Jorge Rodríguez, un clavel rojo que se mantiene en batalla

Escrito por Alirio Liscano

“Maestro, ya solo falta que nos maten”

Dos testimonios sobre el Maestro Jorge Rodríguez  Esto ocurrió a mediados de 1971. Lo esperé en la Plaza Andrés Bello, en la avenida del mismo nombre, llegó en la Brasilia Azul su carro habitual,  lo estacionó cerca, atravesó la explanada y se acercó.

En el entorno estaba el Edificio Las Fundaciones Eugenio Mendoza, luego el Hospital Ortopédico Infantil del mismo conjunto y por el frente, del otro lado de la calzada doble canal, permanecía aún la famosa empresa yanqui Sears & Roebuck.

Me costaba mucho separarme de Jorge. Yo me había casado en Mérida y mi noble mujer había aceptado acompañarme para continuar el combate en Caracas. Maestro, “he decidido regresarme definitivamente a Mérida”, fueron mis primeras palabras esa mañana.

Jorge  me escuchó atento. Tú sabes que en Mérida tengo alternativas, aquí estamos sin “conchas”, sin carros, sin armas, hace poco tuviste que mudarme a otra casa en tu camioneta, cada día es más difícil preservar la vida, “ya sólo falta que nos maten maestro”.

Mi tono, seguro, fue conmovedor. Jorge guardó silencio. Un mes antes, yo había enviado mi mujer con mi bebé a Mérida, a la familia de ella. Mi suegro andino, había terminado “arreglándose” conmigo,  un “comunista” que él nunca se imaginó iba a quitarle la “muchacha”. Bueno, el nieto resultó ser un argumento sumamente poderoso.

Ciertamente, meses antes, Jorge me había trasladado de una “concha” ubicada por Los Molinos, en las adyacencias de la Avenida San Martín, hasta una casa en San Bernardino, por los alrededores del Mercado Guaicaipuro, en donde conversábamos ahora.

Quiero resaltar la valentía y calidad amorosa de Jorge Rodríguez, porque me siguen doliendo mis palabras. La crisis revolucionaria nos llevó a una postración tal que resultaba relativamente más fácil ser guerrillero en el campo que ser cuadro político-militar en la ciudad, en donde andábamos los cuadros “resteados” que comandaba Jorge Rodríguez.

Jorge Rodríguez fue un adelantado de la Revolución Bolivariana.

Fueron miles las víctimas de las masacres y cacerías individuales de la IV República. Asesinatos horrendos fueron los de Fabricio Ojeda, Alberto Lovera, Félix Farías, Vera Betancourt, Márquez Finol, González Heredia. Y el de Jorge Rodríguez

El Puntofijismo fue diezmando progresivamente a los sectores revolucionarios más comprometidos, lo que se facilitaba por la fractura de las formaciones en armas. Y revertiendo ese cuadro, estaba germinando entre nosotros, por aquellos días, la Organización de Revolucionarios (Or), que se convertiría en la Liga Socialista, liderada por Jorge Rodríguez, Julio Escalona y Fernando Soto Rojas y legalizada en 1973.

Vaya otro testimonio sobre el Maestro Jorge. Yo me fui a Mérida, dije, definitivamente, a mediados de 1971, pero en 1968 fui designado para acompañar a Jorge a la última reunión del Comando Nacional del MIR en las montañas del Estado Lara.

Allí se encontraban, entre otros, Simón Sáez Mérida, Lino Martínez Salazar, Héctor Pérez Marcano y “el negro” Marcos Gómez, quien se trasladó camuflado desde las selvas orientales. No recuerdo exactamente si en la reunión estaba presente Carlos Betancourt, quien había tenido experiencia guerrillera por allá por el estado Lara.

El Comando Nacional de Emergencia del Mir en 1968, fue una “emergencia”, un intento final desesperado por salvar la unidad del partido, lo que explica la presencia allí de líderes prominentes de las corrientes en pugna.  No obstante, las tres tendencias estaban en líneas de separación prácticamente irreversibles: la OR, Bandera Roja y el MIR de 1960. La ruptura se consumó en 1970 pero en 1968 ya estábamos en el camino sin retorno.

He querido recrear este escenario porque en este encuentro diverso, con cortina vegetal de helechos y musgos como telón de fondo, Jorge brilló con destellos incomparables. En esta reunión contradictoria, se manifestó la firmeza, capacidad e inteligencia del líder revolucionario. Aquí en su natal Lara, Jorge reafirmó al capitán  izquierdista que en el Consejo Universitario de la UCV había ganado batallas imposibles, con su análisis agudo, su discurso hilvanado  y su poder de convicción.

Esta es una de las estampas de Jorge que conservo más vivamente en la memoria. Este era Jorge Rodríguez levantando vuelo como jefe revolucionario luminoso. Este era ya, el hombre que años después, en 1973, iba a conducir triunfalmente a la Liga Socialista.

Un recuerdo para el maestro Jorge Rodríguez (1942-1976), líder fundador de la Liga Socialista, dijo Fernando Soto Rojas. Los muertos que vos matasteis gozan de buena salud, agregó José Vicente Rangel.  Y Jorge Rodríguez, Nuestro Maestro, acotó Ángel Salazar.

Una lágrima de dolor nos cruza el alma en medio del huracán revolucionario y un grito del socialismo se conquista peleando lanzamos a nuestro pueblo con Jorge Rodríguez.

Honor y Gloria a Jorge Rodríguez, héroe  sin final de la revolución venezolana.

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