"...quizás el grito de un ciudadano puede advertir la presencia de un peligro encubierto o desconocido".

Simón Bolívar, Discurso de Angostura

Operación Trump, ¿Resolución Absoluta? Para Nada…

Por Francisco Cedeño Lugo/Red Angostura

La operación “Trump Resolución absoluta” contra Venezuela y el secuestro de presidente Nicolás Maduro y su esposa la diputada Cilia Flores, han de calarse y calibrarse con base del “Corolario Trump a la Doctrina Monroe”, esto es, de la Estrategia de Seguridad de Estados Unidos 2025 y del objetivo imperial de revertir la correlación de fuerzas geopolíticas que destituye la posición hegemónica de los Estados Unidos y neutralizar a la República Bolivariana de Venezuela, en tanto un núcleo duro y atractor fundamental de un sistema mundo simétrico y equilibrado, basado en naciones soberanas, pueblos autodeterminados y relaciones interestatales democráticas.

Este artero y cobarde ataque, típico de todo imperio y de las oscuranas fascistas que lacera hasta lo indecible el derecho humanitario e internacional, nos sitúa en el umbral de una guerra mundial y también nuclear; esa es la línea opaca y sombría que el actual administrador de la Casa Blanca y del Pentágono no cesan de vulnerar.

El tope de “La operación, Trump Resolución absoluta”, nada tiene que ver con la retórica de “una transición neocolonial negociada” o el desatino de “un cambio de régimen sin un golpe de estado”. Y menos aún, con el delirio de que “la Administración Trump espera utilizar a su favor los mecanismos de la Constitución Bolivariana para una transmisión interna del poder, porque Trump quiere evitar una invasión militar territorial dado que desestabilizaría a toda América Latina”.

El propio asunto para el gobierno profundo de Estados Unidos es que, en la actualidad, la imparable dinámica geopolítica hacia un sistema mundial de relaciones interestatales democráticas y el evidente empuje de la resiliencia de Venezuela durante casi treinta años le dejan en su poder escasas barajas políticas y por tanto una muy limitada capacidad de maniobra para movilizar y usar su innegable poderío bélico. Y entonces, sus administradores han de hacerse cargo de tan endeble posición (interna y externa), en términos relativos.

En este sentido “La operación, Trump Resolución absoluta”, significa la postrera deriva colonial de 1823, de la Doctrina Monroe versionada al modo de la Estrategia de Seguridad Nacional 2025; Estrategia enfocada en “que las corporaciones estadounidenses controlen todos los recursos naturales del hemisferio occidental, incluidos minerales críticos y elementos de tierras raras.”

No puede pasar desapercibido ni desestimarse el real problema que subyace en la estrategia del gobierno profundo de Estados Unidos para reposicionar de nación hegemónica e imperialista, ha de sacarse (si tal cosa es posible) el hueso que tiene atravesado en la garganta: la prolongada recesión económica de la mitad de 1970 a la fecha, de la economía mundo capitalista, de las potencias capitalistas atrincheradas en el G7 y el Foro Económico Mundial. Mientras que en este periodo emergen poderosas potencias económicas y militares, y un universo nuevo de naciones soberanas y el Sur Global.

La ola neoliberal (de privatización de la Cosa Pública, destrucción del estado de bienestar, liberalización de mercado y las políticas económicas del Consenso de Washington) se evidenció inhabilitada, durante tres décadas, para relanzar el capitalismo tardío y encalla en la crisis del 2008-2010, en la circunstancia de un límite cero del sistema de producción capitalista.

Al margen de locuacidades, Trump sabe muy bien que este es el auto entrampamiento del gobierno profundo y las oligarquías del dinero. He ahí porque en su esperpéntica conferencia, no le queda de otra que la presentación de sus cartas abiertas sobre: “Yo gobernaré a Venezuela… Haremos que nuestras gigantescas compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, entren, gasten miles de millones de dólares y empiecen a ganar dinero. Estamos en el negocio del petróleo y vamos a extraer una enorme cantidad de riqueza del suelo.”

Así se les va el yoyo a los supremacistas, sin reservas sueltan la neta: el asunto es robarse más que apropiarse de la riqueza energética, mineral, las tierras raras de Venezuela, para reposicionar el control del imperialismo de la cadena global del suministro de los “minerales y energías críticas”, tal como ha sido planteado en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025,

Asimismo, el corolario Trump de la Doctrina Monroe, proyecta la hasta ahora inviable reindustrialización de EEUU, mediante la relocalización de la plataforma industrial y la producción manufacturera de propietarios privados, en Nuestra América, con base del supuesto de los “bajos salarios”, cuando ya es obvio que este esquema ha sido desplazado y sustituido en la República Popular China.

