"...quizás el grito de un ciudadano puede advertir la presencia de un peligro encubierto o desconocido".

Simón Bolívar, Discurso de Angostura

Un Parto de Montes

Por Freddy Melo

(…) Podía enfrentarme a la insurrección con las tropas leales y ello significaría una guerra civil más o menos larga, fuego y sangre sobre Venezuela, destrucción de vidas y riquezas, atraso, pobreza, desprestigio. Y acaso una intervención extranjera para proteger la seguridad de intereses vitales a la economía mundial; o podía, sacrificando mi persona, reducir al mínimum la conmoción, evitar la guerra, y salvar a Venezuela en todo lo posible del caos que la amenazaba. Isaías Medina Angarita Cuatro años de democracia.

El 18 de octubre de 1945, cuando faltaban apenas seis meses para la culminación del período presidencial, se produjo entre nosotros un cambio aparatoso vendido como revolucionario y de consecuencias a la postre trágicas y negativas, una especie de parto de los montes de alto costo.

Fue derrocado el gobierno del general Isaías Medina Angarita por la acción de un grupo militar que se pretendía progresista y la complicidad de un político falsificador de la historia, que buscaba a como diera lugar abrir cancha a su auto pregonada “vocación de poder”.

Las circunstancias internacionales y el hecho de que el derrocado era un hombre singular, que prefirió sacrificar su posición dentro del aparato de poder a retrotraer a Venezuela a los tiempos en que las diferencias se resolvían con un baño de sangre, favorecieron la aventura golpista.

Tras la muerte de Roosevelt, el ascenso del tendero atomista Harry Truman, el finde la Segunda Guerra Mundial y los primeros atisbos de la “guerra fría” y del “maccarthismo” dentro de los USA, la diplomacia civil usense fluyó hacia la militar y juntos se anudaron con la reacción criolla.

La legalización del PCV, la relación de simpatía de éste con el Gobierno y su influencia creciente en los sindicatos petroleros, así como el establecimiento de relaciones con la URSS, los llenaban de temores. La Ley de Hidrocarburos de 1943, que rescataba la soberanía impositiva del Estado, uniformaba y aumentaba los impuestos y regalías y obligaba a construir refinerías fue un hueso duro que las empresas royeron de mala gana,aunque a cambio recibieron nuevas concesiones. La ley de Reforma agraria, por su parte, enfurecía a los gamonales.

La circunstancia fortuita de la insania mental de Diógenes Escalante, el candidato presidencial de consenso, le abrió al General López Contreras la ambición de regresar a la Presidencia y le permitió a Betancourt sacar un as que venía guardando bajo la manga, a pesar de la búsqueda por parte del gobierno de un candidato alterno que pudiese garantizar el acuerdo unitario, propósito con el cual Medina puso en liza el nombre del Dr. Ángel Biaggini, Ministro de Agricultura.

En este ambiente, Rómulo Betancourt vio la posibilidad de deslastrarse de la acusación de “comunista” que lo acompañaba desde su paso fundador por el Partido Comunista de Costa Rica, abandona el diálogo con el gobierno y establece una alianza con un grupo de jóvenes militares “pundonorosos” que decían pedir reivindicaciones profesionales, con quienes el ambicioso político líder de AD (con dos o tres más de sus íntimos y el hecho cumplido para los otros) echó la suerte al golpe y consiguió terreno propicio.

El retardo en la consagración del sufragio universal, directo y secreto sirvió de principal pretexto para el cuartelazo “revolucionario” de octubre de 1945; pese a que, como ya hemos dicho, esa reivindicación pública ya estaba dispuesta para el siguiente período constitucional (elecciones de 1951).

De hecho, el 13 de septiembre de 1945, Acción Democrática realizó un mitin en el Nuevo Circo de Caracas, en el cual se le exigió al Presidente Medina entregar el poder a un independiente, cuyo papel sería organizar unas elecciones directas para el próximo período presidencial.

El gobierno actuó en forma retardada y sin la efectividad necesaria. El mismo 18 de octubre detuvo e interrogó en el cuartel “Ambrosio Plaza” a los mayores Julio César Vargas y Marcos Pérez Jiménez; quienes, conjuntamente con el Mayor Carlos Delgado Chalbaud, eran los oficiales de mayor graduación en la conspiración.

