"...quizás el grito de un ciudadano puede advertir la presencia de un peligro encubierto o desconocido".

Simón Bolívar, Discurso de Angostura

100 años del caso Sacco y Vanzetti

Por Pablo Sánchez

 

Este año se cumple el centenario del montaje policial en los Estados Unidos contra dos militantes anarquistas de origen italiano, que los llevó a la muerte 7 años más tarde y generó un movimiento internacional de solidaridad. En su momento, millones de obreros socialistas, comunistas y anarquistas salieron a la calle para denunciar el atropello: fueron Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti.

El acontecimiento se produce en la etapa al final del «susto rojo»(Red scare): tres años de persecución policial de activistas, sindicalistas y activistas de izquierda en suelo americano en el que sufrieron detenciones masivas, encarcelamientos y expulsiones hacia Europa (el lugar de origen de muchos de ellos) como mecanismo del gobierno y del establishment para luchar contra la influencia de la Revolución Rusa en los Estados Unidos.Durante ese periodo, los periódicos exacerbaron la xenofobia hacia los extranjeros, ya que los partidarios del anarquismo y del socialismo solían ser inmigrantes de origen europeo (muchos de ellos judíos, italianos, etc.). Se calcula que fueron expulsados más de 500 individuos, incluidos varios destacados líderes de la izquierda como Emma Goldman. Sin duda, los más conocidos de todos los activistas encarcelados en esa época fueron Sacco y Vanzetti.

Al igual que en Europa, los años de 1919 y 1920 fueron difíciles en los Estados Unidos debido a la inflación. El auge del sindicalismo provocó muchas huelgas en todo el país. En 1919, hubo 4,1 millones de huelguistas exigiendo mejores salarios y menos horas de trabajo. Algunas huelgas degeneraron en violencia y provocaron enfrentamientos en varias ciudades importantes, como Boston.

En la América de los años 20, los trabajadores de origen afroamericano y latino (negros en la terminología de la época) y los trabajadores inmigrantes, ganaban de promedio la mitad que un norteamericano blanco. La clase dirigente americana financió la incitación al odio racial. Fue la época dorada del Ku Klux Klan. Los negros y los activistas obreros eran rutinariamente golpeados, mutilados y asesinados. Los periódicos burgueses propagaban el odio contra los extranjeros, contra el sindicalismo y el comunismo haciendo una amalgama parecida a la que hace hoy en día la Alt-right (extrema derecha). Este período sentó las bases del McCarthyismo en los años 50.

¿Quiénes eran Sacco y Vanzetti?

Vanzetti era originario de Cuneo, en el norte de Italia. Estudioso de las teorías sociales revolucionarias y lector autodidacta. Después de llegar a los Estados Unidos, trabajó durante dos años como lavaplatos en un restaurante de Nueva York, fue contratado periódicamente en granjas de Connecticut, trabajó en las canteras de Meriden y en el ferrocarril de Springfield, antes de establecerse finalmente en Plymouth, Massachusetts. Vanzetti estudió la Divina Comedia de Dante y otras obras de la literatura clásica que interpretaba en teatros para obreros. Leyó a Marx, Darwin, Tolstoi, Hugo y Zola… Era uno de esos obreros autodidactas que tanto encontramos en el movimiento obrero anterior a la Primera Guerra Mundial. En 1917, se estableció en México hasta el final de la guerra. En Plymouth, dirigió una huelga en una fábrica de cuerdas, por ello fue despedido de su trabajo y puesto en una lista negra. Eso le llevó a una lucha constante para encontrar trabajo y sobrevivió vendiendo pescado de manera ambulante. Era el trabajo que realizaba cuando fue detenido.

Sacco era originario de la provincia italiana de Foggia, y se estableció en las afueras de Boston. Sucesivamente, fue vendedor de agua ambulante, trabajador de una fundición en Hopedale, y obrero en la Milford Shoe Company (de 1909 a 1917). Fue también a México hasta el final de la guerra. A su regreso, fue contratado en la fábrica de Michael J. Kelly, un fabricante de zapatos. Kelly lo consideraba un trabajador modelo. Pero Sacco también era un revolucionario activo. Participó en piquetes y manifestaciones… Se llamaba a sí mismo socialista, luego anarquista… Para ayudar financieramente a diversos huelguistas, él y su esposa, Rosina, a veces actuaban en las calles de los barrios italianos.

El modo de vida de ambos refleja las condiciones de vida de millones de obreros que antes de la Primera Guerra Mundial saltaban de un empleo a otro siguiendo los vaivenes del mercado, una situación que recuerda a los que algunos llaman el ‘precariado’ y pretenden haber inventado en esta etapa del capitalismo. Hace 100 años, importantes sectores de la clase obrera tenian condiciones laborales comparables.

