Hipótesis sobre la pandemia y la crisis capitalista

Al despuntar la tercera década del siglo XXI, una nueva calamidad se cierne sobre la humanidad: la Organización Mundial de la Salud, el 11 de marzo confirmó más de 200.000 casos de personas contaminados con el virus Covid-19 dejando por lo menos 8.000 muertes, declarando que estamos ante una pandemia con consecuencias letales a nivel global. Sin embargo ésta no alcanza los niveles de otras pandemias, pero su acelerada expansión no tiene precedentes por su alto nivel de contaminación.

El origen del  Coronovirus o Covid-19 fue en el poblado de Wuhan en China, desde noviembre de 2019, ya oficialmente el gigante asiático informó que  logró controlar la expansión y abrieron las fronteras de ese poblado, dando de alta a su último paciente- Fue Europa ,entonces, el epicentro de mayor expansión del mal –Covid-19. Pero su virulencia  irradió a los Estados Unidos donde se ha mantenido con las mayores cotas de contaminados hasta la actualidad (agosto 2020) se totalizan en 5.883.467 y 838.000 decesos;a nivel mundial se contabilizan 24,7 millones y es la punta del iceberg, pues hay millares que no entran en las estadísticas.

Las Plagas Históricas

Desde la antigüedad la humanidad ha estado amenazada por plagas virales que han devastado a poblaciones enteras. Así se conoce la peste Antonina, entre los años 165 a 180, cuando el Imperio Romano después de combatir en el Oriente Medio contrae la viruela o sarampión que dejó 5 millones de víctimas de esa infección; o la plaga de Justiniano entre los años 541-542 cuyo saldo fue de 30 a 50 millones de víctimas; se cuenta también con la epidemia Japonesa que entre el año 735 y el 737 cobró un millón de muertes. Pero la que produjo mayores fallecidos fue la llamada Peste Negra (1.347-1351) que dejó 200 millones de muertes en varios continentes; y en Europa, aniquiló entre 30 a 50 % de su población. La viruela, en 1520, un mal que reporta 56 millones de muertes en Europa y Asia; en 1600 perecen 3 millones correspondiente al 90 % de  nativos de América. En el año 1700, comenzó el siglo con la llamada peste que cobró 600.000 muertes en el mundo. En Europa ya en el siglo XIX la peste produce 400.00 muertes por año, y a finales de siglo se reportan de 100.000 a 150.000 abatidos por la Fiebre Amarilla. El Cólera es un mal que aniquila entre 1817 y 1923 alrededor de un millón de vidas. Una tercera peste se da en 1855 ocasionando 12 millones de muertes. La llamada Gripe Rusa (1889-1890) cargó con un millón de víctimas. Terminando la Primera Guerra Mundial -1918-1919- la Gripe Española dejó sin vida entre 40 a 50 millones de habitantes. Ya entrado el siglo XX, se cuentan: la Gripe Asiática con 1,1 millón de fallecidos; otro tanto de igual monto dejó entre 1968 y 1970 la Gripe Hong Kong; y el VIH-SIDA de 1981 a la actualidad ha dejdo de 23 a 25 millones de víctimas.

En el siglo XXI, se reconocen, según Organización Mundial de la Salud: el SARS 770, el virus SARS-COV reportó 770.000 muertes en 2002-2003; la Gripe Porcina con 200.000 decesos entre 2009-2010; el Ébola en el 2014 al 2016 produjo 11.300 muertes y el brote vírico del 17 de marzo de 2020, Coronavirus- COVID-19: es un virus de expansión global intensivo y de fácil contagio, en actual desarrollo.

En torno a éste virus, ya finalizando el octavo mes del 2020 los mayores montos de contagiados- como se indicó anteriormente-  tienen por epicentro la primera potencia económica y militar del planeta, Los Estados Unidos.Con una crisis asistencial que no deja dudas sobre un sistema capitalista en profundo deterioro y demuestra al mundo la inviabilidad generada por el modelo neoliberal impuesto a buena parte del mundo como proyecto económico.  Y pareciera que para sostenerlo se apela a cualquier argucia. Esa es la gran diferencia de esta pandemia con plagas anteriores que no sacudieron los soportes del sistema económico y hoy la perdurabilidad del neoliberalismo como modelo capitalista solo es sostenible con regímenes de fuerza o de factura neofascista.

Así, las hipótesis que salen al debate en torno al Covid-19 ponen en evidencia los intereses ocultos que podrían sacar partido de la coyuntura. Y también, el cómo se genera en la sociedad de hoy un virus de esa magnitud ante el gran avance científico y tecnológico alcanzado, afectando con mayor intensidad a los países capitalistas centrales, lo  que indica, claramente, que la debacle del sistema mundial capitalista realmente existente  esta afectado más profundamente de lo que se creía, pues, los sistemas de salubridad a nivel mundial que dejó el Estado de bienestar después de la postguerra de 1945 se ha venido a menos.

