"...quizás el grito de un ciudadano puede advertir la presencia de un peligro encubierto o desconocido".

Simón Bolívar, Discurso de Angostura

Asalia Venegas y todas las mujeres del mundo

Valera era aún un pequeño y remoto pueblo en 1950 cuando vio nacer a la cuarta hija en una familia de 12 hermanos. Carlos Venegas y Blanca Simancas, originarios de Escuque, decidieron bautizar a la pequeña, Asalia. Con una pequeña variación ortográfica, y sin mucho énfasis científico seguramente, escogieron el nombre en honor a una bella flor de pétalos perennes y que contra viento y marea, contra todo pronóstico, crece en suelos ácidos.

Y pudiera parecer casual, pero es una definición perfecta para Asalia Venegas: una luchadora perenne que siempre avanza contra viento y marea. Como la más firme de las ceibas, se mantiene en pie con sus ideas y convicciones bien plantadas.

Como una excelente forma de conmemorar el Día Internacional de la Mujer y también como un humilde tributo decidí escribir sobre ella no solo porque encarna todas las luchas de las mujeres, sino también porque es mi madre.

Todos quienes me conocen saben que recibí de ella –y de mi padre- una formación sólida, cálida y humana. Me enseñaron a creer con pasión, a luchar con firmeza y a caminar con honestidad siempre de la mano. Y, además, en un humilde hogar donde nunca faltaron los rostros de Bolívar, el Che, Fidel y hasta Marx.

Sin embargo, a diferencia de lo que muchos piensan, mamá Asalia nunca me dio formación ideológica alguna. Jamás se sentó a explicarme qué ocurrió en octubre de 1917 en Rusia, quiénes eran los bolcheviques, qué significaba ser de izquierda o por qué luchaban contra la derecha.

En vez de eso, decidió hacer algo mucho más efectivo: enseñarme con el ejemplo. Y con un solo ejemplo me enseñó todo lo que necesitaba saber para entender el feminismo:

En diversos ámbitos mis padres son conocidos. Resalto el docente, periodístico y político. Mi papá se hizo conocido por su faceta literaria y periodística y, en algún momento olvidado, en algún rincón no divisado, un amigo los presentó.

– Este es Earle Herrera…y ella es la esposa de Earle Herrera.

Y la respuesta de Asalia fue precisa y contundente.

– Mi nombre no es “la esposa de Earle Herrera”, me llamo Asalia Venegas.

¡Ya entiendo!, fue lo primero que pensé. No recuerdo qué edad tenía yo, pero era un niño aún. Sin embargo ese día entendí la esencia y el meollo de las luchas feministas.

No voy a revelar detalles sobre el pasado de mi madre, pero quien la conoce sabe todos los pasos que ha dado con el feminismo. Asalia Venegas se siente y es todas las mujeres del mundo. Y desde su trinchera siempre ha luchado por lograr esa igualdad que tanto necesita este mundo. Y para reforzar su misión formó su familia en un hogar de puros hombres (dos hijos y mi padre).

Sin haberse sentado a enseñarme ningún principio feminista, nada más ese día que pronunció su nombre y lo antepuso a una definición de propiedad, entendí el papel de ella en mi casa, en la universidad, en el ámbito profesional, en el mundo, pues. Por supuesto, aún me queda mucho por aprender.

Y no en vano, se sumó a las filas de la Revolución que lideró el primer y único presidente de este país que ha hablado de feminismo y de la mujer como base fundamental para una sociedad más justa: Hugo Chávez.

Bien lo plantearon Engels y Marx: no puede haber una plena emancipación de la sociedad si no existe la igualdad entre ambos sexos. Han pasado un poco más de 100 años desde que se declarara esta fecha en la segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague y aún falta mucho para alcanzar ese estado. Ojalá algún día podamos lograrlo. Mientras, vaya mi reconocimiento a todas las mujeres luchadoras y trabajadoras, en su día y en cualquier día.

 

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