Previo a la detención de éste último en la Academia Militar, detuvieron al capitán Mario Vargas en la misma institución, lo cual le permitió a aquel percatarse de la situación, convocar a los cadetes a formación y tomar la Academia. Al mismo tiempo, llamó a Maracay para que sus cómplices alzaran los cuarteles de la ciudad. De igual manera, se comunicó con tropas también comprometidas ubicadas en el mismísimo Palacio de Miraflores, lo que le permitió detener a una serie de personalidades, entre ellas el general López Contreras, que se acercaron allí a solidarizarse con el Presidente o a manifestarle que no tenía nada que ver con el movimiento golpista.

Medina se atrincheró en el cuartel “Ambrosio Plaza”. La correlación de fuerzas militares en Caracas le era favorable. Además, contaba con la lealtad de la policía capitalina, al mando del Mayor Santiago Ochoa Briceño, pero al convencerse de que las fuerzas estacionadas en Maracay eran leales a los alzados, prefirió adoptar la decisión arriba indicada. Al mediodía del 19 de octubre mandó a sacar de las celdas a los mayores Vargas y Pérez Jiménez y les entregó el mando.

 

Medina se derrumbó a raíz del alzamiento del 18 de octubre por no creer a tiempo en los informes sobre una conspiración que avanzaba en los mandos bajos y medios del ejército, hasta la categoría de “Mayor” -se dice que la mayoría de la oficialidad comprometida estaba conformada por antiguos alumnos suyos en la Academia Militar; por haberse dividido la lealtad del alto mando entre López Contreras y el propio Medina, debilitando su capacidad de reacción, y por no querer bañar en sangre al país y retrotraernos al período de las guerras civiles -tal y como lo afirma el propio Medina en sus memorias sobre su período presidencial, de las cuales hemos extraído el epígrafe que inicia esta breve reflexión.

Lo cierto es que hubo unidades leales suficientes como para plantearse confrontar a los golpistas.

El enllavamiento de Marcos Pérez Jiménez y Rómulo Betancourt sirvió, a despecho del primero, para marcar la impronta del segundo a lo largo de varias décadas de transcurrir republicano, lo cual constituyó la única y real victoria del “caudillo” adeco y el encrespamiento de su ego –el Napoleón de Guatire–, pero al mismo tiempo la desgracia, para el país, de la contención y aun el retroceso de sus posibilidades de desarrollo autónomo y verdaderamente democrático. Porque Betancourt, como en otra ocasión he dicho, vivió al revés, Midas de la mentira, fingiendo revolución para engañar y enrolar a buena parte del pueblo y con ese “capital” tratar de insertarse, lo cual al fin logró, en el complejo de poder dominante, que supo asimilarlo y extraerle el jugo. Con lo que su “vocación” llegó a ser sólo un hecho ficcional, que sus validos siguen alimentando.

II

El régimen de la “Revolución de Octubre” se desbordó en una balumba demagógica, con la cual suscitó esperanzas internas y exteriores. De hecho, el gobierno estadounidense lo saludó y Nelson Rockefeller se convirtió en su padrino y aprovechado “ayudador”.

Tanta fue su demagogia que hasta Rafael Caldera reconoce que se dejó seducir por sus cantos de sirena: Debo confesar que políticos jóvenes que estábamos en la oposición al Gobierno de Medina, que no auspiciábamos la candidatura del General López y que divergíamos ideológica y prácticamente de Acción Democrática, sin haber tomado la menor participación en el golpe, fuimos atraídos con simpatía por los planteamientos de la Revolución. Los que fundamos el Partido Socialcristiano COPEI, el 13 de enero de 1946, a pesar de nuestra discrepancia con Acción Democrática, invitamos a la lucha “por los legítimos ideales de la Revolución de Octubre”.

