La dialéctica de la crisis capitalista: La ley de la caída tendencial en la tasa de ganancia

Escrito por Andrew Kliman

No hay tiempo para que demuestre lo que voy a decir. Lo que ofrezco es una serie de afirmaciones, no para que uno pueda aceptarlas si parecen tener sentido, o rechazarlas si no parecen tener sentido ––después de todo, lo que parece tener sentido bajo el capitalismo es el sentido común que el capitalismo produce–– sino, como afirmaciones que deben ser rigurosas, lenta y cuidadosamente examinadas, ya sea como rigurosas o falsas.

Quiero comenzar con lo que la ley de la caída tendencial en la tasa de ganancia de Marx no es. No es una ley del colapso del capitalismo. Tampoco es una teoría del estancamiento a largo plazo, en la que el sistema se detiene a medida que la tasa de ganancia desciende cada vez más cercana a cero con el tiempo. Marx negó explícitamente estas ideas, escribiendo que cuando Adam Smith dijo que la tasa de ganancia tiende a disminuir a medida que aumenta la acumulación de capital, se refería a un efecto permanente–– pero se equivocó. “Las crisis permanentes no existen”. Marx también argumentó que la tendencia decreciente de la tasa de ganancia se supera constantemente a través de las crisis económicas.

La teoría de Marx tampoco se reduce a una oscilación indeterminada entre la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, por un lado, y las contratendencias que la elevan, por el otro. Paul Sweezy y Joan Robinson, entre otros, argumentaron que aunque los avances tecnológicos tienden a deprimir los precios, y por lo tanto la tasa de ganancia, estos mismos avances tecnológicos y la caída de los precios también reducen los costos de las empresas ––abaratan los medios de producción–– y por lo tanto incrementan la tasa de ganancia. Así que el efecto neto es indeterminado; todo depende de qué efecto es más fuerte

Marx era bastante consciente de estos efectos contradictorios, pero argumentó que no era una cuestión de “por un lado… por otro lado”. Los teorizó como una unidad contradictoria. En un capítulo de El Capital llamado, significativamente, “Desarrollo de las contradicciones internas de la ley”, argumentó que los opuestos, la tendencia y la contratendencia, se unen para producir crisis económicas. Cuando los medios de producción se vuelven más baratos, se devalúan el capital ya existente, los medios de producción ya existentes. Las empresas que invirtieron en ellas cuando los precios eran más altos sufren pérdidas ––el valor existente se destruye. Las pérdidas deben ser condonadas, cargadas contra ganancias, y esto puede conducir a quiebras, crisis de deuda, quiebras bancarias y otras formas de colapso financiero.

Pero esta destrucción del valor del capital existente, que deprime la rentabilidad actual, es la misma que restaura la rentabilidad futura. Si una empresa está obteniendo una cierta cantidad de ganancias, su tasa de retorno, o su tasa de ganancia, es obviamente mayor si la cantidad de valor que ha invertido en la producción es menor. Y la destrucción del valor del capital existente la hace más pequeña. Así que lo que tenemos aquí no es una teoría del colapso o del estancamiento a largo plazo, y no una oscilación de tendencia y contratendencias, sino una teoría cíclica de la crisis y el auge, de crisis y expansiones recurrentes.

Ahora, por supuesto, la destrucción del valor existente no ocurriría si, a pesar de los avances tecnológicos, los precios no caen. A veces no lo hacen, sobre todo porque una expansión lo suficientemente grande del crédito puede apuntalar los precios o incluso hacer que aumenten. El endeudamiento del gobierno es un factor importante aquí, al igual que las manipulaciones de las tasas de interés por parte de los bancos centrales para aumentar los préstamos de las empresas privadas y de los hogares. Me parece, sin embargo, que esta expansión del crédito no niega la ley de la caída tendencial en la tasa de ganancia de Marx. No niega las tendencias de crisis resultantes. Simplemente las desplaza. En otras palabras, si no siempre tenemos crisis de caída de la rentabilidad y devaluación del capital existente, lo que tenemos son las crisis de deuda y las crisis fiscales del Estado que han llevado al aplastamiento del estado de bienestar. (Vale la pena señalar, por cierto, que en todos los países avanzados, la razón entre la deuda pública y el PIB casi se ha duplicado desde finales de la década de 1970 ––esto no es en lo absoluto un fenómeno específicamente estadounidense).

