A las personas con conciencia: Los palestinos os piden boicotear a Israel

Escrito por Omar Barghouti

En su novela Beloved escribió Toni Morrison: “Las definiciones pertenecen a los definidores, no a los definidos”. Los palestinos han aprendido por las malas que, a menos que nos definamos claramente nosotros mismos, nuestra opresión y nuestras aspiraciones, lo hará el opresor hegemónico, borrando nuestro futuro y sojuzgando nuestro futuro.

A veces nuestras definiciones aparecen cuando no se las espera. Hace tres días, tras un ataque áereo cercano cuyo blanco era un barrio residencial de la ciudad de Gaza y que hizo estremecerse su edificio, la joven hija de una amiga mía corrió aterrada a los brazos de su madre, temblando. Se cuestionaba: “¡Quiero ser valiente, mamá, pero no sé cómo cuando la muerte está tan cerca!” Su exclamación, durante una matanza televisada, define el valor. Los palestinos hacen trizas nuestro miedo todos los días y mantienen la esperanza, trabajando para asegurarla, de que este valor inspire a millones de personas para elevar la voz y actuar de forma eficaz con el fin de terminar con la complicidad con la opresión de Israel.

La actual guerra israelí contra los palestinos – en Gaza, Jerusalén, Lydd, Acre, Haifa y otros lugares – y la resistencia palestina evocan múltiples definiciones. Conflicto, apartheid, resistencia, represalia, autodefensa, periodismo ético, coexistencia y justicia se encuentran entre las definiciones acaloradamente discutidas. A veces el debate mismo se utiliza para justificar un inmoral enfoque “de-ambos-lados” que frustra la indignación y el deber de actuar.

Recordando al mundo esta obligación, y protestando por los horrendos ataques de Israel, algunos de los cuales muchos palestinos definen como una Nakba en curso, los palestinos de todas partes siguieron una huelga general el martes [18 de mayo]. Por medio de la misma, afirmamos nuestra unidad como pueblo autóctono en una busqueda global de la liberación, y reiteramos nuestro llamamiento a una solidaridad internacional significativa, sobre todo en forma de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS).

Inspirado por la lucha contra el apartheid sudafricano y el movimiento de derechos civiles norteamericano, el movimiento BDS no violento y antirracista se lanzó en 2005 gracias a la coalición de mayor amplitud de la sociedad palestina. Apela a la terminación de la ocupación israelí de 1967, a sostener el derecho de los refugiados palestinos a regresar a sus tierras y a acabar con el sistema de dominación racial legalizado e institucionalizado por Israel, que se ajusta a la definición de apartheid de las Naciones Unidas, tal como recientemente reconoce Human Rights Watch.

Durante años, Israel ha ido librando una guerra sin cuartel de represión contra el BDS, debido en parte al destacado papel de éste en la popularización del análisis del apartheid de Israel entre estudiantes, personal académico, artistas y sindicatos, así como entre movimientos de justicia social, racial y climática. El reconocimiento por parte de Israel del impacto “estratégico” del BDS a la hora de movilizar una solidaridad internacional efectiva con la lucha de liberación palestina es otro factor clave.

Pero quizás el factor más importante detrás de la guerra de Israel contra el BDS es el hecho de que el movimiento ha hecho añicos la apatía de los que no se preocupan y la inacción de quienes no se preocupan lo suficiente. El BDS ha redefinido drásticamente la solidaridad con la lucha palestina por la libertad, la justicia y la igualdad, como obligación ética para acabar con la complicidad, por encima de todo lo demás. Frente a la opresión flagrante en cualquier lugar son inmorales la apatía y la inacción, cuando uno tiene la capacidad de actuar sin sufrir de modo significativo. Bastante más inmoral resulta, con todo, cuando uno tiene no sólo la capacidad sino el deber de actuar a causa de la complicidad del Estado o la institución propias en el sistema de opresión.

Cuando estados más o menos democráticos, como los EE.UU., Alemania y Francia, le proporcionan a Israel financiación militar o armamento, o lo protegen de las sanciones y la rendición de cuentas de acuerdo con el Derecho internacional, se convierten en cómplices de los crímenes de Israel contra los palestinos.

Cuando las empresas se benefician del suministro de bienes o servicios que permiten a Israel mantener su régimen de ocupación y apartheid, se vuelven cómplices.

Cuando los fondos soberanos o los fondos de inversión de iglesias o universidades mantienen sus acciones en esas empresas, se hacen cómplices.

Cuando hay artistas que cruzan un piquete del BDS palestino y participan en actos en Israel, o patrocinados por Israel, se vuelven cómplices.

Toda esta complicidad genera la responsibilidad ética de actuar, de impedir que el dinero de sus impuestos y aquellos que hablan en su nombre sean socios de Israel en los implacables intentos de Israel de convertir Gaza y otros guetos palestinos en “zonas de no ser”, como las llamaría Frantz Fanon.

La estimulante explosión en los últimos días de una solidaridad sin precedentes con los palestinos indica que millones de personas alrededor del mundo cumplen hoy con este deber ético y que muchos de ellos actúan para llevar a cabo el cambio, incluso a escala política. Brillante ejemplo de ello es la declaración del Movement for Black Lives, que exigió recortar los 3.800 millones de dólares de financiación militar anual [norteamericana] a Israel e imponer sanciones “hasta que Israel cese en sus prácticas de apartheid y en su proyecto colonial de asentamientos”. Entre las legisladoras, Alexandria Ocasio-Cortez tuiteó valerosamente: “Los estados de apartheid no son democracias”.

Importantes personalidades televisivas, entre ellas Ali Velshi, de la MSNBC y John Oliver, de la HBO, iconos musicales, como John Legend, y figuras de Hollywood, como Susan Sarandon, Viola Davis, John Cusack, Wentworth Miller y Natalie Portman, han expresado todos su solidaridad como nunca anteriormente, tuiteando algunos el famoso mapa de Palestina que va desapareciendo gradualmente bajo el colonialismo de asentamientos.

Sobre el terreno, los palestinos resisten todos los días el borrado de nuestra tierra, identidad y esperanza. En medio de las inquietantes imágenes de muerte y destrucción de Gaza, una imagen me dejó una mezcla visceral de angustia y esperanza. Es la imagen de un joven, Amara Abu Ouf, que hacía la V como señal de victoria mientras le rescataban de debajo de los escombros de un edificio de Gaza aplastado contra el suelo por una bomba israelí. Es la definición del Fénix que resurge de sus cenizas, se podría decir. Pues bien, esa es hoy la definición del palestino.

The Guardian, 19 de mayo de 2021

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