecha 3 de septiembre de 1817 señaló “Una muerte gloriosa triunfa sobre el tiempo y prolonga la sublime existencia hasta la más remota posteridad”. Para Spinoza, “Dios era el ser infinitamente infinito, la substancia que consiste en una infinidad de atributos donde cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita. Dios es la naturaleza en equilibrio con el universo”. Bolívar refirió muchas veces sobre la existencia de Dios, para él, “los beneficios que se hacen hoy, se reciben mañana, porque Dios premia la virtud en este mundo mismo” así lo expreso en carta del 19 de septiembre de 1812 cuando contaba con 29 años de edad. Para Bolívar, el reino de Dios estaba aquí en la tierra, de allí la necesidad de vivir para hacer el bien. Para él el mundo es una cadena de bienes y no hay cielo sin nubes, afirmó una vez. En una oportunidad, quien esto escribe encontró a su abuela Emilia rezándole a Bolívar, al preguntarle el por qué le rezaba al Libertador, aquella mujer que jamás asistió a escuela alguna y que era una simple recogedora de café en las montañas de su pueblo Caripe del Guácharo, respondió con ternura y firmeza a la vez, “nieto, le rezo a Simón Bolívar, porque es el único santo que hace milagros aquí en la tierra”. Como le ocurrió a mi abuela, no tengo dudas en afirmar que, para el imaginario popular, Bolívar es más que un santo milagroso de asuntos terrenales. Haberles dado la libertad a millones, lo eleva a esa condición suprema.

