Elecciones en tiempos de pandemia y guerra inducida

El proceso electoral previsto en el término que pauta la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, para el próximo 6 de diciembre habrá de renovar el cuerpo de diputados a la Asamblea Nacional para el periodo 2021-2026. Serán comicios celebrados en medio de la pandemia por COVID 19 y de las difíciles condiciones impuestas por la guerra multidimensional e híbrida que enfrentamos los venezolanos. Por tanto, este acto de vida institucional del poder constituido además de devolver la normalidad trastocada con el desacato, será un desafío que reafirme la voluntad democrática del pueblo venezolano a favor de una hoja de ruta: el diálogo, la paz y nuestro derecho a la autodeterminación como pueblo. A este propósito concurren tanto las fuerzas políticas y sociales identificadas con el proyecto bolivariano y socialista como la oposición democrática, la cual participó en la Mesa de Diálogo Nacional y sin renunciar a sus principios e ideología, llevó adelante un diálogo con talante democrático que ha dado buenos frutos para todos, en una relación ganar-ganar. Las elecciones parlamentarias representan asimismo, un rechazo a ese sector minoritario de pequeños partidos políticos y grupos de extrema derecha, los cuales han pretendido secuestrar el término oposición como título de propiedad exclusiva y patente de corso para tomar atajos al margen de la Constitución política promoviendo la violencia, desestabilización e injerencia foránea. Un sector capaz de actuar con su cara muy lavada invocando una democracia, cuyas reglas niegan en la práctica al orquestar el Golpe Azul del 30 de Abril de 2019; organizar redes terroristas y promover la violencia con la táctica de las guarimbas en el marco de la estrategia malamente denominada La Salida; planificar y financiar el magnicidio del presidente Nicolás Maduro en agosto de 2018 e incursiones de grupos paramilitares como ocurrió con la Operación Gedeón en mayo de este año; y paremos de contar el amplio prontuario de acciones reñidas con las prácticas democráticas. Más aún, a contracorriente del sentimiento del pueblo venezolano que valora orgullosamente como pocos su independencia y nacionalismo; ese sector de derecha ultramontana, reaccionaria y conservadora ha sido capaz de apoyar y demandar a gobiernos extranjeros la aplicación de medidas coercitivas unilaterales y la implementación de un bloqueo, el cual afecta a la población. Una derecha divorciada del pueblo, al que no reconocen y menos se identifica como voz pero interesadamente invocan en el discurso, aunque en los hechos nieguen su derecho a la alimentación, la salud y tantos otros derechos humanos, haciéndose partícipes del cometimiento de crímenes de lesa humanidad. Sectores que juegan ante su propia incapacidad para hacer una oposición democrática, pues no tienen pueblo, a la justificación de la supuesta catástrofe humanitaria que sirva de excusa a la intervención externa avalada por la ficción de la comunidad internacional en casos extremos, que no es Venezuela, aún y todo con las dificultades. Pero el pueblo lo sabe y desaprueba. INNOVANDO En esta elección concurrirán casi un centenar de organizaciones políticas de distintas tendencias políticoideológicas como sana expresión de pluralismo. Será la quinta ocasión en veinte años, en la cual se renueven los cargos de libre elección que componen la Asamblea Nacional en el marco de la democracia participativa, social y protagónica, teniendo como contexto de fondo, la construcción del proyecto bolivariano y socialista plasmado en la Constitución (1999). Una veintena de las fuerzas políticas que participarán con sus candidatos son nacionales y más de la mitad del centenar habilitado para inscribir candidaturas son regionales, sin olvidar las expresiones organizadas de los pueblos originarios que contarán con sus propios partidos políticos en reafirmación del principio democrático de la desigualdad compensadora. Habrá innovaciones que profundizan el carácter participativo y protagónico de la democracia venezolana, al ampliar la representación de 167 cargos a 277 diputados para fortalecer la representación y peso específico de las regiones en la hechura legislativa y decisiones públicas nacionales. A la vez, conservando el género, se equilibrarán los criterios de proporcionalidad y uninominalidad en la representación. Los guarismos son así, de los 277 diputados que serán electos, 130 serán por votación uninominal y 144 por voto lista. De este último grupo, 96 son por lista regional y 48 por lista nacional. A este esquema apuestan y desde ya se preparan los 87 partidos y organizaciones electorales que concurren a este proceso electoral, tan lejano de un régimen político autoritario como cercano a la democracia. A eso temen de nuevo los dirigentes opositores de extrema derecha, pues la elección que se avecina significa su descabezamiento y condena al ostracismo político. Dirigencia sin seguidores que desde la distancia del dorado exilio pretenden dirigir masas inexistentes y escribir discursos sin destinatarios. Por eso no hay que extrañar que se nieguen a participar, se dediquen a alimentar la matriz de consumo internacional de la dictadura, del narcotráfico, de la necesaria invasión y hacer lobby permanente en los pasillos del Congreso de Estados Unidos, la Organización de Estados Americanos y el Parlamento Europeo, cuando no la antesala de los despachos ministeriales de los países del Grupo de Lima y de cuanta empresa pueda tener interés futuro en invertir bajo un régimen de libre apertura en esta Tierra de Gracia, pues al final del pasillo, perdón del camino, se trata de servir a los intereses imperiales a cambio de las mijagas del despojo ya iniciado con CITGO, la empresa Monómeros de Venezuela, las 30 toneladas de oro depositadas en el Banco de Inglaterra y un número nada despreciable de cuentas millonarias de la República Bolivariana de Venezuela en bancos estadounidenses y europeos. El valor de las propiedades y activos financieros despojado al estilo del peor corsario y filibustero es mil millonario. En difícil posición quedarán los gobiernos de los países que gritan, jugando posición adelantada, fraude electoral y desconocimiento de la voluntad mayoritaria de la población venezolana, que desde ya manifiesta su firme intención de votar en diciembre. Mas temprano que tarde tendrán que desandar el camino del reconocimiento por adelantado que dieran a la entelequia aérea del Gobierno de Transición y restablecer la normalización de las relaciones diplomáticas y consulares. Pero para llegar allí, deberán responder por la responsabilidad internacional que les cabe al haber causado graves perjuicios al patrimonio de la República Bolivariana de Venezuela, bloqueando las acciones de disposición de las autoridades legítimas del gobierno constitucional bolivariano sobre ese patrimonio y permitir cuando no entregar, el control sobre los bienes y activos que se tenía en su territorio a los integrantes del cascarón vacío de un gobierno alterno inexistente que desde el primer día era un Titanic de cartón, que hacía aguas por los cuatro costados. Devolver lo que es de la República y administra el gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro, como reza la expresión hasta el último centavo, es algo que deberán hacer llegado el momento desde los Estados Unidos e Inglaterra, hasta Colombia y Suiza. Más allá de las maniobras de algunos gobiernos inamistosos y de los sectores opositores minoritarios que actúan como procónsules imperiales, las elecciones parlamentarias de diciembre serán una clara señal de vivir en democracia y la voluntad de los venezolanos de decidir por nosotros mismos, haciendo evidente, que el sol no se puede tapar con un dedo.

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