Al hablar de armas nucleares, considero un deber empezar por recordar y rendir homenaje a las cientos de miles de víctimas civiles que perecieron por motivo de las bombas atómicas lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, por los Estados Unidos de América (EE. UU.), los días 6 y 9 de agosto de 1945.
Cálculos de investigadores japoneses de 1977 estimaron que, los días de los ataque fueron asesinadas 210.000 personas y que para finales del año 1945 habían fallecido cerca de 90.000 más por causas directas de estas dos explosiones nucleares, cerca de 40 mil niños fueron asesinados los días de los ataques. Decenas de miles de japoneses sufrieron graves enfermedades como cáncer, leucemia y otras graves afectaciones durante los años posteriores, quedando demostrado que es un arma inhumana , que no debería usarse nunca más, bajo ninguna circunstancia.
Lamentablemente, cada vez se hace más evidente, para la humanidad, que los motivos esgrimidos por las autoridades estadounidenses después de los dos ataques nucleares, fueron narrativas falsas, tratando de excusar tan horrendo crimen, efectuado no sobre fuerzas militares, sino sobre población civil, crímenes de guerra que no han prescrito y que algún día, los japoneses de bien exigirán, ante la ley, los castigos correspondientes.
Con aquel brutal acto, los EE. UU. pretendió demostrar que era el señor indiscutible de la guerra y que podía sojuzgar a la humanidad e imponer su “control total” en la política y economía mundial, procurando amedrentar, sobre todo, a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), para ese momento su “aliada” circunstancial, pero en el fondo su real enemigo.
Ante este peligro existencial, la URSS, vencedora indiscutible de la coalición nazi conformada por alemanes, italianos, rumanos, finlandeses, húngaros, españoles, suecos, croatas, y otros, a cambio de un altísimo costo en vidas humanas, más de 27 millones de soviéticos murieron combatiendo la plaga del nazismo y gigantescas perdidas en infraestructura, sobre todo la base industrial del país, logra obtener su primera bomba atómica en 1949, lo cual equilibraba de nuevo el tablero estratégico mundial.
Sin embargo, los EE. UU. toma esto como un reto y, con la Doctrina Truman como principio de la Guerra Fría, se monta en una carrera armamentista nuclear desaforada, la cual debió ser respondida por la URSS. Increíblemente, se calcula que llegaron a acumularse cerca de 70.000 proyectiles nucleares, algunos de ellos instalados en Europa Occidental, Alemania, Bélgica, Países Bajos e Italia y Asia Occidental, Türkiye, donde aún permanecen, renovados y con muchísima más potencia que los usados sobre Japón.
En 1970 se firma el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), un tratado multilateral surgido en el seno de las Naciones Unidas (NN. UU.), cuyo objetivo es evitar la propagación de las armas nucleares y de la tecnología armamentística, promover la cooperación en los usos pacíficos de la energía nuclear y fomentar el objetivo de lograr el desarme nuclear y el desarme general y completo. Este acuerdo se prorrogó indefinidamente y se acordaron Conferencias de Revisión cada 5 años, la última de las cuales se realizó hace un par de días, con resultados nada auspiciosos.
En 1972 se firma el SALT I, primer acuerdo sobre armas nucleares entre EE. UU. y la URSS, firmándose cuatro tratados en total entre las dos potencias, el último en 1987. Luego, en pleno proceso de desmantelamiento de la URSS en 1991, se firma el START I, que concentra el arsenal nuclear de la URSS en la Federación Rusa y disminuye los arsenales a 6.000 ojivas y 1.600 vectores. Luego se logra reducirse a 1.700 ojivas y 2.200 vectores con el tratado SORT del 2002 y finalmente a 1.550 ojivas y 700 vectores con el tratado New START del 2010, que venció recientemente, el 5 de febrero de 2026, y el cual no ha querido ser prorrogado, ni renegociado por EE. UU. Anteriormente EE. UU. se retiró de dos tratados, del INF en 2019 y del ABM Treaty en 2002, lo que trajo como consecuencia que Rusia se retirara del START II ese mismo año, lo que implica que actualmente no existe ningún tratado que limite el crecimiento y sofisticación de los arsenales.
Todos estos tratados estuvieron muy lejos de ser perfectos, pero lograron una importantísima reducción del número de ojivas nucleares y de los respectivos vectores, también hubo cierto control en los alcances de los vectores, en los sistemas anti-misiles, llegando incluso a verificarse, in situ, ambos arsenales.
La negativa de EE. UU. a prorrogar el New START, es un paso que socava la estabilidad estratégica y el régimen de no proliferación de armas nucleares. Es muy seguro que esto conduzca al incremento y modernización del número de ojivas, de vectores y su alcance, así como al despliegue de más armamento nuclear con cohetes de rango intermedio y sistemas de defensa antimisiles globales en Europa y Asia por parte de EE. UU., lo que parece indicar que se están preparando para realizar ataques preventivos con armamento nuclear.
El inmenso gasto militar de los EE. UU., debe preocupar al mundo entero. Es aproximadamente ⅓ del total mundial y si se le suma el del resto de la OTAN sobrepasan la mitad del gasto total. China tiene un gasto menor a ⅓ del de EE. UU. y el de la Federación Rusa es menor de 1/6 del de EE. UU. Lo más preocupante es que una importante proporción de ese inmenso gasto se dedica a la modernización de las armas nucleares, los vectores, los sistemas antimisiles y el despliegue de todo esto, lo cual viola el TNP y obliga a Rusia a hacer lo propio para tratar de mantener el equilibrio estratégico. Al no renovar el New START, al no respetar el TNP y al mantener su estúpida arrogancia y falsa supremacía, los EE. UU. pone en riesgo a toda la humanidad. Como guinda tenemos que el presidente Trump habló en octubre de 2025 de la realización de nuevas pruebas nucleares, violando el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, firmado en 1996, recordando que EE. UU. realizó más de la mitad de las pruebas efectuadas antes de la firma de este convenio.
La Conferencia de Revisión del TNP este 23 de mayo de 2026, no llegó a acuerdos significativos por tercera vez consecutiva, lo cual es una evidencia más de la nefasta política internacional de los EE. UU., que simplemente desprecia la Carta de las NN. UU. y a todos sus miembros, incluidos sus supuestos socios, e incrementa la apuesta por su doctrina de “la paz por la fuerza”, con la cual cree que puede, impunemente, secuestrar presidentes y chantajear gobiernos, atacar países y asesinar sus líderes, amenazar a sus vecinos con invadirlos, atacar junto a la OTAN a Rusia a través de Ucrania, imponer aranceles y medidas coercitivas unilaterales a quien no le obedece, amenazar a China cada vez que se le ocurre, e incrementar y actualizar su arsenal nuclear sin ningún control.
Sin embargo, Irán le demostró que tiene con que enfrentarlo, frenarlo y vencerlo, Rusia pudo con toda la OTAN y con muchos menos recursos genera armas que pueden vencerle o al menos disuadirle, China sigue avanzando, y tiene propuestas ética y moralmente superiores en prácticamente todos los ámbitos del devenir humano y los pueblos luchan todos los días contra el imperialismo, el neocolonialismo, el supremacismo y cualquier otra forma de sojuzgamiento.
El monstruo, como lo llamó Martí, está herido y lucha por subsistir, pero al final la humanidad debe encontrar “el equilibrio del universo”, en palabras de Bolívar, para alcanzar el bienestar de todos y todas.