Así que lo que tenemos aquí no es sólo una teoría de crisis económicas recurrentes, sino una teoría que sugiere que estas crisis recurrentes son inevitables bajo el capitalismo. Los avances tecnológicos en los que se basa todo el proceso son parte integrante del sistema, y la caída en los valores de las mercancías que resulta del progreso tecnológico también es inevitable bajo el capitalismo, aunque esto puede manifestarse en crisis de deuda y fiscales en lugar de una caída de los precios. Marx habló de esta inevitabilidad de la siguiente manera: la verdadera barrera para la producción capitalista es el capital mismo. El sistema está basado en una contradicción irresoluble entre el valor de uso y el valor, entre la producción física y la producción de valor (o riqueza abstracta), entre la expansión cada vez mayor de la productividad física y los colapsos recurrentes en la expansión del valor acumulado que esto genera.

Lo que esto implica políticamente es la necesidad de eliminar la producción de valor. Hay una necesidad subjetiva de eliminarla: el impulso de producir cada vez más riqueza en abstracto, el valor, como un fin en sí mismo, está causando que toda la humanidad y la naturaleza sean subyugadas y puestas a su servicio con el fin de hacer que el valor se “auto-expanda”. Pero también hay una necesidad objetiva de eliminarla: la expansión del valor es un proceso de auto-negación. Los avances tecnológicos adoptados para producir valor conducen, una y otra vez, inevitablemente, a la destrucción del valor, a las crisis económicas. Lo que se necesita es una nueva base para la sociedad, no el objetivo abstracto de expandir el valor como un fin en sí mismo, sino el objetivo concreto de desarrollar las capacidades y poderes humanos como un fin en sí mismo. En El Capital, Marx llamó a esto el verdadero reino de la libertad.

Este es un diagnóstico muy diferente de los problemas, y lo que hay que hacer con ellos, en comparación con lo que uno suele encontrar en la izquierda hoy en día. Escuchamos que los problemas se deben a la mala intención y la codicia de los capitalistas y los líderes de sus instituciones, a las malas políticas, a la mala distribución del ingreso y la riqueza, a la naturaleza competitiva del capitalismo privado y la anarquía del mercado que supuestamente causan crisis de “sobreproducción”. En cada caso, la fuente del problema es siempre otra cosa pero no la producción de valor, y la solución es, por lo tanto, algo muy lejano a la superación de la producción de valor ––democratización de las instituciones financieras internacionales, políticas con visión al futuro, salarios dignos y otras formas de redistribución, y un retorno a la planificación gubernamental y el control de la inversión. Sin embargo, creo que estas soluciones son simplemente incompatibles con el impulso de producir un valor cada vez mayor, y por lo tanto son utópicas, incapaces de realizarse. Creo que el registro histórico muestra claramente que este es el caso. El impulso para producir valor está, por así decirlo, en el asiento del conductor.

Así que creo que la teoría de Marx de la caída tendencial en la tasa de ganancia, y la asociada teoría de la crisis, merecen una atención renovada. Tenemos que estudiarlas cuidadosa, minuciosa y rigurosamente, explorar sus implicaciones, y exigir que se debatan en foros y publicaciones de izquierda junto con el subconsumo, la sobreproducción y otras teorías alternativas de izquierda. Una razón por la que merecen una atención renovada es que pueden verdaderamente servir al movimiento contra el capitalismo global y otros movimientos sociales. Como he sugerido, pueden ayudarnos a evitar algunos diagnósticos gravemente incorrectos de los problemas y advertirnos que no nos inclinemos en molinos de viento.

Creo que otra razón por la que merecen atención es que explican algunos de los principales fenómenos macroeconómicos de nuestro tiempo como un todo coherente. La relación entre la coexistencia de cambios tecnológicos sin precedentes, el desempleo masivo y el subempleo en todo el mundo, la tendencia a la baja de los precios, que recientemente se ha intensificado, las creciente cargas de la deuda pública y privada, las diversas formas de crisis económica y la incapacidad del capitalismo para abolir la pobreza y desarrollar el Tercer Mundo, a pesar de su productividad física sin precedentes.

