Balance Actual de La Economía Venezolana y Perspectivas para 2022-2023

Escrito por Franco Vielma

El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió a los países de América Latina que «lo peor está por venir», aludiendo al advenimiento de una recesión o, en el mejor de los casos, un estancamiento de las economías en la región para el año 2023. La excepción será Venezuela. Según el ente financiero, su economía crecerá 6,5% el próximo año.

La previsión del FMI puede catalogarse de modesta, entendiendo que han calculado un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 6% para este año, pero en los primeros dos trimestres la economía ya ha crecido un 17% y un 18,7% comparados con los respectivos trimestres de 2021, según cifras del Banco Central de Venezuela (BCV).

En realidad la mayor relevancia de la noticia es que el mismo FMI reconozca que la economía venezolana será la que más crecerá en la región, a contracorriente de sus usuales valoraciones extremadamente fatalistas.

Por razones no econométricas, pero sí por la interpretación política que en muchos casos hay que darle a los datos, lo que advierte la previsión del FMI es el movimiento en ascenso de la economía venezolana y la ampliación de sus condiciones que siguen mejorando, acorde a las posibilidades y escenarios de cara a su frente externo.

La economía del país petrolero es expresión exacta de cómo el contexto político es determinante a su desarrollo, pues las Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) que han bloqueado las fuentes económicas medulares del país, siguen siendo el factor político crucial, y por su desarrollo hay mucho en juego.

Al cierre del año 2022, y aún con cifras pendientes por parte del BCV, las perspectivas son más que alentadoras.

Datos, para mirar más allá de ellos

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha modificado su previsión de crecimiento para la región y nuestros países en varias oportunidades este año, a causa de la evolución del conflicto ruso-ucraniano, el impacto global de las «sanciones» contra Rusia, la crisis inflacionaria y el anuncio de otras medidas en otros países, como el aumento de las Tasas de Interés en Estados Unidos.

El dato más reciente fue publicado en agosto pasado y estima que, en este 2022, la economía venezolana crecerá 10%, y por ende es la que más crecerá en la región iberoamericana, significativamente si se compara con el continente sudamericano, el cual solo crecerá 2,6%.

La cifra de crecimiento en Venezuela está sumamente vinculada a un crecimiento de la actividad económica interna. Desde abril de este año se vienen reportando datos, como que las exportaciones crecieron un 182% en el primer trimestre de 2022 respecto al mismo periodo del año pasado.

La actividad comercial y manufacturera han despegado en 2022 y se espera que mantengan una tendencia al alza en 2023 (Foto: Shutterstock)

En abril se registró también un aumento de 86% de la actividad comercial interna, aupado por la apertura de muchos establecimientos comerciales, según lo indicó la vicepresidenta Delcy Rodríguez.

Aún dentro de indicadores muy adversos, la actividad manufacturera se ha recuperado de manera parcial. La Confederación de Industriales de Venezuela (Conindustria) afirmó a mediados de año que el sector manufacturero del país operó a 28% de su capacidad instalada durante el primer trimestre de 2022. Lo que significa un incremento de nueve puntos porcentuales respecto al mismo periodo del año pasado, cuando se ubicó en 19%.

La actividad manufacturera repuntó un tanto para el segundo trimestre, alcanzando una producción acorde a 30,7% de su capacidad.

Sin embargo, el aspecto que continúa como modulador principal de la economía nacional sigue siendo el petróleo. Desde finales de 2021 y durante este 2022, el país ha registrado una producción petrolera que ronda los 700 mil bpd (barriles por día).

El impacto favorable de este todavía muy modesto nivel de producción de crudo ha sido incrementado claramente por el aumento del precio petrolero desde antes del auge del conflicto entre Rusia y Ucrania. El alza general de precios ha estado oscilando, siempre arriba de 50% comparado con inicios de 2021, y este año se alcanzó el tope insólito de 120 dólares por barril.

Pero en este punto conviene detenernos en la lectura política. Venezuela produce crudo dentro de cuotas solo posibles mediante prácticas evasivas del bloqueo. Referir un mínimo de exportación de crudo significa referir barriles que han salido, violentando las «sanciones» contra el país mediante prácticas comerciales que han sido solo posibles mediante la Ley Antibloqueo de 2020.