La operación “Trump Resolución absoluta”, regulada por la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, resulta del imperativo imperialista de “identificar puntos y recursos estratégicos en el hemisferio occidental… oportunidades estratégicas de adquisición e inversión para empresas estadounidenses… de una manera muy contundente en nuestra región.” Esto es, para crear valor y acumular capital de un modo insólito, solapando las causas de la prolongada onda de ralentización de la economía mundo capitalista.

La operación “Trump Resolución absoluta” no es el alcance de una acción en el escenario de una Venezuela situada en una red de mate, de una supuesta víctima propicia para una estocada final; Trump ha alardeado de una impecable “victoria” militar que le aseguraría a EEUU recuperar el control de Nuestra América en vez de la consecuencia obvia: la inestabilidad estratégica de nuestra región, de Latinoamérica y el Caribe, de Nuestra América en tanto una “zona de paz”, que deja al descubierto, “en pelotas”, al supuesto de EEUU en tanto la garantía de la seguridad mundial y del derecho internacional y emplaza al imperialismo en un amplio campo de conflictos a escala mundial y en el seno de la sociedad norteamericana.

Después del 2 de enero del 2025, la Casa Blanca y el Pentágono violentaron los puentes entre Estados Unidos y la mayoría de los países del planeta Tierra; a partir de entonces, EEUU ya no es más un “socio” fiable sino un potencial y real enemigo, reducido a la aclamación de gobiernos vasallos; mientras, el chavismo elude la respuesta inmediata de generalizar el conflicto bélico, asumiendo una política muy similar a la de los días posteriores de la emboscada fascista del 28 de julio del 2024. Tras del clima político e institucional, posterior a la campaña de bombardeo del 2 de enero, está activo y movilizado un pueblo reflexivo y consciente que olfatea y gestiona posibilidades históricas y una dirección político-militar apropiada de una ética de la responsabilidad política, haciendo imposible cualquier forma de rendición que sucumba la República Bolivariana de Venezuela, nuestro escudo y espada constitucional; y, avanza un proceso urgente de reordenamiento de las fuerzas revolucionarias y democráticas de Unidad de la Nación; e inmediatamente es transparente que: Tenemos Presidenta encargada, Delcy Rodríguez Goméz, en pleno ejercicio de sus competencias constitucionales.

Tenemos la Comisión de Seguridad de la Nación, en tanto expresión de la unidad de nuestra nación.

Tenemos el poder de legislar con base de la Constitución de 1999, el Tribunal Supremo Justicia…

Tenemos Asamblea Nacional para el periodo legislativo 2025-2026

Tenemos en pie la economía, el sistema financiero y los servicios públicos, de la nación.

Tenemos en pie de lucha la fuerza institucional de los Ministerios, la totalidad de las Gobernaciones y Alcaldías.

Tenemos en combate las fuerzas militares y de seguridad. Y la estructura de las milicias populares.
Un pueblo, nuestras fuerzas comunales, obreras, sociales, organizadas y desplegadas por el territorio de la Patria.

El “parte de guerra” de Trump sobre el 2 de enero, es sobre una batalla de una guerra prolongada, aún inconclusa, ajustado al guion de las últimas dos décadas, cuando Estados Unidos ha usado su poder fuego y realiza operaciones militares de alta monta y envergadura, que inmediatamente el administrador de turno de la Casa Blanca y el Pentágono etiquetan de proyectadas concluyentes.

Durante las dos primeras décadas del siglo XXI, el imperialismo estadounidense: Invade a Afganistán en 2001, sucumbiendo veinte años después de anunciar incontables veces que habían triunfado, para finalmente retirar sus fuerzas militares después de una derrota humillante; un revés bélico sin paliativos, inscrito en la nuca del imperialismo.

Invade a Irak en marzo del 2003, la guerra de la mentira sobre las “armas de destrucción masiva” (léase nucleares) en poder de Irak, jamás encontradas por las fuerzas militares y la CIA, los supuestos vínculos de Sadam Husein con Al Qaeda y de la cárcel de Abu Ghraib (léase centro de violación masiva e intensiva de los derechos humanos de los prisioneros iraquí). Tal como lo demuestra un analista externo de inteligencia y contrainteligencia, y un arsenal de informaciones y artículos de prensa: Nada de esto era cierto. No se encontraron en armas de destrucción masiva Irak tras la invasión… “manipulaban la inteligencia para justificar lo que ya habían decidido».

De Irak, las fuerzas militares se retiraron, oficiosamente, el 1 de mayo de 2003, y el presidente George W. Bush, proclama que la “Misión había sido cumplida”. Sin embargo, para el pueblo iraquí la guerra de resistencia continua hasta diciembre del 2011, cuando efectivamente el ejército imperialista, sin la misión cumplida y dejando un caos y un mundo de horror de por medio: la Casa Blanca y el Pentágono no han podido eludir esa bala de plutonio.

