Anarquismo y memoria: 1ero de mayo

BREVE REPASO POR LA HISTORIA DEL 1° DE MAYO ANARQUISTA Y OBRERO.

El 1° de mayo de 1886, remite necesariamente a una fecha que está cargada de situaciones combativas, desplegadas por un amplio sector de obreros organizados en Chicago para reclamar distintas transformaciones laborales, entre esas, la disminución a 8 horas de trabajo. Se dieron como consecuencia de luchas emprendidas años anteriores, que fueron preparando el terreno para esta coyuntura que lamentablemente terminó en tragedia, y hoy se conmemora con cinco personas como símbolo, sometidas y asesinadas en la horca por la soberbia del poder el 11 de noviembre de ese mismo año, y a quienes culparon de haber cometido el asesinato de un policía en la Revuelta de Haymarket el 4 de mayo -momento más álgido-, tres días después de haber iniciado esta gran huelga.

Los años y las décadas que le sucedieron a este significativo hecho para las explotadas organizadas, también estuvieron colmados de intensas manifestaciones -con ascensos y descensos-, que no solo se situaron en Estados Unidos, sino que se trasladaron a distintos territorios del mundo, tanto así que, en Latinoamérica, específicamente en Argentina, sirvieron de inspiración para desplegar grandes movilizaciones que tendrán también un lamentable final de represión, como es el caso de la “Patagonia rebelde”. Un rasgo que caracterizó estos levantamientos, es que fue protagonizado por obrer@s organizad@s e identificad@s con vertientes ideológicas del Anarquismo y Comunismo, y de acuerdo a esta ética y práctica de acción política, desplegarán sus propuestas reivindicativas en el escenario fabril en contradicción con la patronal.

Frente a ese eclecticismo ideológico y ético, podríamos afirmar que en los hechos del 1° de mayo, “es imposible encontrar una [sola] memoria, una visión y una interpretación únicas del pasado” (Jelin, 2002: 5) ya que estuvo marcada por un grupo heterogéneo con sus formas distintas de conmemorar este evento, que marcó indefinidamente al movimiento obrero. Ahora, podemos observar a través del tiempo y el espacio situado, que esta implicación ideológica y política ha sufrido mutaciones discursivas, pero no para el avance de la ética Anarquista, sino por el contrario, menoscaba por la patronal y las concesiones de los sindicatos que negocian por comodidades burocráticas. Por ejemplo, al despojarlo de su carga combativa y de reivindicación, ha logrado posicionar la idea de “festejar” el día del trabajo y no el día internacional de las gentes explotadas y que trabajan en puestos precarios, porque evidentemente, no es lo mismo celebrar el trabajo, considerado meramente como un todo –poiesis, tarea o la práctica misma-, que además es asalariado, a conmemorar un día en el que l@s sujet@s  que lo llevan a cabo -personas trabajadoras y explotadas-, se movieron como clase para luchar por lo que consideraban justo, en ese momento.

Y debido a ese panorama, es que se hace necesario “una lucha política activa acerca del sentido de lo ocurrido, pero también acerca del sentido de la memoria misma” (Jelin, 2002: 6), es decir, al ser este escenario de memoria del 1° de mayo un campo de disputa por lo que significó y puede significar de una manera reinterpretada en los distintos territorios del mundo, porque “la memoria es portadora de una temporalidad que tiende a cuestionar el continuum de la historia” (Traverso, 2011: 43), pero que además permite hacer subyacente factores que por las asimetrías de poder, quedan relegados, como por ejemplo, el hecho de consolidar la idea de días nacionales de fiesta y no de lucha.

EL CASO DE NICOLÁS NEIRA EN 2005, 119 AÑOS DESPUÉS, DE CHICAGO A BOGOTÁ: OTRA “MUERTE [NO] ACCIDENTAL DE UN ANARQUISTA”

Transcurría el 1° de mayo de 2005, mañana soleada en Bogotá, quizás uno de esos días excepcionales que hacen en la ciudad altoandina, esa que, al estar a 2.600 metros sobre el nivel del mar, se ha caracterizado por albergar los 9, 12 y hasta 19°c. Todo estaba preparado para dar paso a la movilización que conmemora la huelga general del 1° de mayo y las revueltas obreras en Chicago [1886], que a su vez terminarían con 5 personas anarquistas condenadas a muerte.