Sin embargo, la venta de crudo de manera evasiva tiene un tope. Las empresas a hurtadillas, embarcaciones y comercializadoras segundarias se desplazan relacionándose con Venezuela acorde a riesgos tolerables, pero muy altos. No hay una clientela ni compras regulares que permitan elevar la cuota de exportación, y por ende la cuota de producción. Recordemos que el bombeo de crudo depende fundamentalmente de la capacidad de despachar y colocar crudo en el mercado internacional.

No necesariamente el precio internacional del barril implica ese ingreso íntegro a la economía venezolana. En otras palabras, el tipo de negocios evasivo al bloqueo implica que el país vende crudo a descuento y también pagando fletes a costos superiores, dado que las empresas realizan operaciones con alto riesgo.

Esto quiere decir que los ingresos para el país no están en los márgenes comerciales regulares y por ende no se puede hablar de una base de ingreso predecible o fácil de medir. Los ingresos en la economía venezolana por actividad petrolera se basan en estimaciones signadas por el tipo de actividad comercial evasiva al bloqueo.

Las claves económicas siguen estando en el bloqueo

Conviene agregar que las estimaciones de crecimiento del PIB venezolano en 2022 y 2023, tanto de la CEPAL como del FMI, se basan en las condiciones actuales, es decir, las de una economía con sus exportaciones de crudo bloqueadas.

No refieren cálculos sobre posibles distensiones entre los gobiernos de Venezuela y Estados Unidos en materia petrolera.

Desde mediados de año, Estados Unidos y la Unión Europea (UE) han pretendido aplicar la insólita medida de fijar por decreto (vía «sanciones») el precio del crudo ruso. Esta medida recibió la respuesta de la OPEP+, coordinada por Arabia Saudí y Rusia. Ambos países harán una reducción de la producción superior a los 500 mil bpd cada uno, mientras que la reducción conjunta de los países OPEP+ será de 2 millones de barriles. Una cifra extraordinaria.

Es evidente que estos países intentan enviar un mensaje a los países occidentales para presionarlos y evitar el precedente de que, por cualquier razón, se le intente imponer el precio del barril a un país de manera selectiva y arbitraria.

Estados Unidos está pulseando en el mercado energético liberando crudo de su reserva estratégica desde febrero. A finales de agosto registraron 421,7 millones de barriles de reservas, pero apenas un año antes tenían en inventario de unos 621 millones. En apenas siete meses drenaron al mercado unos 200 millones de barriles de crudo y ahora están en su nivel más bajo desde 1984.

Para Estados Unidos será imposible sostener el ritmo de colocación de crudo de su reserva estratégica por demasiado tiempo, menos ahora, cuando entra el otoño y vendrá el invierno. Durante los próximos cinco meses el consumo de crudo será superior y ello, necesariamente, demanda un aumento de producción y de colocación de crudo.

Los eventos por el alargue del conflicto ruso-ucraniano, las MCU contra Rusia y el pulseo petrolero de Estados Unidos con la OPEP+, imponen una situación de urgencia para los norteamericanos. Las circunstancias los obligan a tener que mirar a Venezuela, país que por estar bajo bloqueo está exceptuado de cumplir con las cuotas de recorte de la OPEP.

Aunque Estados Unidos ha barajado el aflojamiento de la asfixia a Venezuela, ello no ha tenido consistencia real. Hace meses se había autorizado a la República Bolivariana efectuar despachos de crudo a Europa, pero solo con la condición de que estos sirvieran para el pago de deuda de la estatal PDVSA.

La reincorporación de Venezuela al mercado petrolero internacional de manera formal sería la clave para un impulso ampliamente superior del crecimiento económico (Foto: Fernando Llano / AP Photo)

Venezuela suspendió los envíos. El país prefirió no asumir costos operacionales por extracción, sin recibir cash o combustible a cambio. En la industria petrolera venezolana no hay condiciones para asumir una medida claramente abusiva. Por lo tanto, en cuanto al crudo, el bloqueo sigue intacto.

