Reserva federal: ¿ampliación de la misión? ¿o especialización de la misión?

Escrito por Nathan Tankus

La semana pasada, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, dio un importante discurso en el que anunció que la Reserva Federal ya no ajustará la política monetaria sin ver primero signos de inflación. Esto contrasta con la anterior política «prudencial» de la Reserva Federal: endurecer la política monetaria para generar un mayor desempleo, simplemente porque el empleo estaba por encima de su estimación de «máximo empleo sostenible». La clave para entender este cambio es que esto no cambia el mandato de la Reserva Federal. Su mandato sigue siendo el máximo empleo y la estabilidad de los precios. Su anuncio tampoco es una prioridad del empleo sobre la inflación.

En cambio, lo que la Reserva Federal ha anunciado es un reconocimiento oficial de lo que se ha entendido mucho más comúnmente en los últimos cinco años: la relación entre el desempleo y la inflación no es actualmente lo que ellos pensaban que era. En opinión de la Reserva Federal, lo que ha cambiado no es su ponderación relativa de la inflación o del máximo de empleo, sino la relación empírica entre estas variables macroeconómicas.

Sin embargo, los partidarios de la política monetaria convencional consideran que este anuncio, y el contexto político más amplio, conduce a una pendiente resbaladiza de la extralimitación política de la Reserva Federal. Greg Ip, columnista del Wall Street Journal, articuló concisamente este punto de vista en su columna «Ampliación de misión en la Fed: pedir a la Reserva Federal que aborde las disparidades raciales y otros problemas complejos corre el riesgo de entrar en conflicto con otros objetivos». Lo que le preocupa a Ip por encima de todo es que algunos de estos «mandatos adicionales» llevarán a la Reserva Federal a no priorizar suficientemente la inflación. Como él dice:

El problema surge si el bajo desempleo prolongado o algún otro problema amenaza con aumentar demasiado la inflación. La Reserva Federal tendría entonces que elegir entre apuntar a la brecha racial de desempleo o apuntar a la inflación. La inflación parece un riesgo remoto hoy en día, pero no siempre lo ha sido. La historia también muestra que la alta inflación suele terminar con recesiones, que ahora sabemos que causan un daño duradero a los trabajadores desfavorecidos y pertenecientes a minorías.

Este argumento se basa en la noción de que un mandato explícito para considerar las disparidades raciales en el mercado laboral anulará el juicio prudente sobre el equilibrio entre empleo e inflación. Sin embargo, hay poca evidencia para sostener esta afirmación. De hecho, el reciente anuncio es en sí mismo una prueba de que la Reserva Federal no ha perseguido suficientemente su mandato de máximo empleo. Es mejor concebir un mandato explícito para tener en cuenta las disparidades raciales como parte de una conversación política más amplia que impulse a la Reserva Federal a tener una misión más centrada, no una misión más amplia. En otras palabras, los mandatos complementarios explícitos en torno a las disparidades raciales en el mercado laboral están destinados a definir el mandato de máximo empleo, no a anularlo.

Por otro lado, los mandatos explícitos que complementan los mandatos de máximo empleo y estabilidad de precios significan muy poco sin un público informado que exija su cumplimiento. De hecho, como la congresista Pressley y el historiador David Stein señalan, la legislación Humphrey-Hawkins de 1978 ya requiere que la Reserva Federal persiga la reducción de las disparidades de desempleo entre los subsectores marginados del mercado laboral y la población en general. Estas disposiciones, como gran parte de la ley Humphrey-Hawkins, ha demostrado ser inaplicable porque el Congreso no ha estado dispuesto a hacerla cumplir.

Los otros temas que menciona Ip no tienen un claro conflicto con los mandatos de «máximo empleo» o «estabilidad de precios». Tanto el cambio climático como la estabilidad financiera son asuntos de regulación financiera, no de política de tasas de interés. Por lo tanto, seguir estos objetivos no contradice claramente ninguno de los mandatos, especialmente porque se puede ver que algunos créditos «compensatorios» se destinan a empresas «verdes». Sin un claro conflicto de políticas, la narrativa de la «ampliación» de misión se desmorona. Puede que en la práctica sea cierto que la regulación financiera restrictiva no pueda ser compensada plenamente por una política monetaria expansiva, pero eso no es razón para abandonar una regulación financiera sensata en beneficio de la estabilidad financiera y la estabilidad climática. Esto nos lleva a la cuestión de la política fiscal.