Veamos algunas hipótesis sobre la pandemia y la crisis capitalista.

La Longevidad de la población

Desde los centros de poder del capitalismo, Estados Unidos ha sostenido una invariable política neomaltusiana, orientada a reducir la población más longeva, por los gastos clínicos que ocasionan a las empresas y, por supuesto, con la consiguiente merma de la ganancia del capital. “Hay que tomar medidas para la reducción demográfica del globo terráqueo, aun en contra de las respectivas poblaciones. La reducción del índice de natalidad ha sido un fracaso. Por eso tenemos que aumentar las tasas de mortalidad por medios naturales, por el hambre y por la inoculación de todo tipo de enfermedades”. Esta afirmación de Robert Mac Namara,  de quien fuera Secretario de defensa de John F Kennedy y de Lindon B. Johnson (1961-1968)  de: “aumentar la tasa de mortalidad”, expresa una concepción neoliberal que con contumacia los poderes imperiales han asumido como tesis. Ya en 1960 lo implementaron para el llamado, entonces, mundo subdesarrollado (Suramérica, Asia y África). Siendo Mac Namara, Presidente del Banco Mundial (1968-1973) esa tesis del capitalismo devino en política de esos organismos. Actualmente, desde la dirección ejecutiva del Fondo Monetario Internacional y, ahora, en la presidencia del Banco Central Europeo, la Señora Christine Lagarde (noviembre/2019) espetó- con crudeza- en su discurso semestral: “es necesario que se recorten las prestaciones y retrase la edad de jubilación ante el riesgo de que la gente viva más de lo esperado”, es lo que llama el español José Viñals “el coste del envejecimiento”. El cual se incrementaría cada tres años y para el 2050 representaría en los países industrializados un aumento del 50% del PIB de 2010. Y consideran esos organismos imperiales que ello amenaza la sostenibilidad y las finanzas de las entidades públicas y privadas, o sea, gobiernos, empresas, aseguradoras. En una palabra, vivir más es una amenaza al capital, a la acumulación. Es decir, a quienes no pueden seguir extrayéndole ganancias al trabajo socialmente productivo y su añadido, el trabajo excedente (no pagado o plustrabajo). ¿Es posible que desde el poder financiero global se auspicie una eliminación de los adultos mayores por no ser productivos? Hipótesis que está por comprobarse, pero la tesis la sostiene el sistema financiero imperial globalizado. Christine Lagarde dixit: “es un riesgo para la economía global, tenemos que hacer algo y YA”.

 Covid-19 y la Guerra Bacteriológica

Acerca del origen del virus COVID-19, que es considerado una variante con mutaciones del SARS, hay diversas y encontradas opiniones o hipótesis sobre su generación y los intereses que en torno a ella se producen, para bien o para mal. Así pues, Una posición concuerda con ésta tendencia: expresadas en serias referencias  académicas, formulando que en los centros financieros mundiales, instituciones académicas, bancos, sectores de Naciones Unidas y financistas de prestigio avanzan en encontrar salida al incontrolado crecimiento de la población mundial. Así,en la tranquilidad de un apacible otoño, en un día cualquiera como el 18 de octubre de 2019 se efectuó en New York una conferencia llamada “Evento 201”. Se trataba  del simulacro de una pandemia generada por el coronavirus; el impacto y las consecuencias económicas y sociales que afectarían  la economía mundial. Los intereses de las corporaciones farmacéuticas y los laboratorios de biogenética están compitiendo acerbamente en la búsqueda del antídoto apropiado.

El cuadro contrastado con lo ocurrido desde marzo 2020 – cinco meses después- denota que el covid-19 se presenta como un virus manipulado en el campo de la biotecnología. Podría entonces admitirse que se trata de un bioterrorismo promovido para lograr cambios en la economía mundial y  disminuir la población adulta mayor, de acuerdo a los intereses de las corporaciones y el globalismo financiero. Esto es un marco hipotético que podría confirmarse en un futuro próximo. No obstante, la pugna por la hegemonía mundial en este nuevo contexto económico capitalista en profunda crisis, podría justificar y precipitar  –desde la perspectiva de los poderes mundiales imperiales y ante la emergencia de un bloque multipolar y policéntrico que cambiaría la correlación geopolítica global–, una salida inusual y no convencional, que permitiría contener el desarrollo asiático y la competitividad militar rusa. Ese es un escenario que está en pleno auge en la confrontación mundial presente, y depara contradicciones clasistas profundas en la esfera de los poderes globales que pugnan por hegemonizar en la coyuntura  del complejo sistema mundo en el capitalismo real.

La economía del mundo en jaque

Pero como nunca antes, el COViD-19  afecta la salud mundial severamente, más por su rápida expansión que por la población fallecida, en comparación con las pandemias anteriores.

