"...quizás el grito de un ciudadano puede advertir la presencia de un peligro encubierto o desconocido".

Simón Bolívar, Discurso de Angostura

La Junta de “Paz” de Trump: Multimillonarios, Compinches y Genocidas

Por Ali Abunimah/ Diario Red/23-01-26

La perpetración del genocidio por las potencias genocidas occidentales, por el Estado terrorista israelí y por el resto de países vasallos capitaneados por Estados Unidos, continúa su monstruosa comisión de crímenes de lesa humanidad constituyendo una Junta de Paz aberrante, que retrotrae a la comunidad internacional a las formas más abominables y abyectas del colonialismo racista, el imperialismo genocida y el derecho nazi

Uwais Hammam, de 18 años, oriundo del pueblo de Khirbet Bani Harith, es atendido en el Complejo Médico Palestino de la ciudad cisjordana de Ramala tras haber sido secuestrado y agredido por colonos y soldados, lo que le causó graves lesiones, el 6 de diciembre de 2025. Durante el ataque, le apuntaron con una pistola cerca de la oreja y le dijeron que iba a morir – Faiz Abu Rmeleh / ActiveStills.

Uwais Hammam, de 18 años, oriundo del pueblo de Khirbet Bani Harith, es atendido en el Complejo Médico Palestino de la ciudad cisjordana de Ramala tras haber sido secuestrado y agredido por colonos y soldados, lo cual le causó graves lesiones, el 6 de diciembre de 2025. Durante el ataque, le apuntaron con una pistola cerca de la oreja y le dijeron que iba a morir – Faiz Abu Rmeleh / ActiveStills

Ali Abunimah

23/01/26 | 6:00

Donald Trump está promocionando con ahínco una nueva marca, su denominada Junta de Paz, como si este nombre orwelliano pudiera ocultar la realidad del genocidio israelí respaldado por Estados Unidos, que se está produciendo en Gaza, y el caos y el conflicto que el presidente estadounidense está propagando por todo el mundo, de Venezuela a Groenlandia e Irán. La Casa Blanca está promocionando este monstruo como un mecanismo para «movilizar recursos internacionales y garantizar la rendición de cuentas a medida que Gaza pasa del conflicto a la paz y el desarrollo». Pero no es más que otra vulgar estafa que invita a jugar un juego trucado en la que Trump reclama el cargo de presidente vitalicio. La carta de invitación y el borrador de los estatutos establecen que los Estados miembros tendrán un mandato de tres años a menos que entreguen 1000 millones de dólares para obtener la condición de miembros permanentes.

Junta de depredadores

La Casa Blanca afirma que ya se ha constituido una «junta ejecutiva fundadora», repleta de compinches de Trump, financieros multimillonarios y ultrasionistas, entre los que se encuentran el secretario de Estado Marco Rubio, el enviado presidencial Steve Witkoff, el promotor inmobiliario y yerno de Trump Jared Kushner, el mundialmente denostado y vilipendiado exprimer ministro británico Tony Blair, el presidente del Banco Mundial Ajay Banga y Marc Rowan, director ejecutivo del fondo de capital riesgo Apollo. Rowan ha calificado al recién investido alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, de «enemigo» de los judíos por criticar a Israel. Este panorama es un buen indicador de la imparcialidad que pueden esperar los palestinos. También existe una «junta ejecutiva» de Gaza y un «alto representante» independientes, estructuras manifiestamente coloniales, que recuerdan a los días de los mandatos de la Sociedad de Naciones.

La Casa Blanca también ha afirmado que el general estadounidense Jasper Jeffers ha sido nombrado comandante de la denominada Fuerza Internacional de Estabilización para «establecer la seguridad, preservar la paz y crear un entorno duradero libre de terrorismo». Por supuesto, «terrorismo» es una referencia a la resistencia palestina, no al genocidio israelí. Esta fuerza, cuya composición sigue siendo un misterio, «dirigirá las operaciones de seguridad» y «apoyará la desmilitarización integral», según la Casa Blanca. La única participación palestina en todo esto es un comité «tecnocrático» cuidadosamente seleccionado, dirigido por Ali Shaath, un antiguo funcionario de la Autoridad Palestina con sede en Ramala. Se supone que debe gestionar los asuntos de Gaza bajo supervisión colonial externa.

Esto parece una versión aún más degradada de los Acuerdos de Oslo de 1993, que establecieron la Autoridad Palestina como un organismo para colaborar con Israel contra cualquier resistencia palestina a su ocupación y apartheid cada vez más intensos.

Campos de concentración dentro de campos de concentración

Mientras tanto, hay señales ominosas de que Israel, sin duda con el pleno respaldo estadounidense, se está preparando para crear campos de concentración para la población palestina en Gaza. O, dicho más exactamente, campos de concentración dentro de un campo de concentración.

Drop Site News y el grupo de investigación Forensic Architecture informaron esta semana de que «Israel está acabando de demoler una zona estratégica de Rafah, en el sur de Gaza, compactando el terreno y retirando los escombros de un modo que sugiere, que se está preparando esa área para la construcción de nuevas infraestructuras residenciales». «La ubicación se encuentra en el extremo norte de la ubicación de lo que el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, anunció por primera vez en julio que sería una “ciudad humanitaria”, que acabaría albergando a la totalidad de la población de la Franja de Gaza», afirma el informe.

