Aikido financiero: usar la fuerza del enemigo en tu favor y en su contra

El aikidō es un arte marcial japonés que se nutre de la fuerza de tu oponente y la convierte en tu fuerza.

Quienes nos dedicamos al análisis de la coyuntura económica venezolana, estamos contestes en que la mayor deformación en el sistema de precios nacional, se origina por la distorsión del tipo de cambio entre nuestra moneda y la divisa (dólar). Esta distorsión se encuentra en el marco de una disminución importante de las reservas internacionales, caída de la producción petrolera, bloqueo financiero y económico que dificulta sustancialmente las exportaciones y las importaciones. En medio de este panorama se ha venido evidenciando un avance significativo del uso de la divisa dólar en todo tipo de transacciones nacionales; esto, alimentado por una política monetaria de disminución de la liquidez.

Lo cierto es que seguimos necesitando la importación de muchos productos para la estabilidad de la vida cotidiana del pueblo venezolano, y a nuestro gobierno se le ha hecho muy difícil obtener divisas, debido al incuestionable y brutal cerco económico y financiero al que nos somete el actual gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica.

La masificación del uso del dólar y del euro (este último en menor cuantía) en las transacciones nacionales, es parte del ataque para ir forzando una eventual dolarización formal.

Lo cierto es que esa masa de divisas que circula a diario en nuestro mercado (que forma parte de  la liquidez actual) es recogida por actores económicos privados, quienes lo usan para la especulación financiera.

¿No sería mejor que esa masa de divisas fuese recogida por el Estado venezolano e invertida en los planes de desarrollo? ¿Cómo podría ocurrir eso? Veamos:

Existen muchos cambistas en nuestro país que compran y venden dólares. Recientemente, entrevistamos a una decena de ellos y nos sorprendieron algunos datos que nos dieron.

Uno de los datos más resaltante fue que, en promedio, ellos cambian diariamente unos 6 mil dólares en bolívares. Vale decir, cada uno de ellos recibe unos 6 mil dólares diarios a cambio de bolívares. Pero resulta que eso también lo hacen cambistas en países como Panamá, Costa Rica, Perú y Colombia, para cambiar las remesas que envían los venezolanos desde el exterior.

Ellos alegan que por la demanda, pudieran llegar a cambiar a diario, no menos de 15 mil dólares, pero lo que los limita es la poca disponibilidad de bolívares. Cada uno de ellos, si tuvieran los bolívares suficientes, podrían cambiar no menos de 15 mil dólares al día de acuerdo con los requerimientos del mercado.

Imaginemos que sólo 1000 cambistas, entre los nacionales e internacionales, tuvieran un promedio diario de 15 mil dólares cambiados por bolívares; eso representa al año unos 5.475 millones de dólares (nada despreciables).

La forma de recoger esa masa de divisas por el Estado, sería que todos los Bancos del Estado (sólo los del Estado) cambien las divisas a una tasa superior a la que refleje el promedio de las páginas del paralelo; ejemplo: si la página dice que el valor del dólar es de 74 mil bolívares por dólar, los bancos del Estado pagarían 84 mil bolívares por dólar. Ese incremento superior al 10% sería un estímulo suficiente para que los particulares cambien sus divisas en los bancos del Estado.

¡Eso sí; que no hagan engorroso el procedimiento de venta!

La gente preferiría cambiar sus divisas en los bancos del Estado. De esa forma, el Estado recaudaría buena parte de las divisas que circulan en nuestro mercado y podría emplearlas, por ejemplo, en la recuperación y desarrollo del sistema eléctrico nacional, lo cual redunda en el desarrollo productivo del país.

El aumento en la liquidez sería equivalente sólo a la porción del incremento del valor de la divisa. En el ejemplo que dimos, donde el dólar paralelo estaría en 74 mil Bs y los bancos lo pagarían a 84 mil bolívares, el incremento de la liquidez sería de un 14%, pero la recaudación de divisas sería sustancial.

¿Qué podríamos perder si implementamos esta política?

Nada. Porque en el peor de los casos (que nadie cambie sus divisas en los bancos), quedamos como estamos.

Pero estamos seguros que eso será una buena fuente de recaudación de divisas para el Estado.

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