"...quizás el grito de un ciudadano puede advertir la presencia de un peligro encubierto o desconocido".

Simón Bolívar, Discurso de Angostura

Tectónica debacle de Biden, los Clinton y Soros en Virginia

La malhadada vicepresidenta Kamala Harris, aliada de los Clinton, cometió el gravísimo error de afirmar que la elección en Virginia marcaría el cronograma para los demócratas en las elecciones de 2022 y la presidencial de 2024.

Triunfó el banquero basquetbolista del Grupo Carlyle, Glenn Youngkin, estrella generacional republicana de la era post-Trump.

Quizá la muy locuaz vicepresidenta Kamala, con poca efectividad política, se arrepienta toda su vida de haber profetizado que el futuro de su partido en las elecciones legislativas del 2022 y la presidencial del 2024 se centraba en la elección a gobernador entre el desconocido basquetbolista y banquero del Grupo Carlyle, Glenn Youngkin, y el también banquero de los demócratas, Terry McAuliffe, íntimo de los Clinton (Bill y Hillary) y conspicuo operador de las finanzas y la maquinaria del Partido Demócrata.

De ser cierto el aserto premonitorio de Kamala, los demócratas habrán cavado su propia tumba cuando la atribulada vicepresidenta estaba más lista que nunca a radicalizar la controvertida agenda de los demócratas —la gran perdedora de las elecciones del 3 de noviembre a escala nacional—. Esto, debido a los excesos de los caníbales jacobinos trasnochados de su partido.

Es que los demócratas, más que un partido, son una coalición heteróclita donde cabe de todo, incluyendo a los multimillonarios israelí-estadunidenses —tipo Mike Bloomberg y el vilipendiado George Soros—, pasando por moderados del género de Joe Manchin —del Estado carbonífero de Virginia Occidental sacrificado por las medidas verdes demagógicas del presidente Joe Biden—, hasta progresistas como Elizabeth Warren y el también israelí-estadunidense Bernie Sanders, no se diga el célebre Squadque capitanea la milenial Alexandria Ocasio-Cortez (AOC).

Aplicaré mi método dialéctico de tesis / antítesis / síntesis para evaluar la sacudida tectónica en Virginia. Solo que aquí iniciaré, con la antítesis , con el propio obituario del amplio espectro de opiniones de los mismos demócratas que hoy se echan la culpa unos a otros cuando ni siquiera han podido aprobar las dos enmiendas del presidente Biden, quien se encuentra en lo más deprimente de desaprobación nacional, sobre su gasto social y la inaplazable inversión a la infraestructura que se encuentra hecha añicos en EEUU.

Inicio como antítesis con el connotado estratega electoral de los demócratas, James Carville, quien encumbró a Bill Clinton y no se muerde la lengua, cual su costumbre, al despotricar contra la agenda del «estúpido wokenismo» que con sus «progresistas» fueron los culpables de la debacle en Virginia, donde el presidente Biden había ganado con 10 puntos de diferencia hace un año.

«No vean solo a Virginia y New Jersey. Vean Long Island, Buffalo, vean Minneapolis, vean aún más a Seattle, Washington. Me refiero a la insanidad de desfondar a la policía, quitar el nombre de Abraham Lincoln de las escuelas, la gente ve eso. Y realmente tiene un efecto supresivocontra los demócratas en todo el país. Algunas de estas personas necesitan ir a un centro para la desintoxicación del wokenismo. Necesitamos cambiar esto y no estar cambiando diccionarios y leyes», señaló.

Nada menos que el Consejo Editorial de Bloomberg —propiedad del multimillonario israelí-estadounidense Mike Bloomberg, un ultra globalista verdetitula que los Demócratas necesitan aprender de esta debacle ya que «sin un cambio de dirección las derrotas del partido en todo el país presagian más que dolor en las próximas elecciones intermedias».

Esto, en clara referencia a las legislativas del 2022, donde los Demócratas pueden perder su mayoría de cuatro votos en la Cámara de Representantes y de un solo voto (por el desempate de la vicepresidenta Kamala) en el Senado, cuando es frecuente que en las elecciones intermedias se suela votar en contra del partido del presidente en funciones.