El medio estadounidense The Wall Street Journal reveló que el gobierno de Joe Biden está considerando autorizar a la trasnacional Chevron reanudar el bombeo de crudo en el país. Por supuesto, esto forma parte de una negociación entre la Casa Blanca y Miraflores, y aún no se conocen mayores detalles.

Es altamente probable que ese anuncio se haga luego de las elecciones de medio término (midterm elections) en suelo estadounidense. Anunciar esta medida daría por sentado el fracaso de la «máxima presión» contra el chavismo y la capitulación de los norteamericanos -al menos de manera parcial- en las medidas con mayor pie de fuerza que han ejecutado contra Venezuela.

Algunas previsiones han apuntado que el reinicio del bombeo de crudo por Chevron significará un aumento de la producción en unos 200 mil bpd en el corto plazo. Pero ese acuerdo, que podría ser incremental para Chevron, abriría oportunidades para que otras empresas puedan reanudar sus operaciones en Venezuela.

En su abusivo diseño de MCU, e igualmente en la distensión que puede darse, los estadounidenses promueven el relanzamiento de sus negocios en Venezuela, pero convenientemente quieren mantener vetadas las actividades petroleras de las empresas chinas y rusas, lo que revela su claro interés de posicionamiento exclusivo sobre los recursos nacionales.

Venezuela tiene que acudir a esta negociación atendiendo sus necesidades existenciales, pero es evidente que el primer punto de ruptura formal del bloqueo petrolero debe darse justamente frente a Estados Unidos y sus operadores en el país.

Las perspectivas a finales de 2022

Independientemente del desenlace de las negociaciones entre Washington y Caracas, la economía venezolana transitará por una recuperación significativa e indiscutida.

Para la cotidianidad del venezolano hay asuntos pendientes, como la recuperación de los salarios públicos y el despliegue del presupuesto público de manera más consistente en áreas sensibles y servicios clave. El gobierno venezolano ha logrado retornar al desarrollo de una gestión pública más vigorosa, pero dentro de límites presupuestarios y con una sobriedad monetaria a la cual parece no va a renunciar.

Conviene agregar que durante 2022 el chavismo logró posicionar la gobernanza cambiaria de maneras inéditas, pues el tipo de cambio está liberado y se mantiene dentro de un canon estable, si se le compara con el ciclo precedente de los últimos seis años.

Desde octubre de 2021 hasta agosto de 2022, el tipo de cambio paralelo varió de 5,25 bolívares por dólar a los 6,01 bolívares. Esto indica una depreciación de la moneda de 0,76 bolívares frente a la divisa estadounidense. Es una cifra muy baja si se le compara con años anteriores.

Aunque la moneda nacional ha perdido terreno frente al dólar, para los últimos trimestres del año alcanzando los 8,09 bolívares por dólar acorde a la tasa BCV, es también cierto que es la tasa oficial liberada la que rige la mayoría de las actividades comerciales. El valor político de este dato es incalculable si se entienden los precedentes de sabotaje generalizado que ha sufrido la economía nacional.

Sobre la inflación, la tasa de variación anual del IPC (Índice de Precios al Consumo) en Venezuela en agosto de 2022 ha sido de 114,1%, es decir, 23 puntos inferior a la del mes anterior. La variación mensual del IPC ha sido de 8,2%, de forma que la inflación acumulada en 2022 es de 60,5%.

Aunque hay quienes estiman que la inflación de 2022 llegue a 100% a fin de año, pese a lo alto de esta cifra, será mucho más baja si se compara con la de 2018, cuando detonó el bloqueo en su máximo desarrollo. Ese año la inflación fue de 130.000%. En 2021, la inflación de enero a diciembre fue de 686%. El país rompió con la hiperinflación.

El balance holístico que ofrece la economía venezolana en cifras y al cierre de 2022, es el de una economía que se recupera, que crece en su PIB de manera muy significativa, que estabiliza el valor de su moneda conteniendo la extrema turbulencia y está reduciendo la inflación a pasos lentos pero muy consistentes.

Es una economía con contradicciones, pero que ha mejorado con las condiciones adversas más duras y formidables en contra.

FUENTE MISIÓN VERDAD

14 Oct 2022

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