Resulta que al igual que el relato del “Cartel de los soles” y de Nicolás Maduro como presidente de un “narcoestado”, lo de las armas de destrucción masiva, se trata de una impostura, de una justificación para creíble. En ese brete, que deslegitima los argumentos de la invasión de Irak, Donald Rumsfeld (para entonces Secretario de Defensa de los Estados Unidos) presenta su galimatías (con presunciones epistemológicas y filosóficas).

Hay cosas que sabemos; lo conocido; hay cosas que sabemos que no conocemos; lo desconocido que sabemos pero que no conocemos; hay cosas que no conocemos, que nos son desconocidas. Este desorden es más que una palabrería para disimular una política o una operación militar, y nada tiene que ver con el principio, “ante la duda ataca”.

En el momento, Slavoj Zizek percibe esta “lógica” como un síntoma, esto es, reinstalando aquella que había sido excluido por Rumsfeld, las cosas conocidas que desconocemos, que Rumsfeld sabe y a la vez desconoce porque el es un experto en planificación estratégica y la gestión de proyectos. Entonces, el conjunto completo sería: hay cosas que sabemos que sabemos; hay cosas que sabemos que no sabemos. Desconocidas conocidas; hay cosas que no las conocemos; y las que sabemos que desconocemos.

Veamos, la lógica de Rumsfeld desde la esquina de enfrente. Muhammed Saeed al-Sahaf (ministro de información del gobierno de Saddam Husseim), negó hasta el último momento; que, tras el ataque del ejército invasor, EEUU controlaba Bagdad e Irak, diciendo que “Ellos no están al mando ni de ellos, ¡no se controlan ni siquiera a sí mismos!». Una vez, Slavoj Zizek presenta una interpretación correcta de esta negación que lucía absurda, tomando nota sobre el escándalo del centro de torturas y crímenes Abu Ghraib que vislumbraba la verdad de Muhammed Saeed al-Sahaf: los norteamericanos ni siquiera se controlan a sí mismos, y también la verdad oculta en el galimatías de Donald Rumsfeld, quien interrogado por periodistas sobre las fotos y videos sobre las violaciones y asesinatos declara la neta de la verdad: “…las reglas de la Convención de Ginebra están «fuera de tiempo» con respecto a la guerra de hoy.”, recordándose de cosas conocidas que él conocía, pero que él había disimulado no conocer.
Recientemente Giogio Agamben introduce un giro sobre este asunto de lo conocido que se desconoce, o de la verdad repudiada como prefiere Zizek, en su artículo “Creer o no creer” (véase en Red Angostura); al respecto nos dice Agamben:

Para quien no cree, todo discurso es falso, pues a la falta de fe solo corresponde el silencio… Si cree…en su propia incredulidad, destruye el propio fundamento sobre el que se sostenía. Creer que no se cree es la peor de las mentiras, en la que quien la pronuncia no puede sino quedar aprisionado. Y es esta mentira… la que conducirá al sistema a la ruina.”