Ip y otros pueden tener razón en última instancia cuando dicen que la Reserva Federal necesita más herramientas expansivas de las que tiene actualmente para responder a todos estos mandatos. Sin embargo, es difícil ser comprensivo con las quejas de los funcionarios de la Reserva Federal de que no tienen suficientes herramientas para lograr todas las cosas que el Congreso quiere que aborden. Mi falta de simpatía viene del papel político que la Reserva Federal juega en la invalidación de programas macroeconómicos alternativos y en la lucha por preservar su dominio en la elaboración de políticas macroeconómicas.

La Reserva Federal es un cabildero por derecho propio, y más influyente que muchos otros porque siembra el congreso con ex-alumnos que nominalmente tienen experiencia económica, pero lo más importante es que han mamado la idiosincrasia de la Reserva Federal. La Reserva Federal tiene un largo, largo historial de llamadas a la austeridad fiscal y de advertencias contra nuestro «problema de déficit a largo plazo». La Reserva puede comenzar a argumentar en favor de compartir el diseño de políticas macroeconómicas más libremente con otras instituciones en cualquier momento.

En términos más generales, otros organismos administrativos tienen que lidiar constantemente con mandatos contradictorios disponiendo de una caja de herramientas limitada. A diferencia de otras instituciones, la Reserva Federal tiene un presupuesto operacional ilimitado que le da mucha flexibilidad para acumular el personal y los conocimientos especializados necesarios para responder a los nuevos desafíos. De hecho, en la coyuntura actual, la idea de una caja de herramientas limitada para que la Reserva Federal lleve a cabo sus acciones es menos plausible que nunca. La Reserva Federal todavía no ha estado cerca de utilizar sus plenos poderes para apoyar los presupuestos estatales y locales. Hasta que no use este poder en todo su esplendor, las afirmaciones de que la Reserva Federal tiene, o pronto tendrá, más mandatos que herramientas no deben creerse a pies juntillas.

Los bajos tipos de interés, una regulación financiera más estricta para preservar la estabilidad financiera y limitar la financiación de proyectos «grises» junto con el apoyo a la política fiscal estatal y local es una combinación de políticas que puede cumplir estos diversos mandatos sin más conflicto que nuestro sistema actual. Si la política monetaria no es muy adecuada para responder al cambio climático y el gasto estatal y local sólo puede ampliarse hasta sus límites actuales, necesitamos un cambio masivo de la formulación de políticas macroeconómicas hacia una política fiscal expansiva. Los defensores de la independencia de los bancos centrales tienen que hacer frente a la contradicción entre pensar que la Reserva Federal es incapaz de responder a las principales cuestiones de nuestro tiempo y que debería ser nuestro organismo administrativo macroeconómico central.

Entonces, ¿por qué importa todo esto? El anuncio de Powell tiene algunas modestas implicaciones para la política monetaria en los próximos años, pero Ip tiene razón al ver que el anuncio es más importante por lo que conlleva. Al decir, en definitiva, que la Reserva Federal se equivocó al aumentar preventivamente las tasas de interés en 2015 y 2016, la Reserva Federal está admitiendo que una gran parte de su marco analítico estaba equivocado. Mientras tanto, los críticos externos como Fed Up, que se centraban en la justicia racial, tenían razón en los méritos en tiempo real. De hecho, había mucho más espacio para que el desempleo medido cayera sin provocar ningún tipo de inflación.

Los lectores pueden no tener un interés social en esta cuestión, pero si usted quiere entender la Reserva Federal, es importante comprender que los críticos externos de la Reserva Federal se han vuelto más y más sofisticados, y que la Reserva Federal se ha inclinado lentamente a escucharlos a medida que los acontecimientos confirman sus argumentos. La política interna de la Reserva Federal cambia a la velocidad de las placas tectónicas. Si una relación clara y vinculante entre el desempleo y la inflación «resurge» en la opinión de los funcionarios de la Reserva Federal, es poco probable que los mandatos impidan que la Reserva Federal aborde agresivamente la inflación. Estamos muy lejos de la frágil institución que Grep Ip teme.

Fuente

Traducción: Iovana Naddim

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