Son las únicas teorías que conozco que son capaces de explicar todo esto como un todo coherente e integrado. Otras teorías no lo hacen o lo hacen incorrectamente. En particular, la teoría del subconsumo es lógicamente incoherente y otras formas de teoría de la “sobreproducción”, no pueden ya sea explicar por qué hay sobreproducción, o proporcionan explicaciones falsas. Obviamente, estas son afirmaciones que simplemente no tengo tiempo para justificar aquí. Una vez más, las estoy presentando como afirmaciones que la gente necesita examinar rigurosa, lenta y cuidadosamente, y sólo entonces decidir si son verdaderas o falsas.

Sin embargo, hay algunos obstáculos que se interponen en el camino de que las teorías de Marx reciban la renovada atención que creo se merecen. Una es que la gente piensa que no pueden ser importantes porque no han oído mucho sobre ellas, si acaso lo han hecho. Los expertos no las mencionan. Insto a la gente a evitar apelar a la autoridad de esta manera. Todos los expertos pueden estar equivocados, y a menudo lo están.

Un obstáculo opuesto es pensar que las teorías de Marx ya se entienden bien. Mi experiencia es que la comprensión tal como existe es a menudo superficial. En particular, comúnmente se mezclan con una u otra forma de teorías de subconsumo o de sobreproducción, teorías que son muy diferentes, con respecto tanto a sus explicaciones como a sus implicaciones. La especificidad de las teorías de Marx aún no se entiende.

Pero el mayor obstáculo para que se escuchen es el hecho de que esas teorías han sido sistemáticamente suprimidas. Lamentablemente, los principales culpables no han sido los economistas e ideólogos del mainstream, sino los “economistas marxistas”. La crisis económica mundial de mediados de la década de 1970 condujo a un vibrante debate sobre la teoría de la crisis en la izquierda, pero entonces el llamado “teorema de Okishio” fue puesto en marcha y las teorías de Marx casi se perdieron en la historia. Este teorema desarrollado por dos “economistas marxistas” ––Nobuo Okishio y John Roemer–– supuestamente demostró que es lógicamente imposible que la ley de Marx sobre la caída de la tasa de ganancia sea correcta. El progreso tecnológico simplemente no puede hacer que la tasa de ganancia caiga.

Así, la teoría de Marx se mantuvo fuera de las aulas, se ridiculizó dentro de ellas, y la investigación teórica y fáctica basada en ella fue ignorada y a menudo mantenida fuera de las revistas ––todo por razones supuestamente apropiadas e intelectualmente válidas. Después de todo, lo que es lógicamente imposible simplemente no puede ser correcto.

Sin embargo, el teorema de Okishio ha sido refutado, no una vez, sino varias veces, y las refutaciones han resistido la prueba del tiempo. Aquellos que saben admiten, cuando se ven obligados a hacerlo, que de hecho no desmiente la teoría de Marx. Así que no queda justificación para la censura. Desafortunadamente, eso no ha puesto fin a la censura ni a las afirmaciones de que el teorema demuestra que Marx no podía tener razón. El famoso trabajo de Robert Brenner sobre la crisis, publicado hace 5 años, rápidamente se deshizo de la teoría de Marx, de una vez por todas, en una nota al pie de página, invocando el teorema de Okishio. Así tuvimos un ensayo de larga duración sobre la crisis económica, por nada menos que un historiador marxista, y una discusión completamente nueva de la teoría marxista de la crisis que su ensayo engendró, en el que la propia teoría de la crisis de Marx estaba casi ausente.

Y ya el año pasado, la llamada Review of Radical Political Economics publicó un artículo, sin siquiera publicar una réplica, en el que Brenner reiteró incorrectamente que el teorema de Okishio demuestra lo contrario de lo que Marx había argumentado. No estoy tratando de castigar a Brenner personalmente aquí. Es historiador, no economista, y puede que aún no sepa que el teorema ha sido refutado. Pero los editores de la revista que publicaron esta pieza seguramente sabían mejor.

Así que queda mucho trabajo por hacer. Además de interpretar el mundo y cambiarlo de las maneras habituales que uno piensa, tenemos que luchar contra la supresión de las ideas de Marx dentro de la economía, incluida la economía política radical. De lo contrario, podrían perderse en la historia para siempre.

 

Traducido por: Gabriel C. Cabrera

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