Lo que resulta novedoso en este brote viral es el impacto perturbador en la economía   mundial por el carácter global e interdependiente en que ha devenido el sistema capitalista que lo direcciona. En efecto, los pronósticos de los centros económicos mundiales están en alerta permanente. El sacudón más grave se percibe en el Dow Jones que ha perdido 20.000 puntos enlos primeros meses del 2020, una caída de 6,3% cerró por debajo, lo que no ocurría desde 2017. Incierta perspectiva en Wall Street. Tiemblan los capitalista ante la inseguridad y la aceleración de la tasa decreciente de la ganancia.

El FMI anuncia una ralentización del crecimiento global en 2020 por debajo del nivel del 2019. Ello se explica porque China hoy día representa el 39 % de empuje en la economía mundial. Y la confrontación CHINA-EE.UU., pese a la frágil tregua no logra amainar la inestabilidad del sistema. De tal modo el Covid-19 .según el Fondo Monetario Internacional (FMI): “ha paralizado la economía y sus impactantes expectativas que se avecinaban”. El mercado financiero mundial, las commodities, entre ellos, el petróleo, sus precios fluctúan a la baja por la querella Rusia- Arabia Saudí; a las contradicciones EE.UU.-China por su competencia en torno al comercio mundial o la rivalidad por las tecnologías del 5G y los micros chips o las diferencias por los aranceles punitivos de Donald Trump presagían desacuerdos insolubles. Ahora todo se complica con la paralización de la producción China y su impacto en el mercado mundial ya se resiente.

Los análisis más acuciosos de Oxford Economics o de Bloomberg Economics coinciden en que la caída del PIB Chino en 2020 se colocará en 5,4% o 4,5 % frente al 6 % previsto. Lo que implicará en la economía mundo 0,25 a 0,40 % puntos menos de crecimiento. Según el FMI la economía global crecerá 3,4% en 2020, o más a la baja anuncian otros. En tanto EE.UU., no presenta perspectiva de un mayor crecimiento más allá de 2.3 % de su PIB. Su expectativa es a impedir el reflote de China en el liderazgo del comercio. Situación de China con el Coronavirus-Covid-19 y su ralentización afectará a Hong Kong, Corea del Sur, Vietnam, Brasil, Australia, Indonesia y Japón. Un verdadero cuadro desolador para el capital globalizado.

La economía mundial se muestra en inestabilidad y expectante ante el ataque viral del Covid 19 y su arrastre devastador.

En efecto, en relación al plano geopolítico se mueven soterradamente las rivalidades por la hegemonía mundial en la afectación de la pandemia del COVID-19. La agudización de la crisis del capitalismo financiero global –presente antes de la pandemia–  asume una escala mayor con las contradicciones que el huésped de la Casa Blanca  detona con su política  “America First”. El nacionalismo industrial de Trump contrasta con las tesis de la plutocracia financista global y los grandes capitales transnacionales. En el plano doméstico, entra en querella con los demócratas que bajo la sombra se vinculan con el poder financiero global y sus lazos e intereses con la City financiera de New York, dominado por Wall Street. Externamente, desata un inusual criticismo a los núcleos de poder de la OTAN, con profundas diferencias con Alemania y las ya consabidas fricciones y reservas políticas con el presidente francés Emmanuel Macron. Sus dos contrincantes más fuertes –Rusia y China—que sostienen visiones divergentes al poder norteamericano, con su particular  adhesión a la multipolaridad y el policentrismo, han sido el  caldo de cultivo de la diplomacia punitiva de sanciones y aranceles  de la pugnaz política del inefable Trump.

Estos desencuentros incentivarían que el poder financiero global, propiciaran la depresión en un marco recesivo en la economía norteamericana para socavar la reelección de Trump. Fracasado  el Impeachment, optarín por una guerra bacteriológica, presumiblemente para impedir un segundo período. El coronavirus ha generado pánico en las grandes corporaciones y finanzas globales  con la caída de la bolsa en Wall Street. Así, los grandes medios ligados a estos intereses niegan empecinadamente que el coronavirus se vincule a una agenda de guerra bacteriológica. Pero la duda es por la desconfianza en el tendencioso manejo de la información de esas cadenas  mundiales. Todo ello presenta un terreno hipótetico solo comprobable en el futuro próximo. Sin embargo, hay un campo complejo y espinoso para el imperialismo norteamericano: cómo poder explicar ante el mundo a lo que podría exponerse si la correlación geopolítica le es adversa al pretendido “gendarme mundial” estadounidense, que  se niega a ceder ante su desvaneciente hegemonía. La historia del imperialismo norteamericano es una historia de agresiones contra los pueblos del mundo, y éstos lo saben y  lo creen capaz de cualquier barbaridad por mantener su hegemonía mundial.

 

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