 

Para justificar el golpe (la “Revolución de Octubre”, ficción al delirio), fundamentalmente se adujo que era necesario culminar la superación del gomecismo mediante una mayor amplitud política y económica, lo que significaba la eliminación del requisito de ser andino para ser el gobernante de turno; la sustitución del sistema electoral restringido y de tercer grado por la elección universal y directa del Presidente de la República y el Congreso, el aumento de la participación nacional en las ganancias de la industria petrolera, la realización de una reforma agraria antilatifundista y el repudio a lacorrupción y el enriquecimiento ilícito.

Un planteamiento que fue exitoso en cuanto a su carácter encubridor (lahistoriografía tradicional se apoya en él), pero que no resiste el escalpelo de investigadores no comprometidos con los intereses de clases tradicionalmente dominantes.

Un paseo por trabajos, entre otros, de Juan Bautista Fuenmayor, Arturo Cardozo,Domingo Alberto Rangel, Simón Sáez Mérida, Moisés Moleiro y Oscar Battaglini, con bastantes diferencias de enfoque pero sólida riqueza de análisis e información, pone en evidencia la superchería.

La vocifería betancuriana queda desnuda al compararla con sus realizaciones. No superó a Medina ni en respeto cívico, ni en el área del petróleo, ni en materia de reforma agraria. El estatuto petrolero de 1943 era lo suficientemente avanzado para causar la inquina de las compañías y Betancourt no le introdujo cambios reales cuando empezó a despachar en Miraflores.

La ley agraria betancourista fue absolutamente inferior, dejaba campante ellatifundio al remitir la reforma a “tierras de la Nación” y condicionarla a “planes y ordenamientos técnicos”.

La lucha contra la corrupción fue un saludo a la bandera, un brochazo hermoseador y las medidas intentadas al respecto tuvieron un evidente sesgo de retaliación política.

Fue un  acierto de Betancourt haber ganado a dos personajes que la mayoría de los venezolanos de la época amábamos (y creo que seguimos amando): Rómulo Gallegos y Andrés Eloy Blanco, quienes se convirtieron en los símbolos principales de su naciente partido, por lo que contribuyeron a darle credibilidad a su política y a expandir su radio de influencia. Fue bajo la fuerte atracción de ambas figuras que yo, adolescente apureño imbuido de la pasión venezolanista que proyectaban las novelas de Gallegos y la poesía de Andrés Eloy, me incorporé a la Asociación Juvenil de Venezuela, primer esbozo de la futura Juventud de Acción Democrática, y luego a las filas de un partido que juzgaba expresión de una auténtica revolución popular, nacionalista y antiimperialista, como voceaba su falaz propaganda. Sin duda muchos otros llegaron siguiendo ese mismo camino.

En cierta medida, en el trieno 45-48 sólo se puede reconocer saldo positivo, uno, enel área educacional, gracias a la presencia del maestro Prieto Figueroa y su lucha por crear una educación masificada bajo la rectoría del Estado, lo que trajo como consecuencia la polémica con los colegios privados y religiosos, acostumbrados a establecer sus propios programas y normas educativas; dos, en materia de sufragio universal, porque abrió elescenario político a las multitudes: cuestión que iba a venir, como ya hemos visto, a partir de 1951 y que no justificaba una impaciencia que podía arrojar tantos males, como arrojó en efecto. Bajo el betancourismo esta medida fue pasto de una demagogia irresponsable, engendradora de esperanzas que iban al haber del “caudillo” y de ideología desviadora de los caminos revolucionarios.

El clima demagógico hizo que las multitudes estuvieran en la calle alebrestadas y que los sindicatos vivieran un momento de mucha fortaleza. Todo lo cual generó, por un lado, expectativas positivas de que efectivamente se estaba avanzando en una auténticarevolución; y, por el otro, el temor de que el proceso se le escapara de las manos al líder demagogo y sus huestes, pudiendo terminar efectivamente arrasando con el bloque hegemónico.

No obstante, el bloque de poder imperialismo-capital bancario-comercio importador- latifundio, que Medina había desafiado, siquiera con timidez, se consolidó y, pasando por Pérez Jiménez y el cuadragenio “democrático”, sumó al resto de la burguesía para atornillar su dominio explotador… Hasta que llegó la Revolución Bolivariana.

20 de octubre, 2025

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