Releyendo a Fabricio Ojeda

Escrito por Alirio Liscano

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”, dice la poesía-canción.

Hace una semana cuando repasaba Hacia el poder revolucionario del líder guerrillero nacido en Boconó, fui sacudido por la partida de Darío Vivas, otro andino que se vino a<Caracas y se nos metió en el alma. Honor y gloria a los dos camaradas imborrables.

Apenas 37 años tenía Fabricio en 1966, cuando fue asesinado en el Palacio Blanco, Cuartel General del entonces Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (Sifa), a sólo cuatro días de haber sido detenido por los verdugos del mandatario Raúl Leoni.

José Vicente Rangel, diputado de toda una vida dedicada a la defensa de los derechos humanos, se hizo presente en el lugar y dejó testimonio del crimen. Yo había conocido a Fabricio de la mano de mi padre, en Barinas, en 1958, en un mitin “urredista”.

Desde 2017, merecidamente, el Chavismo llevó sus restos al Panteón Nacional.

Inmenso el legado del héroe Presidente de la Junta Patriótica de 1958, que encabezó la lucha cívico-militar contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Y que el Comandante Fidel Castro mencionó en su discurso del 13 de marzo de 1967 en la Universidad de La Habana llamándolo “raro ejemplo de político en Nuestra América” y contó que había abandonado las prebendas parlamentarias para marcharse a las guerrillas.

Con sus tres libros publicados, especialmente el mencionado arriba, Fabricio nos dejó una especie de “biblia” de la revolución venezolana. Hacia el poder revolucionario es un análisis sobrio, sereno, profundo, que habla por sí mismo de su alta calidad de líder.

Nuestra editora El perro y la rana lo reeditó en el reciente 2018. El Indice, como debe ser, señala todo el contenido del tomo. La revolución permitida o el reformismo proimperialista. La revolución verdadera, la violencia y el fatalismo geopolítico. El camino de la liberación y la mentalidad de poder. La guerra del pueblo y la debilidad de las clases explotadoras. La constitucionalidad democrática, la quiebra del poder formal y la paz.

El volumen libra una requisitoria contra el articulado de la “moribunda” Constitución de 1961, tipificándola como una norma aceptable en su programática pero convertida en “letra muerta” por la alianza imperio-oligarquía-políticos reformistas.

Ciertas ideas centrales son: Tanto el gobierno militar como el de democracia representativa han perdido vigencia en Venezuela. La hora de la revolución ha sonado en todos los relojes. La línea justa es luchar hasta vencer. Debemos discutir entre nosotros y pelear contra el enemigo. La fuerza de los pueblos no está en relación exclusiva con su número de habitantes, sino en función de su moral, conciencia y mentalidad de poder.

No se podrá alcanzar el pleno desarrollo de la actividad productora, el progreso de la nación venezolana, mayor nivel de vida para las clases populares y mayores ganancias para los hombres de empresa, sin conquistar el poder y derrotar a las clases privilegiadas. La base antimperialista y antioligárquica de nuestro proceso revolucionario plantea un género de alianza que está por encima de origen, credo político, concepción filosófica, creencias religiosas, situación económica y profesional y afiliación partidista de los venezolanos. En la creación de una mentalidad de poder por las clases populares, patrióticas y progresistas, el primer paso es liberarse del fatalismo geográfico y de las tesis de la invencibilidad del imperialismo. La política revolucionaria implica una ética revolucionaria: libera la propia conciencia del hombre y la despoja del afán de lucro. La política…se trajina en nuestro país como un “negocio lucrativo”.

Los partidos hechos para el negocio de la política tienen el límite que permiten los dueños del poder real. Por ello, el camino de la revolución no puede ser el mismo “permitido” por las clases opresoras. Y porque estamos dispuestos a no ceder ni un palmo de terreno en la lucha por la independencia de la patria y la conquista de los derechos democráticos para el pueblo, levantamos con absoluta

sinceridad la bandera de la paz. He aquí nuestra Bandea de Paz: Vigencia Plena de la Constitución Nacional; Libertad (Indulto General) para todos los presos Políticos Civiles y Militares; y Legalización de todos los Partidos. Recordemos a Chávez: Fabricio es uno de los fundadores del Socialismo del siglo XXI.

(Ver Fabricio Ojeda. Hacia el poder revolucionario. Caracas, El perro y la rana, 2018)

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