Lo que sembréis se da

Con esta frase los montunos califican la excelencia de un suelo con suficiente materia orgánica, arena y arcilla necesarias para el cultivo de plantas con crecimiento rápido, firmes y con frutos de calidad. Las tierras aluvionales o de «vega», esas que rodean ríos y caños; los «bajizales» que almacenan sedimentos; y aquellas que no han sufrido la erosión o no han perdido su capa vegetal por la acción del fuego, los deslaves o desmontes, son ideales porque allí, decían los viejos perijaneros, los cañaderos, zulieros, cabimeros, mojaneros y jobiteros, «lo que sembréis se da».

La condición fértil del terreno es el factor determinante que ha conducido a nuestros agricultores a sembrar seguros de cosechar con éxito. Problemas como la acidez, temperatura o falta de agua han encontrado soluciones técnicas y estudios que han sugerido especies apropiadas que «se dan» con cierta seguridad.

«Metete en El Guamito que ahí lo que sembréis se da» decían los «catanejeros» de antes, queriendo aprovechar las ventajas de una tierra de alta fertilidad. Lo mismo exclamaban los campesinos cercanos al Machango, Misoa o Motatán, antes de ser omnubilados por el petróleo.

En el ejercicio público, la eficacia, eficiencia, disciplina y cumplimiento del deber dependen del fundamental terreno de la HONESTIDAD. A partir de ésta «lo que sembréis se da», sin ella todo deriva en corrupción, desacato y deslealtad. Los funcionarios se «arifucan», es decir, no sirven para nada sino poseen la condición natural y ventajosa de esa virtud. Se «darán» mafias  o asociaciones para delinquir, negocios o indolencias, pero nunca policías o militares eficaces, disuasivos y respetables.

Los primeros HONESTOS del país deben ser aquellos que se ocupan de lo público, de poner autoridad, de resguardar la patria y dirigirla. Parece de perogrullo pero siendo HONESTOS «lo que sembréis se da».

ORGULLOSAMENTE MONTUNO

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