Sacco y Vanzetti también hicieron campaña contra el arresto y la deportación de sindicalistas, comunistas y anarquistas, algo que era muy frecuente en los Estados Unidos entre 1917 y 1920. De hecho, en 1917 el joven sindicalista de origen irlandés, Tom Mooney, fue condenado junto a Warren K. Billings por un atentado en San Francisco en 1916. Fue considerado por muchos como el culpable de un atentado que no había cometido, por lo que pasó 22 años en prisión antes de ser indultado. Es interesante que la primera vez que Lenin aparece en la historia de la prensa norteamericana fue como líder de una manifestación en Petrogrado en el verano de 1917, en solidaridad con los miembros del sindicato Industrial Workers of the World-IWW (los wobblies), Warren y Billings.

En febrero de 1920, el tipógrafo anarquista italiano Andrea Salsedo fue arrestado en Nueva York. Vanzetti fue allí para averiguar sobre el caso. Pero poco después, el 3 de mayo, Salsedo cayó desde el piso 14 del edificio del Departamento de Justicia. ¿Había sido arrojado al vacío por la policía – o había saltado, empujado al límite por ocho semanas de detención e interrogatorio? Inmediatamente, Sacco y Vanzetti organizaron una reunión de protesta. Iba a celebrarse en Brockton el 9 de mayo. Pero el 5 de mayo, los dos activistas fueron arrestados por la policía, que les encontró los folletos que anunciaban la reunión.

Montaje

Inicialmente arrestados por actividad sediciosa, pronto fueron acusados de un robo en la firma Slater y Morill en South Braintree el 15 de abril de 1920, en el que murieron dos empleados. Vanzetti también fue acusado de otro robo en Bridgewater.

En el juicio por este último robo, el juez Webster Thayer, conocido por su odio a los «rojos» y sus prejuicios contra los «forasteros», se dirigió al jurado diciendo durante el proceso: «Este hombre, aunque no haya cometido el delito que se le imputa, es sin embargo moralmente culpable, porque es el enemigo del orden establecido». Vanzetti fue condenado a una pena de prisión de 12 a 15 años. El juicio de los dos hombres por el robo y doble asesinato de Braintree tuvo lugar en mayo de 1921 en Dedham, Massachusetts. Fue presidido por el mismo juez.

Encadenados y encerrados en una jaula, los dos hombres se defendieron valientemente. Pero para la prensa de la burguesía americana, su culpabilidad estaba fuera de toda duda. Los que defendían a los activistas fueron acusados de azuzar contra el patriotismo y el sentido común. El perímetro del tribunal estaba custodiado por policías armados con rifles y ametralladoras. Se desató una campaña de histeria contra los «rojos», que eran vistos como terroristas y asesinos. La atmósfera en el juzgado no pudo evitar ser afectada por dicho contexto. Las pruebas y los testimonios exculpatorios se ahogaron en una avalancha de prejuicios políticos y racistas. En sus instrucciones al jurado, el juez Thayer jugó la carta patriótica: «Piensen en uno de nuestros jóvenes soldados que dio su vida en los campos de batalla de Francia. Le pido que nos hagan un servicio aquí con el mismo espíritu patriótico que nuestros jóvenes mostraron en el extranjero”.

Varios testigos oculares de la fiscalía –una prostituta a la que se le había prometido un trabajo regular, un delincuente convicto que testificaba bajo un nombre falso– fueron más que cuestionables. Lawrence Letherman, un funcionario del Departamento de Justicia de Boston, y Fred Weyand, un agente especial del Departamento de Justicia de Boston, presentaron declaraciones juradas que atestiguaban una incriminación de los dos activistas. Estos dos testigos, de los que difícilmente se podía sospechar de simpatías «rojas», afirmaron posteriormente que las autoridades federales estaban convencidas de la inocencia de Sacco y Vanzetti, pero querían condenarlos y ejecutarlos por sus ideas y actividades políticas. Según la declaración jurada de Letherman, por ejemplo: «el Departamento de Justicia de Boston quería encontrar pruebas suficientes contra Sacco y Vanzetti para obtener su deportación, pero no pudo hacerlo». En opinión de los funcionarios del Departamento, una condena por asesinato contra Sacco y Vanzetti sería una forma de deshacerse de ellos. Los oficiales que conocían el caso estaban convencidos de que no tenían nada que ver con el crimen de Braintree».