En esta ocasión, se preveía un ambiente combativo, y no decepcionó a ninguna de las personas que esperaban la confrontación, ya que a la altura de la calle 19 con carrera 7 [séptima], se desató una convulsión donde estaban implicados el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) y las personas manifestantes. En esta zona particularmente se desencadenan las confrontaciones o “tropeles” -como es conocido coloquialmente en la jerga de resistencia popular colombaiana- en cada marcha del 1° de mayo, porque se encuentra un local de uno de los símbolos del capitalismo mundial: McDonald’s, que a su vez es objeto de piedras y artefactos que puedan ocasionar daños a su fachada.

La estela de gases lacrimógenos embargó el contaminado aire que recorre el centro de la ciudad, y además en el desconcierto dejó encerradas a muchas personas que se encontraban acompañando “la danza de los nadie”, entre ell@s, Nicolás Neira, un chico de 15 años que quedó atrapado entre el gas y los agentes del ESMAD, quienes no escatimaron en atacarlo, como una jauría de guardianes del mal, verdugos mercenarios de la élite económica local. Allí, no dudaron un solo segundo en apalearlo sin mesura, sin reparo. Golpes que lo dejaron herido mortalmente, con daños irreparables. Le movieron su masa cerebral, producto de la brutalidad policial, que le ocasiona la muerte el 6 de mayo, cinco días después en un hospital de Bogotá.

Nicolás se adhiere a una de las tantas víctimas del movimiento popular que ha dejado este escuadrón de la muerte desde su creación jurídica en 1999. Esta vez una persona que sentía afinidad por los principios anarquistas, una ética que toma la solidaridad e igualdad como un punto de partida, más no de llegada. Nuevamente una situación trágica empaña la historia de un movimiento que ha estado plagado precisamente de injusticias y asesinatos hacia sus activistas, por el hecho de pensar y actuar de una manera radicalmente diferente a la que imponen los valores capitalistas. Nuevamente en la impunidad, por cierto.

Una muerte más en el marco de un conflicto armado que “al 31 de marzo del 2013, el registro único de víctimas (ruv) reportó 25.007 desaparecidos, 1.754 víctimas de violencia sexual, 6.421 niños, niñas y adolescentes reclutados por grupos armados, y 4.744.046 personas desplazadas” (GMH, 2013: 33), bañando en sangre a un territorio donde no hay cabida para formas libertarias y solidarias de relacionarse. Un crimen más ocasionado desde el Estado, un crimen más que no se reconocerá porque no hay a quién acusar, pero sí a quién señalar de responsable.

Sin embargo, la justicia que se reclama desde el Anarquismo en movimiento, no necesariamente tiene que ver con la forma jurídica que exige un juicio hacia un autor material de este alevoso crimen. Pasa por reavivar y reinventar una lucha que está signada por múltiples tragedias que embargan a los movimientos populares cada vez que se conmemora esta fecha, como por ejemplo, la masacre en la Plaza Taksim en Turquía hacia 1977.

Esa reinvención de la que hablo, contempla las distintas formas de expresarnos para hacernos escuchar, incluyendo la de combatividad y confrontación social contra los enemigos de la libertad y solidaridad, pero que no se reduzca al culto inmisericorde de la violencia por la violencia, porque mientras tanto ¿cuántas personas siguen -acríticamente- deseando a las demás un “feliz día el 1° de mayo”? o pensando que el 1° de mayo es el día del trabajo y no de las gentes explotadas. Podría responder empíricamente que son muchas, pero a esas personas sencillas y trabajadoras, habrá que desplegar una pedagogía de la historia negada, a través de relatos y diálogos amables que permitan entender y revalorar esas circunstancias a nuestro contexto contemporáneo.

 

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