Simón Bolívar, al igual que Barut Spinoza, no fueron ateos, si por ateo entendemos a las personas que no creen en la existencia de dioses o deidades, que no creen absolutamente en nada. Dios era para Spinoza la realidad misma y no otra cosa que la realidad concreta: Para él Dios era la verdad y la verdad estaba en el hombre, en el ser, en lo que es, en lo que existe. Dios era el todo, era la naturaleza. Deus sive Natura afirmó en latín. Una vez, cuentan que un alumno le preguntó al sabio Albert Einstein si él creía en Dios y, dicen que el premio Nobel respondió sin complejo alguno: “Creo en el Dios de Spinoza”. Bolívar se refirió en muchos de sus escritos y alocuciones a Dios. El 12 de noviembre de 1814, el año de las derrotas y de la sangre derramada, escribió “Dios concede la victoria a la constancia”. Es un necio, escribió en1821, el que desprecia las bendiciones que la Providencia derrama sobre él. Como puede apreciarse, el uno y el otro sí tenían sus creencias. Spinoza no creía en la tesis del libre albedrío, tampoco creía que el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios, sino todo lo contrario. Para Bolívar, la guerra se alimenta del despotismo, de los intereses, del poder y no del amor a Dios. Demasiada coincidencia en estos hombres que vivieron en épocas distantes y diferentes. Spinoza nació el 21 de noviembre del año 1632 mientras que Bolívar lo hace el 24 de julio de 1783, es decir, con una diferencia de más de siglo y medio. Bolívar nace dos años después de los acontecimientos que dieron lugar a la Comuna de París (1871) y seis años antes de la Revolución Francesa (9 de noviembre de 1789). Estos sucesos estaban muy recientes para cuando Bolívar llega a Francia en 1805. Eran los temas de que se hablaba en los grandes salones y que seguramente aquel joven tuvo ocasión de escuchar, participar en los diálogos y polémicas que se armaban sobre ello. Testimonios documentados existen de los rezos y plegarias de Bolívar ante la imagen del Santo Cristo de La Grita y de la Virgen de la Consolación en el estado Táchira, en los cuales, extrañamente, nunca se despedía de aquellas imágenes dándoles la espalda. Es decir, tenía sus creencias, pero nunca esperó milagros del más allá. Lo mismo Spinoza y por eso, el 27 de julio de 1656, a la edad de 23 años, fue excomulgado y maldecido de día y de noche, expulsado de la sinagoga por la propia comunidad judía a la que pertenecía, por no retractarse de sus creencias, consideradas herejías, contrarias a los preceptos de La Torá por la ortodoxia religiosa judía y sus obras fueron prohibidas. Bolívar fue reprendido por la iglesia en varias oportunidades. García Márquez, en su novela “El general en su laberinto” da cuenta, desde su visión del realismo mágico, donde la creación literaria, permite recrear la realidad histórica, dando cauce a la imaginación inagotable de este laureado novelista, del encuentro de Bolívar, ya en las postrimerías de su vida, con el obispo de Santa Marta de apellido Estévez. En la novela se cuenta que El Obispo y Simón Bolívar se reunieron a puerta cerrada por órdenes del General durante catorce minutos. Nunca se supo de lo que hablaron. Tal vez Bolívar se confesó ante el vicario de Cristo, para irse en paz de este mundo, él que nuca tuvo paz. El cura se largó de prisa, descompuesto y con el entrecejo fruncido y Bolívar quedó solo, mirando por la ventana de su alcoba de la quinta San Pedro Alejandrino. Llamó a su médico y le dijo “Dr., no me imaginé que esta vaina fuera tan grave para pensar en los santos óleos” y concluyó, con la voz apagadita: “Yo, que no tengo la felicidad de creer en la vida del otro mundo. Carajos, suspiró. ¡Cómo voy a salir de este laberinto!”. No había certeza en él de la existencia ni del infierno ni del cielo. En ese instante en que el marco dejaba salir al alma libre, el universo todo se abría para que el hombre de las dificultades iniciara una nueva batalla, sin caballos y sin espadas. La profecía del Jefe Inca Choquehuanca empezaba a cumplirse: “Libertador, habéis fundado cinco repúblicas, que en el inmenso desarrollo a que están llamadas, elevarán vuestra grandeza a donde ninguna ha llegado. ¡Con los siglos crecerá vuestra gloria, como crece la sombra cuando el sol declina! Tanto Spinoza como Bolívar pasaron a la eternidad por sus virtudes, defectos y creencias. Sin dudas, Simón Bolívar conoció la obra o parte de ella del filósofo nacido en un barrio judío de Ámsterdam. Siendo ello así, no es un desacierto afirmar que sí fue spinoziano, las claves de sus discursos y escritos lo evidencian; sus ideas políticas, filosóficas y religiosas son demostrativas de ello. En la vida de Bolívar, las cosas del destino están muy ligadas a él. Más de una vez intentó quitarse la vida. Cuando murió María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, su joven a amada esposa, reflexionando sobre ella 25 años más tarde, le confesó al General Perú Delacroix en Bucaramanga: “Si yo no hubiera enviudado, quizá mi vida hubiera sido otra; no sería el General Bolívar ni el Libertador, aunque convengo en que mi genio no era para ser alcalde de San Mateo”. Este hombre que nunca perdió las esperanzas que, para él, quizá, hacían del fin un fin;que estuvo a punto de morir asesinado por el puñal del negro Pío en Kingston, Jamaica en 1815, y el 17 de abril de 1818, en el Rincón de Los Toros, una patrulla realista acribilla a balazos la hamaca donde descansaba El Libertador, salvando éste su vida prodigiosamente; que tenía una fe inquebrantable en sí mismo, lo cual quedó demostrado cuando el 15 de enero de 1824, enfermo y previendo la catástrofe, Joaquín Mosquera le pregunta: ¿y qué piensa hacer Ud. General? y Bolívar le responde sin titubear: “¡Triunfar!”; que creía en el amor como la fuerza que todo lo transforma. El mismo que deliró en El Chimborazo diciendo: “Yo venía envuelto en el manto de Iris…quise subir al atalaya del Universo…arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido para mí…impulsado por el genio que me animaba…como encendido por un fuego extraño y superior…era el Dios de Colombia que me poseía…de repente se me presenta el Tiempo y me dijo…no escondas los secretos que el cielo te ha revelado, di la verdad a los hombres. El fantasma desapareció”. Bolívar creía, en el credo en que creen los seres capaces de trascender. Como lo afirmó Spinoza Quicquid est, Deo est. El Ser es lo primero, repitió Bolívar. Fue Bolívar un libre pensador que abrevó de diferentes fuentes del conocimiento sin adopción dogmática de ninguna en particular. El título de este artículo, es una pregunta. Espero no haberla respondido, como dice Umberto Eco, incurriendo en el horror del sacrilegio.

Félix M. Roque Rivero
Roque.felix@gmail.com.
Táchira, Venezuela, julio 22 de 2026

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