Numerosos testigos declararon que vieron a los dos hombres fuera de Braintree el día del doble asesinato. Entre ellos, un empleado del consulado de Boston dijo que Sacco estaba allí ese día para conseguir un pasaporte. Se preparaba para visitar a su padre en Italia. Hasta 31 testigos dijeron que ninguno de los hombres involucrados en el robo era Vanzetti, y otros 13 dijeron que lo vieron vendiendo pescado en Plymouth en el momento del crimen. Despreciando estos testimonios, el juez Thayer dijo que la decisión del tribunal debería basarse no tanto en los testimonios, sino en «la conciencia [de los acusados] por haber hecho el mal». Después del juicio, el testimonio de las personas del círculo de Thayer indicó que el propio juez reconocía la inocencia de los dos hombres, pero consideraba que debían ser condenados para proteger a la sociedad. Con tal independencia del poder judicial no había ninguna duda del posible resultado del juicio.

La Campaña Internacional

El Socorro Rojo Internacional (SRI) hizo una gran campaña por los «Mártires Sacco y Vanzetti». El SRI fue fundado por la Internacional Comunista en 1922. La organización fue creada para que funcionara como una especie Cruz Roja internacional independiente de cualquier organización o confesión religiosa. EL SRI trabajaba junto con el Socorro Obrero Internacional (SOI) y era, por así decir, el ala más agitadora de las dos. El SRI condujo campañas de apoyo a los prisioneros políticos comunistas y anarquistas y reunía apoyo material y humanitario en situaciones específicas. El SRI estaba dirigido, entre otros, por Clara Zetkin y Tina Modotti (que durante la guerra civil española luchó en el Quinto Regimiento, siendo de origen italo-mexicana). Los jóvenes partidos comunistas hicieron del juicio de Sacco y Vanzetti un importante casus belli.

Durante seis largos años de procedimientos, controversia y protestas, Sacco y Vanzetti languidecieron en prisión. Se organizaron manifestaciones y peticiones en todo el mundo. En Francia, Inglaterra, Italia, Alemania, Brasil, China y la India, cientos de miles de trabajadores se movilizaron contra la flagrante injusticia de lo que los periódicos denominaron un «linchamiento legal».

En 1925, un joven criminal, Celestino Madeiros, condenado a muerte por asesinato y en espera de una apelación, confesó el crimen de Braintree. Su confesión fue detallada. La defensa de Sacco y Vanzetti solicitó un nuevo juicio. Pero el juez Thayer desestimó la apelación. La Corte Suprema dictaminó que no había errores en las decisiones de Thayer, y el 9 de abril de 1927, impuso la sentencia de muerte a los dos hombres. En un breve discurso, Nicola Sacco dijo: «Sé que la sentencia es una sentencia de clase, una lucha entre la clase oprimida y la clase rica. Siempre habrá una lucha entre ambas. Nosotros fraternizamos con el pueblo, les damos libros, literatura. Ellos persiguen a la gente, la intimidan, la matan”.

Un último esfuerzo para salvarlos –una petición de clemencia al Gobernador– no tuvo éxito, y los dos mártires de la causa obrera fueron ejecutados en la silla eléctrica la noche del 22 al 23 de agosto de 1927. Entre otros pidieron clemencia Albert Einstein, Marie Curie, Bernard Shaw, Orson Welles y Miguel de Unamuno, además de otros intelectuales, científicos, actores y organizaciones defensoras de los derechos civiles. El 21 de agosto, Bartolomeo Vanzetti envió una carta al Comité de Defensa que se había creado, que los apoyó hasta el final. Aquí hay un extracto de ella: «Amigos y camaradas, ahora que la tragedia de este juicio está llegando a su fin, tengan todos un solo corazón. Sólo dos de ustedes mueren. Nuestras vidas ideales. Ustedes, nuestros camaradas, vivirán por millones. No estamos derrotados. Haced un tesoro de nuestro sufrimiento, de nuestro dolor, de nuestras faltas, de nuestras derrotas, de nuestra pasión por las futuras batallas y por la gran emancipación”.

El 23 de agosto de 1977, exactamente 50 años después de su ejecución, el gobernador de Massachusetts Michael Dukakis absolvió a los dos hombres, los rehabilitó oficialmente y declaró que todas las deshonras debían ser eliminadas de sus nombres para siempre. Es nuestra tarea recordar el papel del Estado y el sacrificio de estos dos hombres.

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Un comentario

  1. Realmente conmueve la lectura este artículo, impecable la redacción que logra sintetizar lo ocurrido y trasladarnos al momento histórico como si en realidad estuviéramos viviendo el momento.

    La indignación que despierta debe convertirse en una luz de esperanza más en esta larga lucha por: «hacer humana la humanidad» como diría Ali Primera.

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