Los regímenes árabes proporcionan cobertura

Entonces, ¿cuántos países se han unido a la Junta de Paz de Trump? De acuerdo con la información disponible, Trump ha invitado en torno a cincuenta países a unirse a la misma. La Casa Blanca afirma que se espera que treinta países lo hagan, pero no ha proporcionado más detalles al respecto. Uno de los líderes que ha aceptado la invitación no es otro que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, un fugitivo del Tribunal Penal Internacional acusado de cometer crímenes contra la humanidad.

Netanyahu ha ordenado y presidido la matanza de al menos decenas de miles de palestinos en Gaza en el genocidio en curso, ha iniciado una guerra de agresión no provocada contra Irán y continúa ocupando y bombardeando Siria y Líbano. Netanyahu también ha asesinado al primer ministro y a altos cargos del gobierno de Yemen. El gobierno de este genocida acaba de confiscar y demoler la sede de la UNRWA, la agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos, en la Jerusalén Oriental ocupada. Realmente es difícil encontrar palabras para expresar lo grotesco que es todo esto.

En una declaración conjunta efectuada este miércoles, Egipto, Jordania, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Turquía, Pakistán e Indonesia anunciaron, que aceptaban la invitación para unirse a la Junta de Paz y reafirmaron su apoyo a lo que describieron como «los esfuerzos de paz liderados por el presidente Trump». Ahora, presumiblemente, se sentarán a la mesa con el fugitivo Netanyahu.

Otros países que, de acuerdo con la información disponible, han aceptado la invitación de Trump son Armenia, Marruecos, Vietnam, Bielorrusia, Hungría, Kazajistán y Argentina. Pero también ha habido una cierta resistencia. Francia ha rechazado la invitación, advirtiendo de que la junta podría sustituir a las Naciones Unidas, aunque queda por ver qué pérdida supondría esto, dada la ineficacia en la que ha caído el organismo mundial. Trump en todo caso ha amenazado con tomar represalias contra Francia, consistentes en la imposición de aranceles del 200 por 100 sobre sus vinos. Noruega y Suecia también han rechazado o afirmado, que no se unirán tal y como están las cosas actualmente. Otros países, incluido Canadá, se han mostrado cautelosos, tal vez con la esperanza de evitar la ira del rey loco de Washington.

Lo que está claro, como suele ocurrir tan habitualmente, es que lo que comienza en Palestina nunca se queda allí: los bestiales experimentos de crueldad humana cometidos por Israel pueden comenzar en Gaza o en la Cisjordania ocupada, pero rápidamente se convierten en modelos para todo el mundo. Lo mismo ocurre con esta Junta de Paz, que Trump y sus cómplices aparentemente esperan utilizar para imponer su voluntad en otras partes del planeta.

Lo que hace que todo esto sea todavía más alarmante es la complicidad o, en el mejor de los casos, la negligencia de la que hacen gala las que quizá sean las únicas potencias que podrían plantar cara eficazmente a Washington. Rusia y China, que habitualmente afirman defender el sistema internacional contra el caos provocado por Estados Unidos, se negaron a vetar la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU, el marco que permitió a la Junta de Paz de Trump seguir adelante bajo un fino velo de legitimidad internacional. Al optar por la abstención, le dieron a Washington la cobertura que ansiaba. Su inacción, enmarcada como una muestra de pragmatismo diplomático y una respuesta a las súplicas de los títeres regionales de Estados Unidos, ha contribuido a blanquear un aparato genocida como respuesta internacional colectiva.

En este momento, la esperanza más cabal para detener esta locura es que la creciente agresividad y las duras amenazas de Trump proferidas contra los vasallos y aliados de Estados Unidos alejen a suficientes países de su órbita como para hacer fracasar todo el proyecto. La pregunta entonces es si el resto de países de la llamada comunidad internacional –países que aún afirman defender el derecho internacional, pero que se han acobardado ante Estados Unidos– están dispuestos a cumplir con su obligación legal vinculante a tenor de la Convención sobre el Genocidio de detener la máquina de matar israelí alimentada por Estados Unidos. Nada de lo que hemos visto desde que comenzó el genocidio nos da muchas esperanzas de que esto vaya a suceder.

 

Recomendamos leer Huda Ammori, «Palestine Action: sabotaje a la industria bélica israelí», Craig Mokhiber, «El inicio de la era de la impunidad: Venezuela, Palestina y el fin del derecho internacional» «Cómo el mundo puede enfrentarse al mandato colonial inaceptable en Gaza del Consejo de Seguridad de la ONU» y «La ONU abraza el colonialismo: análisis del mandato del Consejo de Seguridad para la administración colonial estadounidense de Gaza»; Tariq Ali, «Guerra sin fin en Palestina», Raymond Geuss, «La política de la impunidad de Israel», «La historia de los vencedores» y «Galia y Gaza», Michael Arria, «Veinte años de BDS: entrevista con Omar Barghouti, cofundador del movimiento» y Frédric Lordon, «El sionismo y su destino», todos ellos publicados en Diario Red. Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Informes de la Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Francesca Albanese, «Anatomía de un genocidio» (2024) y «De la economía de la ocupación a la economía del genocidio» (2025) y «Gaza Genocide: a Collective Crime» (2025). Ilan Pappé, «Fantasías de Israel. ¿Puede sobrevivir el proyecto sionista?» y «El colapso del sionismo», El Salto.  Antony Loewenstein, El laboratorio palestino (2024). Baruch Kimmerling, Politicidio: La guerra de Ariel Sharon contra los palestinos (2004).

Este artículo se ha publicado originalmente en The Electronic Intifada y se publica aquí con consentimiento

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