En marzo de 2011, el Pentágono y la OTAN desarrollan una campaña de bombardeo contra Libia, asesinan a su presidente Muamar el Gaddafi destruyen esta nación africana; esta barbarie corre por cuenta Barack Obama, el presidente estadounidense de decreta a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria, con base del principio obamista-clintonniano , la responsabilidad de proteger.
El relato oficial enuncia que esta invasión finaliza con la “victoria” de EEUU y el control total de Libia por un “Consejo Nacional de Transición” que luego es disuelto (el 2012) con base de la figura de Congreso General de la Nación. Sin embargo, todavía hoy la guerra continúa, los sucesivos gobiernos instalados por Estados Unidos se han desintegrado; 14 años después existen dos gobiernos y asistimos al despedazamiento de Libia por por parte las bandas mercenarias de la CIA y la Unión Europea, en tanto el alcance de una campaña de bombardeo por el petróleo, el oro y el agua de Libia.
EEUU, en las intervenciones militares contra Libia, Afganistán e Irak, la Casa Blanca y el Pentágono han apelado al expediente de los sistemas de gobierno directo (direct rule), que es característico de la administración y explotación colonial e imperialista en Africa y Asia, para así eliminar la soberanía de las naciones y la autodeterminación de los pueblos. Y en los tres casos, el denominador común es: regímenes corruptos, consolidación del narcotráfico, la “normalidad” de los fraudes financieros, el deterioro de las condiciones de vida del pueblo y un periodo prolongado de inestabilidad política, guerras civiles y violación sistemática de los derechos humanos.
La figura de “protectorado militar” es muy útil para ilustrar el despropósito de Trump de insinuar una forma de gobernanza de Venezuela, a cargo de funcionarios de la Casa Blanca y el Pentágono. Ambas formas, la del gobierno directo o del Protectorado, tienen por requisito imprescindible que la fuerza militar del país invasor, ejerza el control del país invadido y éste renuncie a su soberanía e independencia, a su autonomía política, cultural, económica, territorial y militar: al derecho universal a la RESISTENCIA POLÍTICA-MILITAR. Y es obvio, que la operación “Trump Resolución absoluta” carece de ese alcance y que este no es el caso de la República Bolivariana de Venezuela.
Los cuartos de guerra del gobierno profundo de EEUU supusieron que la operación del 2 de enero devastaría las fuerzas chavistas, y/o desencadenaría la desamortización del pueblo venezolano y nulificaría su núcleo duro; a un punto tal que, en esas condiciones nos sentarían en una mesa de negociaciones “pidiendo cacao” y dispuestos a auto inmolarnos. Nada de eso. Esto es, no estamos:
Interpelados por la foto “final de una película que lleva rodando desde hace dos décadas” y culmina con el supuesto trumpista de “un éxito militar”; por una operación militar que corona el “vaciamiento institucional” de la nación venezolana, que neutraliza y hasta destituye la idea de nación y la identidad de pueblo forjada por la revolución bolivariana. Dicho así
¿A qué le tira cierta izquierda con su relato de que “El secuestro de Maduro es el inicio de una larga noche de sumisión”?
Al contrario de esta presunción, la operación “Trump Resolución absoluta” enfatiza, dicho en lenguaje del ajedrez, el “tormento y la angustia posicional” del gobierno profundo de EEUU. Y sería un equívoco que sea traducido, desde ya, su alcance inmediato con una victoria contundente y/o estratégica. No es lo mismo vociferar “un éxito militar” que confrontarse con la carta de navegación política del chavismo.
La Revolución Bolivariana no es una mera revuelta ni el chavismo es cualquier montonera, al contrario, Donald Trump y su tropel carecen de visión y proyecto estratégico.
Consideraciones finales:
1. In extremis, qué explica el secuestro del Presidente Nicolás Maduro:
La “Trump Resolución absoluta”, no es una jugada maestra sino una movida en el medio juego que tiene por finalidad el relanzamiento de un plan de EEUU para controlar la oferta global de petróleo o tener el control energético global y redireccionar el tránsito geopolítico hacia un orden multicéntrico y multipolar, excluyendo a China y Rusia, sí se apoderase de la nación con las mayores reservas petroleras del mundo. Este es el verdadero problema que apenas comienza, él que ha de seguirse puntillosa y exhaustivamente. Y en estas circunstancias, no hay lugar para los berrinches.
2. Dicho en Mao:
“En la historia de las guerras, ha habido casos en que después de una serie de victorias, una sola derrota redujo a la nada todos los éxitos logrados; ha habido también casos en que después de numerosas derrotas, una sola victoria produjo una nueva situación. Aquí la «serie de victorias» y las «numerosas derrotas» eran de carácter parcial y no decisivas para la situación en su conjunto, en tanto que la «sola derrota» y la «sola victoria» fueron factores decisivos. Todo esto explica la importancia que tiene el tomar en cuenta la situación en su conjunto… Para determinar qué es importante y decisivo, no hay que partir de condiciones generales o abstractas, sino de condiciones concretas… ¿Cuál es ese método? … conocer a fondo todos los aspectos de la situación del enemigo y de la nuestra, descubrir las leyes que rigen las acciones de ambos lados y aplicarlas en nuestras propias acciones… todo plan militar debe basarse en un indispensable reconocimiento y en un esmerado estudio de la situación del enemigo, la situación propia y las interrelaciones de ambas… El proceso del conocimiento de una situación no sólo tiene lugar antes, sino también después de la formulación del plan militar… En este lapso es necesario comprobar de nuevo si el plan trazado en el proceso anterior corresponde a la situación real. Si no corresponde o no corresponde plenamente, es necesario… modificar el plan inicial de modo que corresponda a la nueva situación… Una persona impulsiva que no comprenda la necesidad de rectificar su plan o no quiera hacerlo… se romperá inevitablemente la cabeza contra el muro… Todas las leyes o teorías militares que tienen carácter de principio, son la síntesis de la experiencia de guerras pasadas… Debemos estudiar con seriedad estas lecciones … Esta es una tarea. Pero hay otra: comprobar con nuestra propia experiencia las conclusiones extraídas… y agregar lo que es específicamente nuestro. Esta última tarea es muy importante, pues de no cumplirla, no podremos dirigir la guerra.” (Véase, “Problemas estratégicos de la guerra revolucionaria de china” en Seis escritos militares del presidente Mao Tse-Tung, https://www.marxists.org).

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