No falta quienes atribuyan, entre otros factores, la derrota nacional de los demócratas a la catastrófica retirada en Afganistán de Biden quien, a nivel doméstico, se sumergió más en explotar la revuelta icónica en el Capitolio del 6/1, que en restañar las heridas de su país. Los demócratas centraron su disfuncional maniqueísmo contra la figura polémica del expresidente Donald Trump, quien, dígase lo que se diga, sigue gozando de una enorme popularidad en su partido.

Es curioso que la editorial de Bloomberg concluya que la «mayoría de los estadounidenses no anhelan una revolución. Se tendrán que conformar con un poco de ayuda».

No podían faltar las exequias y jeremiadas de la revista globalistaneoliberal verde The Economist, vinculada a los intereses bancarios de los Rothschild y su instrumento George Soros, que aborda «la calamidad que enfrentan Joe Biden y los demócratas», mientras «Joe Biden está naufragando», lo que «augura elecciones intermedias muy pobres el año entrante» cuando «su partido probablemente perderá sus mayorías en el Congreso».

¿Qué advendrá del espejismo de la especulativa economía verde de Biden y el exbanquero central banquista canadiense británico Mark Carney?

Según The Economist, Biden no tendrá margen de maniobra cuando confronta, además, una mayoría conservadora en la Suprema Corte. Peor aún: «más allá del año entrante,los prospectos de los demócratas son mucho más lúgubres».

A mi juicio, el grave error de Biden fue haberse salido de su legendario centrismo, que se pudiera catalogar de relativo centro-izquierda, para arrojarse a los brazos sectarios del wokenismo con tal de confrontar al inevitable trumpismo.

Llama la atención la fuerte crítica de The Economist al «ala izquierda» Demócrata y a la «clase activista de los educados universitarios» que dan por descontado que el «electorado adopta sus mismas actitudes raciales y el rol del gobierno como ellos», quienes, paradójicamente, son financiados por la subversiva Open Society de George Soros.

The Economist concluye que una fallida presidencia de Biden puede desembocar en otros cuatro años de Trump.

Dígase lo que se diga, el tectónico resultado de las elecciones seminales del 3 de noviembre arroja que EEUU giró al centro derecha.

Ahora como sucinta tesis, a reserva de una futura profundización, el triunfo del desconocido banquero del Grupo Carlyle, el hoy gobernador basquetbolista Glenn Youngkin, comporta tres supremas características:

  1. Ganó su mix de llevar como candidata como vicegobernadora a la afro-jamaiquina Winsome Sears, una marinede 57 años (cuyo marido es también un marine), orgullosa del sueño estadounidenseque colisiona con la agenda mayoritaria wokenistade los afro-estadounidenses que hoy controlan la ideología del Partido Demócrata, además del fiscal general estatal latino Jason Miyares, de 45 años;
  2. Su notorio localismo con temas eminentemente estatales como la educación y la seguridad; y
  3. Su relativa moderación equidistante entre la legitimización de Biden como presidente, sin chocar frontalmente con la fuerza apabullante del trumpismo.

Sea lo que fuere, Youngkin constituye la estrella ascendente del Partido Republicano a sus 54 años —frente a los 78 años de Biden, los 81 años de Nancy Pelosi, la amazónica lideresa de la Cámara de Representantes, y los 70 años del israelí-estadunidense Chuck Schumer, líder de la bancada demócrata del Senado— quien venció al banquero Terry McAuliffe, de 64 años, el gran operador electorero de los Clinton, quienes, con George Soros, resultaron los grandes perdedores a escala nacional, cuando los Clinton cosechan hoy las tempestades que sembraron con los vientos del fake Russiagate.

A mi juicio, otro gravísimo error estratégico de los demócratas fue su pésima campaña en Virginia enfocada a demonizar a Trump, que con los dos puntos adicionales con los que ganó el Republicano Youngkin, perdieron también la vicegobernación, la fiscalía general y el control del Congreso local.

Virginia exhibió que los dos temas de seguridad y de educación, no se diga la hiperinflación, pesaron mucho más que las personalidades. Los temas también son nodales.

La debacle de Virginia tendrá agudas repercusiones en México y el resto del mundo.

 

Fuente

También te puede interesar

Deja tus comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *